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Martes, 25 Mayo 2021 14:16

¿De qué caráspita están hablando? - Por Carlos Berro Madero

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“Si te enfermas viendo lo que hacen y dicen algunas personas, nunca pierdes el recurso de mover tus pasos en otra dirección” - Elwyn Brooks White, escritor y ensayista estadounidense

La facilidad con que un poder despótico ha podido reducirnos a la servidumbre, y la ausencia de reacción que hemos mantenido durante años frente a un atentado contra nuestros derechos naturales, son difíciles de comprender, porque la verdad es que hemos llegado a un escenario donde algunos individuos tratan a otros como si fueran subhumanos.

Forman parte de un régimen abusivo, opresor y tramposo, que persigue anular una energía vital imprescindible, para desembarazarnos de una casta siniestra –digámoslo de una buena vez-, aferrada a una charlatanería que describe una supuesta contribución a conquistas sociales arcaicas, condenándonos a quedar presos del azar de sus especulaciones políticas.

Decididamente, somos un país donde habitan seres delirantes que medran con la política, se visten a la moda, compran automóviles de alta gama y viven como “pashás”, difundiendo, como un mantra, estadísticas falsas que pretenden confirmar sus objetivos de perpetuarse en el poder, para obligarnos a vivir según reglas probadamente ineficientes.

¿Es posible que haya quienes creyeron por un instante que Alberto Fernández “licuaría” a los fanáticos cristinistas que estaban al acecho esperando para tomar por asalto al Estado?

¿No resultaba evidente que un multifacético arribista y hablador compulsivo, (egresado de la misma escuela de oratoria “imperial” en la que abrevó Cristina), no sería más que una nueva farsa “delegada” de un movimiento ideológicamente fallido, y jamás podría sacarnos de una acelerada decadencia que nos duele hasta en los huesos?

Con él podríamos usar, sin duda alguna, una metáfora de Abraham Lincoln sobre los gatos: “¿Cuántas patas tiene un gato si consideramos a la cola como si fuese otra pata?”, se preguntaba. “Siempre cuatro. Porque llamar cola a una pata no la convierte en pata” (sic).

Lo cierto es que no hemos acertado a rebelarnos cívicamente para contrarrestar una propaganda colosal y escandalosa que ha terminado llevando a la ruina a toda la sociedad, al punto que no llega a verse de qué manera podremos salir de un magma gelatinoso que hoy nos envuelve y paraliza, donde un 50% de pobres nos rodean como moscas, cual émulos de los protagonistas de la serie televisada “The Walking Dead”.

En Francia suelen usar una expresión de rico contenido para iniciar un desguace “desde afuera” de gobiernos que practican conductas extorsivas y autoritarias cuasi mafiosas: “entrar en resistencia”.

Para ello hace falta que nos movilicemos todos, HACIENDO CADA UNO LO QUE MEJOR SABE HACER EN EL TERRENO QUE LE SEA POSIBLE, rechazando enérgicamente a quienes nos quieren llevar a la ruina para quedarse en el poder para siempre.

Porque estamos presos de un nacionalismo fascista que ha generado en todas partes del mundo los mismos problemas, aunque con mayor aspereza en los países más pobres. Esto es lo que ha edificado el peronismo, hoy kirchnerismo: una sociedad repleta de individuos sometidos mediante dádivas “selectivas”, para mantenerlos “dormidos”.

Destruyeron la educación. Fomentaron el “apriete” de las corporaciones de tercer grado -sin rango constitucional-, sobre nuestras libertades, dejaron que la droga y el narcotráfico se hayan enseñoreado en la sociedad penetrando en los barrios humildes (¿compartiendo su usufructo?); bien lejos, por supuesto, de las mansiones donde viven apoltronados estos farsantes de la política, a quienes vemos cada día más gordos y abotagados, alzando su dedo índice para enrostrarnos que “tenían razón” (Alberto F. dixit) cuando nos advertían mediante sus paparruchas discursivas cuál sería nuestro futuro de no aceptar ciertas máximas oxidadas, pretenciosas y vacías de contenido.

¿Somos plenamente conscientes de que esto, palabras más, palabras menos, es lo que ha ocurrido, mientras, de algún modo, hacíamos la “plancha”?

Porque en el interregno, solo han aumentado algunos “trabajitos” artificiales proporcionados por el gobierno nacional, los municipios y las provincias, llenando su plantilla oficial con cargos de pacotilla, como – para decirlo humorísticamente-, “Asesor a cargo de la Investigación sobre la Contaminación de Napas Freáticas en la Localidad de (tal)”, otorgando el puesto a quienes en muchos casos no han terminado siquiera su educación primaria.

Esto les ha servido para asegurarse una sumisión estimulada por estos “puestos de trabajo” (¿), a ser ejecutados en muchos casos en instalaciones donde no caben físicamente los designados, por carecer de sillas y/o escritorios para sentarse a escribir sus eventuales “recomendaciones”; lo que ha sido una excelente oportunidad para que los nuevos incorporados al carro del Estado -bajo cualquiera de sus formas-, presten otros “servicios”: recorrer barriadas humildes y repartir boletines de “inclusión” al partido gobernante, con fotos en colores de sus “verdugos” sonriendo, o tortas fritas, o subsidios de cualquier tipo.

Parece una ironía que intenten convencernos de que la escasez de trabajo es meramente accidental, exigiéndonos paciencia y comprensión, mientras condenan de mal talante nuestra supuesta ingratitud por desconocer todos los esfuerzos que hacen “por el pueblo” (¿), que los ha visto enriquecerse escandalosamente durante años como si tal cosa.

La pandemia ha puesto todo esto negro sobre blanco. Le guste más o menos a quien sea; por lo que volvemos a preguntarnos una vez más al respecto: ¿de qué caráspita están hablando?

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

Carlos Berro Madero

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