Miércoles, 24 Noviembre 2021 11:19

Bombas molotov contra el edificio de Clarín: con la violencia no hay avenida del medio – Por Ricardo Roa

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Matices dentro de un unánime repudio al ataque, que fue contra todos los medios.

 

¿Hasta dónde uno puede seguir usando el método de hacerse el boludo? ¿O creer que nadie se da cuenta de que está haciéndose el boludo? Un caso bien fresquito: el de Bielsa, el embajador que en su condición de tal quiere hacernos creer que expresa posiciones personales y no, por lo menos, las de un sector del gobierno. 

Con diferencia de una noche, tirotearon un par de restoranes llenos de gente en Rosario y un grupo grande de delincuentes tiró casi a lo largo de una cuadra bombas molotov contra este diario. ¿Que la violencia que no deja de reproducirse todos los días merced a bandas narco es un hecho más grave que el otro? Sí. Pero los dos son muy graves y en buscar diferenciarlos está la trampa.

Es la aceptación de que a lo anormal conviene disfrazarlo de normal para que no suban las olas. Las olas suben lo mismo. Y cada vez más alto. ¿O no tenemos suficiente experiencia en el asunto? En cada lugar de la sociedad, cada uno sabe cuál es su responsabilidad. Y algunos lo saben mejor que otros.

No se trata de victimizarse. Sí, y definitivamente, de no convertir en victimario a la víctima. Y puede ser algo que se repite en muchos lados, pero el punto es que pasa aquí. La experiencia recuerda que la radicalización frente a estas provocaciones es lo que los provocadores quieren. Pero hay otra radicalización difícil de notar, aunque clara: la de no condenar o condenar a medias.

Es una manera de condenar sin condenar o de repudiar con repudios banales. Dominar al otro empieza por callarlo. Ya debiera ser inadmisible para cualquiera admitir la violencia, que acá y por años se convirtió en casi sinónimo de política.

Con la violencia no se jode, no se espera, no hay avenidas del medio. No jodamos, entonces. No se trata de ataques que, por suerte, no produjeron víctimas, por lo cual ¿para qué ocuparnos? La intimidación induce ese temor: que las haya la próxima vez. Es un tipo de violencia archiconocido.

Con las molotov contra Clarín no hay sólo un ataque contra Clarín, sino que incluye el aviso para cualquier otro medio. Es el ataque contra el sistema democrático, que a veces no se defiende con claridad o se defiende de un modo confuso, que es no defenderlo. La condena desde la política fue unánime, claro que con sus matices que hablan de otras cosas.

Entre los opositores hubo quienes exigieron una acción al Gobierno, como Macri y Bullrich, y quienes corrieron el foco a la Justicia, como Larreta y Vidal. Terragno fue directo en remitir a ese abismo en el hueco de una sociedad que es la violencia. Dijo: “El atentado es una clara reminiscencia de un vandalismo político que creíamos superado”.

Del lado oficial, unos pocos hablaron de ataque: Aníbal Fernández, Massa y Santoro. Los más eligieron hablar de “hecho o episodio”, como Alberto Fernández, que dijo: “Esperemos que los hechos se esclarezcan”, como si pudieran esclarecerse por sí mismos.

La Cámpora repudió “el atentado” y tras cartón habló “del discurso del odio”, como si el atentado hubiese sido una respuesta a un discurso del odio. Demasiado confuso. O deliberadamente confuso. ¿Y qué hizo Cristina? Aprovechó el confort de retuitear a La Cámpora: fue su manera de pronunciarse sobre lo que fue un ataque a la libertad de prensa.

La recuperación de la democracia es demasiado importante como para que todo quede reducido a unas declaraciones para hoy y para el olvido mañana.

Ricardo Roa

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