Lunes, 20 Septiembre 2021 09:23

La derrota electoral y la crisis en el Gobierno apuntalaron las demandas de los piqueteros oficialistas - Por Pedro Lacour

Escrito por Pedro Lacour

Los referentes territoriales cercanos a Fernández leyeron el resultado de las PASO como la confirmación de un diagnóstico; el Movimiento Evita, los cambios en el gabinete y el vínculo irreconciliable con Cristina

Los movimientos sociales fueron espectadores privilegiados de la semana política más convulsionada desde que el Frente de Todos llegó a la Casa Rosada. En medio de las tensiones entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner, los referentes territoriales alineados con el Gobierno ensayaron gestos de sintonía con sus distintas lealtades, pero a la luz de una misma certeza: el resultado electoral fue la confirmación de que la agenda de demandas que plantean las organizaciones se encuentra cada vez más vigente.

La contundencia de la derrota oficialista en las PASO no hizo más que confirmar el diagnóstico que venían desplegando cada vez que salían a la calle, como sucedió el pasado 7 de agosto en la multitudinaria movilización a Plaza de Mayo por el día de San Cayetano. “El problema acá no es ni la campaña, ni los candidatos, ni si funcionan o no funcionan los funcionarios, acá el problema es la situación social y la situación económica”, señaló uno de sus dirigentes a LA NACION.

La conclusión a la que llegaron desde los movimientos es que, en un contexto de crisis como el que vive la Argentina, una victoria del Frente de Todos en las elecciones resultaba prácticamente imposible. Y que la campaña del oficialismo estuvo muy alejada de los problemas reales del trabajador de a pie. “La reforma judicial, el lawfare, hablar de Macri, sostener una agenda del palacio que no tiene nada que ver con la agenda de la gente, son todos síntomas de que la política está ensimismada en sus problemas. Y la gente votó y se expresó”, definió el mismo dirigente, para rematar: “¿Vamos a resolver en dos meses lo que no resolvimos en 20 años? Es absurdo creer que buscando un golpe de efecto mediático o un cambio de palacio se vayan a resolver los problemas”.

En ese sentido, desde las agrupaciones ya dieron señales de que no se quedarán de brazos cruzados después del cimbronazo del 12 de septiembre. Este fin de semana comenzaron a moverse por el conurbano bonaerense. “A militar para reconstruir la esperanza” fue el lema con el que Somos-Barrios de Pie –cuyo referente, Daniel Menéndez, es candidato a diputado nacional– recorrió los barrios en los que perdieron votos y hasta en aquellos distritos en los que ganaron, como La Matanza, Merlo y Moreno, este último gobernado por Mariel Fernández, del Movimiento Evita.

El conurbano ya había sido escenario de algunas rencillas entre referentes territoriales e intendentes al momento del cierre de listas. Es que muchas de las organizaciones hubiesen preferido competir en las primarias con boleta propia. “Nosotros presentamos 20 listas en la provincia de Buenos Aires y nos dejaron dos: todas las demás las voltearon”, admitió la semana pasada a Radio con Vos Emilio Pérsico, secretario de Economía Social y representante del Movimiento Evita.

El caso más resonante fue el de La Matanza. En el principal distrito bonaerense, los movimientos sociales intentaron enfrentar en internas al intendente Fernando Espinoza. Pero al Frente Vecinal, que lidera la diputada provincial Patricia “Colo” Cubría, esposa de Pérsico, no le permitieron participar de las primarias La dirigente denunció “proscripción antidemocrática” y “mezquindad política” por parte de Espinoza y negó que la lista no tuviera avales.

Lealtades y traiciones

El Movimiento Evita salió a criticar con firmeza a los ministros y funcionarios que presentaron sus renuncias el miércoles pasado. “Me parece un error. No se apuntala un Gobierno operando en los medios”, disparó, apenas conocida la noticia, Fernando “Chino” Navarro, uno de sus principales referentes y secretario de Asuntos Parlamentarios. Ese mismo día, desde la organización que lidera Pérsico llamaron a marchar hacia Plaza de Mayo para respaldar a Fernández. Pero el jueves, a pocas horas de concretarse la manifestación, sus máximos dirigentes decidieron levantar la convocatoria por un pedido explícito del propio Presidente.

“Suspendimos la marcha por responsabilidad institucional, una responsabilidad que no tuvieron aquellos que presentaron la renuncia por los medios de comunicación”, señaló, en línea con Navarro, Gildo Onorato, referente de la organización y secretario general de la Unión Trabajadores de la Economía Popular (UTEP). Onorato además invitó a los funcionarios a “reflexionar sobre ese método de trabajo”. Y llamó a “dejar las intrigas palaciegas y hacernos cargo de los problemas que la gente está demandando que resolvamos”.

Si bien la suspensión de la movilización buscó evitar que se la interpretara como un gesto contra Cristina Kirchner, es de público conocimiento la malograda relación del Movimiento Evita con la vicepresidenta. Ella no deja de ver con desconfianza la aceitada relación que, durante buena parte de la gestión macrista, Pérsico y Navarro mantuvieron con la exministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley. Además de endilgarles haber colaborado con su derrota en 2017, cuando el Evita acompañó la candidatura a senador de Florencio Randazzo en la provincia de Buenos Aires.

Un hecho reciente volvió a demostrar que las sospechas estarían lejos de disiparse. Según pudo saber LA NACION, Cristina Kirchner se reunió con Juan Zabaleta, el ministro de Desarrollo Social, pocos días antes de las PASO. Fue en el contexto de ese cónclave, celebrado en reserva en las oficinas de la vicepresidenta en el Senado, que la líder del Frente de Todos no se anduvo con vueltas: le transmitió al exintendente de Hurlingham su preocupación por que una nueva expansión presupuestaria signifique una mayor transferencia de fondos hacia el Movimiento Evita.

Sin embargo, fue la carta de Cristina la que, a su vez, alimentó las ilusiones del resto de las organizaciones sociales que integran la UTEP. En el Frente Patria Grande de Juan Grabois sueñan con que la crítica al ajuste fiscal llevado adelante por Martín Guzmán depare en una consideración seria respecto de la posibilidad de, entre otras demandas, implementar un salario básico universal. Es una iniciativa exhibida por toda la “economía popular”, pero que lleva la marca del abogado cercano al papa Francisco. “No se puede servir a dos señores”, fue la cita bíblica utilizada por Grabois para definir la situación del Presidente. Afinidades electivas que seguirán presentes en el curioso paisaje del actual peronismo en el poder.

Pedro Lacour

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