Domingo, 26 Septiembre 2021 08:09

Juan Manzur y Martín Insaurralde, jefes de campaña K: discurso unificado y mensaje para los Gollan, Ishii y Vallejos - Por Nicolás Wiñazki

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Los nuevos jefes de gabinete manejarán la campaña con apoyo de gobernadores e intendentes. Más peronismo y dejar atrás temas como garchar o la legalización de la marihuana. El día que Alberto se enteró de la carta de Cristina por TV y una historia aún abierta.

Hay otro Gobierno. Nuevos ministros nacionales. En la Provincia de Buenos Aires, ídem. Habrá otra campaña electoral del oficialismo. La conducirán los jefes territoriales del peronismo. Gobernadores e intendentes.

Quien forzó este nuevo escenario, aunque sin evitar una crisis institucional que paralizó al poder durante una semana fue la Vicepresidenta. Cristina Kirchner es Cristina Kirchner. Tras la derrota electoral del Frente de Todos en las elecciones primarias del domingo 12 de septiembre, esperó tres días para presionar como ella suele hacerlo.

El presidente Alberto Fernández aceptó abrir una negociación con ella, con intermediarios debido a enojos mutuos no tan pasajeros, para negociar un cambio en el equipo de Gobierno tal como la vice quería: lo antes posible.

El Jefe de Estado le había discutido los tiempos y algunos nombres en un encuentro cara a cara que tuvieron en la Residencia Presidencial Olivos (RPO) el martes 14. El saldo de ese armisticio se calculará con costos y beneficios para uno y otro en el corto o mediano plazo.

La modificación más importante en el Gobierno Nacional es que hay nuevo jefe de Gabinete. Es el tucumano Juan Manzur, gobernador de esa provincia en uso de licencia. Kirchner no lo quería, es probable que lo quiera debido a osadías del hombre que ahora coordina a los ministros: alguna vez declaró que el liderazgo de la vice en el PJ se había terminado. Ella misma hizo público su pragmatismo en la carta que difundió el jueves 16 de septiembre.

Manzur ya había hablado con el Jefe de Estado sobre su posible pase a la Casa Rosada. Kirchner se reunió dos veces con Manzur y aceptó lo que no le gustaba, pero entiende que puede serle útil. Kirchner es Kirchner. Así como presionó con renuncias no indeclinables de ministros que le responden para que el Presidente ceda y mueva las sillas de su equipo de Gobierno, también difundió el texto antes aludido en el que fulminó no solo al Presidente, sino también a la política económica y a uno de los asesores que más lealtad y amistad tiene con Fernández.

Su ahora ex vocero Juan Pablo Biondi pasó a ser su enemigo y ya dejó su cargo. Y así como Kirchner fue Kirchner con Fernández. Lo fue también con quien es supuestamente su gobernador favorito, el bonaerense Axel Kicillof. Lo convocó a El Calafate, Santa Cruz, adonde el mandatario voló en un avión de línea para comunicarle que él también nombraría a un nuevo jefe de su Gabinete, y a varios ministros claves. Martin Insaurralde se ocupará ahora de controlar desde adentro la gestión de Buenos Aires, ocupando el cargo que también tiene Manzur, pero a nivel provincial.

Otros intendentes y dirigentes con poder territorial se sumaron a la administración Kicillof. Kirchner es Kirchner y, ante una posible derrota en las generales del 14 de noviembre, ya con resultados concretos en el nuevo Congreso, se entregó al peronismo. Kirchner es Kirchner. Si detesta al PJ, pero necesita al PJ, aceptará al PJ. Clarín pudo saber, en base a fuentes oficiales, que Manzur e Insaurralde serán ahora los jefes de la campaña electoral K. Se apoyarán en colegas de gobernaciones e intendencias para intentar remontar un resultado electoral muy adverso. Las fuentes calificadas del nuevo Gobierno admitieron que uno de los primeros cambios será consensuar un nuevo discurso proselitista.

Un ministro nacional aconsejó una idea que también se aplicará en la campaña de Buenos Aires. Lo resume así: “Algunos de nosotros van a tener que dejar hablar como lo venían haciendo”. No es que se acallarán la democratización de las voces, la pluralidad de la palabra de los voceros del oficialismo, pero se acotarán las declaraciones que hoy saltan desordenadas entre dirigentes con peso específico en el poder, pero a la vez también entre verborrágicos sin reconocimiento el Justicialismo que junta votos desde añares.

Manzur está conociendo a los funcionarios con los que ya empezó a trabajar. Insaurralde también, aunque ya tenía trató con el equipo bonaerense por su anterior puesto en Lomas de Zamora. Manzur está algo asombrado por la heterogeneidad que encontró entre los ministros que ahora seguirán sus órdenes.

En los últimos días, solo por poner algunos ejemplos, se escuchó al candidato a diputado nacional por Buenos Aires, Daniel Gollán, haciendo alusión a cómo algo de plata podría haber ayudado a que impacte menos la foto más emblemática del “Olivosgate”. Se cuidará de hablar de ese modo. Lo mismo que intendentes como el de Tigre, Julio Zamora, que tras una derrota en las primarias en su distrito dijo que es “necesario que la sociedad vea a un gobierno que sabe que rumbo va a tomar”. Es el del Frente de Todos.

A la diputada K Fernanda Vallejos se le viralizaron una cantidad significativa de audios en los que fustigaba a su gestión de modo hiriente, y hasta se la oyó flagelarse revelando que una ley sobre jubilados que ella misma votó era dañina para sus supuestos beneficiarios. Coherencia incoherente.

El intendente de José C. Paz, Mario Ishii, dio un discurso en un acto junto al Presidente en el que aseguró que “un día el pueblo se levantará contra los medios” porque informan, según él, mal.

Manzur viene de la política de Tucumán. Para ser gobernador le ganó una disputa cruenta al antes todopoderoso José Alperovich. Ahora combate contra su vice, Osvaldo Jaldo. No es un hombre que se asuste con las internas brutales del PJ.

Solo pedirá, como contó un miembro del Gabinete a este diario, que la dirigencia, incluso los candidatos, empiecen una campaña sin hablarse encima, como se dice en la jerga de la dirigencia. O sin dispararse a los pies. Ésta última imagen es más elocuente. Lo mismo hará Insaurralde. Son primeras tareas. Vendrán otras. Más complejas. Negociaciones por dinero para las provincias, intendencias bonaerenses.

Cosas del PJ.

Por ejemplo: ¿es cierto que el Gobierno le giró a la Provincia cientos de millones de pesos para que los intendentes del conurbano, del oficialismo, pudieran hacer campaña mostrando gestión, pero que esa plata nunca llegó al destino final si no que se “trabó” en las arcas públicas de la Gobernación? Las fuentes consultadas dieron respuestas contradictorias. Ruido hay. Cosas del PJ que se espera se arreglen. Operaciones cruzadas.

El viernes pasado, en una reunión de jefes comunales en La Plata, en la que estaba presente el gobernador Kicillof, e intendentes como Fernando Espinoza, de La Matanza, uno de sus colegas se enojó por la situación: “Che, si no nos podemos poner de acuerdo en lo que podemos decir. ¿Por qué al menos no nos ponemos de acuerdo en lo que no podemos decir?”.

Parecería ser que el PJ ha logrado consenso respecto a la inutilidad de instalar en el discurso de campaña tópicos como el sexo, la marihuana, la eficacia de la astrología, entre otras discusiones que no podrían describirse como planes programáticos.

Los días de furia

Mientras este nuevo proceso empieza a gestarse, con resultado incierto, en el Gobierno Nacional aun late el “combate” que impulsó Kirchner contra Fernández.

Es una cuenta no saldada, tal como adelantó en Clarín Guido Carelli Lynch.

El peor momento en esa escalada de presiones públicas de la vice contra el Presidente llegó a una situación límite. Fue el jueves 16, a las seis y cincuenta y cuatro de la tarde.

El presidente había reunido en la Residencia Presidencial Olivos (RPO) a sus asesores que más escucha. En aquel momento, varios ministros nacionales le planteaban al Presidente que rompa con la vice y quiebre el Frente de Todos para intentar empezar un liderazgo autónomo.

Faltaban cuatro minutos para las siete de la noche cuando el Presidente se quedó helado mirando el único televisor que tiene en su oficina de trabajo de la Quinta.

La vice difundía una carta en la que fulminaba su gestión, criticaba su análisis previo al resultado electoral, presionaba por la llega de Manzur a la jefatura de Gabinete, y pegaba y pegaba sobre el rumbo de la política económica.

Además, acusaba al vocero presidencial, Juan Pablo Biondi, de total confianza del Jefe de Estado, de operar en su contra en los medios.

Fuentes del peronismo oficial revelaron a Clarín que acompañaban al Jefe de Estado su secretario de Asuntos Estratégicos, el silente como ninja Gustavo Beliz; el jefe de asesores del Presidente, Juan Manuel Olmos; y el jefe de Gabinete, y ahora nuevo Canciller, Santiago Cafiero.

Eran horas en las que realmente se debatió una posible ruptura con los Kirchner y, por ende, dar por terminado al Frente de Todos.

Pasó al revés.

Una de las funcionarias que argumentó ante Fernández, afónica, que debía iniciarse una negociación con la vice fue la secretaria Legal y Técnica, Vilma Ibarra: “No hay que romper el Frente de Todos. Prometimos en la campaña del 2019 que íbamos a gobernar con Cristina y en una coalición amplia. Tenemos que mantener la gobernabilidad”, insistía ella. Otros consejeros habían planteado lo contrario: la provocación de la vice y de la agrupación La Cámpora, que lidera su hijo, el diputado Máximo Kirchner, habían llegado demasiado lejos.

Entre los presentes se encontraba también el secretario General de la Presidencia, Julio Vitobello.

A los pocos minutos llegó a la oficina el funcionario más atacado por la vice, el vocero Biondi.

“¿Cómo puedo ayudarte?”, le preguntó al Jefe de Estado. “Después lo vemos”, habría respondido él.

El acuerdo con el nuevo Gabinete peronista, cambios en ministerios y enroques que se negociaron hasta última hora del viernes, dejaron un saldo que el Presidente no olvidará. Biondi le presentó ese día, por la mañana, su renuncia indeclinable. Fernández perdió así a uno de sus más leales compañeros.

También debió renunciar el ministro de Educación, Nicolás Trotta, muy cercano a Fernández, pero apuntado por La Cámpora para que sea reemplazado.

Lo llamó Cafiero y le preguntó si ya le había hablado el Presidente: “No, ¿por?”. Respuesta: “Estamos pensando cambios para tu ministerio”.

Trotta renunció.

Biondi, en su texto de dimisión, deja en claro lo que de verdad pasa en el Gobierno: habló de “crisis desatada en las últimas horas” por Cristina, y afirmó que esperaba que su partida ayude a “pacificar, en parte, estos momentos difíciles”. “Yo presentó la renuncia indeclinable y no por los medios”, pegó Biondi a los renunciantes nonatos de La Cámpora.

La vice quería también la renuncia del ministro de Economía, Martin Guzmán, y del titular de Producción, Matías Kulfas.

Siguen sus puestos.

Otra historia.

El peronismo está en el Gobierno, y también en el poder.

¿Podrá dar vuelta el resultado de las elecciones?

Noviembre, 14, Argentina, día de la respuesta.

Nicolás Wiñazki

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