Viernes, 01 Octubre 2021 09:16

Crónica de otro papelón sanitario del gobierno argentino - Por Luis Gasulla

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La devolución de esos cinco lotes de vacunas que no salvaban vidas costó 13 millones de dólares. Una suma pornográfica para un país con más del 40% de pobres.

En las primeras horas del jueves 30 de septiembre, Camilo Cagnacci reveló la documentación interna y oficiales del ministerio de Salud de la Nación que acreditaban la devolución de 1.300.000 del segundo componente de Sputnik, vacuna contra el Covid. Lo publicó en el portal PeriodismoyPunto luego de insistirle a los funcionarios involucrados que respondiesen sobre un nuevo escándalo sanitario con el Fondo de Inversión Directa de Rusia.

Los teléfonos estaban apagados. Era una información extremadamente sensible. Otra vez, el Gobierno nacional prefería el silencio suponiendo que el periodista no contaba con la documentación respaldatoria. Pero, al igual que Carlos Pagni con la reveladora carta enviada por la funcionaria Cecilia Nicolini al Instituto Gamaleya, los papeles enterraban el relato.

Cagnacci estaba por revelar que el gobierno argentino, el de "científicos", había devuelvo, con absoluta reserva, 1,3 millones de segundas dosis de la vacuna rusa por no estar "aptas para su distribución y uso". Ese cargamento había llegado a nuestro país luego del viaje de la ministra de Salud, Carla Vizzotti, a Moscú junto con la antes citada asesora presidencial, Cecilia Nicolini. El viaje se había realizado en agosto de este año antes de las PASO, para apurar la entrega del segundo componente. La presión que ejercía la opinión pública y, la falta de respuestas que obtenían los mayores de 60 años, eran insoportables para un gobierno que se sentía acorralado.

Rápidamente, llegaron los anuncios de que las vacunas llegaban al país. Pero las circulares internas que publicó Pyp acreditaron que 1.116.010 vacunas Sputnik V que habían arribado en el vuelo AR1065 el 12 de septiembre y otras 195.745 el 17 de ese mismo mes, también por Aerolíneas Argentinas, no servían para nada.

De los depósitos oficiales debían ser retiradas por un intermediario, Human Vaccine LLC, sociedad rusa creada para vender la Sputnik en la Argentina. La devolución de esos cinco lotes de vacunas que no salvaban vidas costó US$ 13.051.962,25. Una suma pornográfica en un país con más del 40% de su población sumergida en la pobreza.

Tras la revelación periodística, con las pruebas correspondientes, el Gobierno nacional quiso tapar el escándalo minimizando lo sucedido. En una hora, respondió a medios nacionales que le pedían explicaciones por las vacunas rusas devuelvas a Moscú, con dos argumentos diferentes. Sin sonrojarse, pasaron de afirmar que la Argentina había regresado las vacunas a Vladimir Putin porque Rusia las necesitaba mandar a otros países a que se trataba de un problema de etiquetados. Sin ofrecer una sola prueba, aseguraron que el papelón no nos costará un centavo.

Días atrás, Secretaría General de la Presidencia, actúo de la misma manera con el periodismo profesional. Salió a desmentir que gastaron millones de pesos en gastos relacionados con "comida para animales" o "vestidos", "hilados" y hasta "porcelana" en Casa Rosada por una cuestión de tecnicismos entre "presupuestado" y "gastado". Previamente, evitaron responder los pedidos de acceso a la información pública realizado por periodistas, diputados o ciudadanos de a pie.

Pareciese que los funcionarios no se arrepintieron de la foto del cumpleaños de la primera dama o violar, sistemáticamente, la cuarentena, con las entradas y salidas a la Quinta de Olivos. Lo que los mortifica es que se haya corrido el velo y que la sociedad conoció lo que realmente pasaba en el palacio.

Si el periodismo no revelaba el escándalo de las vacunas rusas que volvieron a Moscú, el Gobierno nacional no hubiese dicho nada.

A las pruebas me remito.

Luis Gasulla
Director de PeriodismoyPunto

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