Lunes, 28 Febrero 2022 09:10

El tamaño del Estado: cuáles fueron los gobiernos que más se endeudaron en los últimos 50 años - Por Daniel Sticco

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La Argentina cae en repetidas crisis de pago a los acreedores financieros internacionales y debe recurrir al auxilio extremo del FMI. Cómo fue la variación de ese pasivo, en dólares y en porcentaje del PBI 

Una vez más, como otras 20 veces antes en los últimos 66 años, la Argentina se encuentra negociando un acuerdo de asistencia del Fondo Monetario Internacional, como prestamista de última instancia, ante un nuevo cierre de los mercados de deuda internacional y virtual agotamiento del minúsculo mercado interno de capitales, y la resistencia del Gobierno de presentar desde el primer día un plan económico sustentable que posibilitara refinanciar la deuda de corto plazo con el organismo internacional por parte del precedente en condiciones similar de tasas, pero extendido en el tiempo. 

Del cotejo de las magnitudes de la deuda pública de la Argentina en porcentaje del PBI con la del promedio del planeta -según datos del World Economic Outlook del FMI, para 168 países- surge que el tamaño de los compromisos en proporción a la generación de riqueza no es ni ha sido la causa de las repetidas crisis de pago con acreedores del resto del mundo ,-sean fondos institucionales, sean organismos de crédito multilateral-, sino que se encuentra en otros orígenes: la ausencia de planes económicos sustentables en el tiempo que contribuyan a revalorizar la pérdida de crédito de los grandes inversores internacionales, el cual se manifiesta en el índice de Riesgo País que implica una sobretasa de 17% anual en dólares sobre el rendimiento de los bonos del Tesoro de los EEUU, y más de 12% a 15% anual en dólares sobre la que pagan los países vecinos.

El tamaño de los compromisos en proporción a la generación de riqueza no es ni ha sido la causa de las repetidas crisis de pago con acreedores del resto del mundo



En la serie que pudo empalmar Infobae de fuentes oficiales desde 1970 hasta el presente, porque muchas fueron discontinuadas en las presentaciones de diferentes gobiernos, se advierte con claridad en la variación de la deuda pública dinámicas diferentes según se comparen valores en dólares corrientes -porque también esa divisa acusa el efecto de la depreciación con el paso del tiempo- o en proporción al PBI de cada período, en incluso en comparación con las estimaciones del WEO del FMI, en ese caso con datos del último cuarto de siglo.

En ese caso, se percibe también que las estimaciones del FMI de deuda en términos de PBI que comienza en 1994 resultan desde 2005 notablemente más altas que la que surge de las cuentas nacionales, aún con el agregado del componente de las Lebac en el pasado y Leliq y pases del Banco Central en el presente, con algunas excepciones: 2014 y 2016, que coinciden con bruscas devaluaciones del peso.

De ahí surge que los economistas del Fondo, en base a mediciones que reciben de consultores privados y bancos de inversiones, además de las oficiales, están asumiendo que el PBI en dólares de la Argentina ha sido los últimos tres lustros marcadamente más bajo que el estimado por la Dirección Nacional de Cuentas Nacionales que se publica en la base de datos del Ministerio de Economía. Del último dato, para 2020, se desprende una sobrestimación del PBI en unos USD 40.000 millones.



En ese tiempo, se registran dos momentos en que el crecimiento promedio anual de la gestión presidencial el salto de la deuda fue de 10 puntos del PBI:

  • 1) el caso más traumático fue en la breve presidencia de Leopoldo Galtieri, cuando la dictadura resolvió encarar la Guerra de Malvinas, en 1982, la que dejó enormes secuelas, y provocó una caída del 3,2% del PBI, luego de un 1981 que había cerrado con una contracción del 5,4%; aunque en dólares corrientes se elevó en unos USD 6.700 millones; y
  • 2) en el gobierno de Cambiemos, al frente de Mauricio Macri, con un salto de USD 89.252 millones, equivalente a 40,7% del PBI en el cuatrienio (sumando los compromisos de la Administración Central con los instrumentos de regulación del Banco Central -Leliq y Pases-), principalmente por el costo que implicó la corrección de los desajustados precios relativos -tipo de cambio, precios congelados y administrados y tarifas- y cerrar el capítulo del default iniciado con la crisis de 2001 con la regularización del saldo del 7% que resistían acordar los holdouts; y el efecto de la cancelación de las operaciones venta de dólares a futuro por parte del Banco Central a fines del segunda presidencia de Cristina Fernández de Kirchner a precios muy inferiores a los que regían en los mercados referentes de Wall Street; más la herencia de un abultado déficit fiscal. Creció a un ritmo promedio de USD 22.313 millones por año, récord hasta ese momento.

Esa marca máxima en dólares corrientes, como promedio de los años de gestión, fue quebrada hasta el presente por quien lleva la delantera: el gobierno de Alberto Fernández con USD 34.455 millones (subió en el bienio USD 68.911 millones, de los cuales USD 42.771 millones fueron contraídas por la Administración Central y el equivalente a USD 26.140 millones por el Banco Central, a través de la política infructuosa de absorber pesos del sistema bancario con la colocación de Leliq a 30 días, en su mayor parte, y operaciones de pases con garantía de títulos públicos a menos de 7 días, para contener la escalada del tipo de cambio de pesos por dólar y de esa forma frenar la tasa de inflación.



Las bajas en términos del PBI

En esta serie de datos del último medio siglo de la economía argentina se registraron en tres períodos presidenciales disminución de la deuda en términos del PBI: 1) en la primera gestión de Carlos Menem julio-89/diciembre 1995, con una reducción de 14,3 puntos porcentuales, a una velocidad de 2,2 pp por año; 2) en la administración de Néstor Kirchner, a partir del canje de deuda en cesación de pagos por nuevos bonos en 2005 que le permitió obtener una quita de USD 65.900 millones, y un recorte en términos de PBI de 81% del PBI, a un ritmo medio de 18 pp por año. Sin embargo, si se descuenta ese efecto, la presidencia finalizó con un aumento de la deuda de USD 45.600 millones, equivalente a 18,5% del PBI en el período y 4,6 pp por año; y 3) el primer tramo al frente del Poder Ejecutivo Nacional de Cristina Fernández de Kirchner, con el precio internacional de la soja en máximos históricos, bajó en 15,2% del PBI, equivalente a 3,8 pp por año; aunque en dólares se elevó en 35.940 millones (USD 8.985 millones promedio por año).



Sin embargo, ni las políticas de “saneamiento” transitorio de las finanzas públicas, ni las destinadas a apreciar el peso como ancla inflacionaria y exagerar la magnitud de la generación de riqueza por año equivalente en dólares, las cuales posibilitaron lograr recortes relativos en el tamaño de la deuda pública en términos relativos, fueron suficientes para evitar caer otra vez en crisis de pagos del erario público y deterioro al extremo de la posición de reservas del Banco Central.

Factores que distorsionan los datos

Por la secuencia de la serie estadística se toman los datos del cierre de cada mes calendario, por lo que el cargo para cada presidente no es preciso porque al asumir en general el 10 de diciembre desde 1983, dos tercios de la variación del mes de inicio de la gestión le corresponde al que ingresó y no al saliente, sin embargo, parece una opción sustentable de aproximación para un análisis de largo plazo, porque la estadística mensual se mantiene activa sólo para los últimos dos años.

De ahí que Infobae sólo pudo hacer el ajuste para el caso de la presidencia de Mauricio Macri y la sucesión de Alberto Fernández, tomando como cierre el dato de noviembre 2019 para el primer caso, y diciembre 2019 incluido como punto de partida de la gestión de los dos primeros años del gobierno actual.

Para el pasado, se pudo aproximar la serie que comprendió a la presidencia de Néstor Kirchner, a partir del cierre al segundo trimestre de 2003 hasta diciembre de 2007, inclusive. En todos los casos con datos de la Secretaría de Finanzas de la Nación, dependiente del Ministerio de Economía, y del Banco Central, la cual comprende a la deuda bajo legislación nacional y bajo tribunales extranjeros.



Cabe notar que el predominio de políticas de intervención en los mercados de divisas, con controles, cepos y ahora tipos de cambios alternativos o financieros, determinan que la conversión a dólares de las deudas en pesos, tanto las asumidas por la Administración Central, como para las contraídas por el Banco Central con los instrumentos de regulación monetaria del mercado de dinero bancario, tiendan a sobreestimarse en los tiempos de atraso cambiario o mejor dicho artificial revaluación del peso, y viceversa. Y más aún en términos de PBI.

Pero como sostiene en su nota metodológica la Secretaría de Finanzas: “Por manuales estadísticos y a partir de definiciones internacionales, se utiliza el dólar como unidad de cuenta para dar comparabilidad y estandarizar las estadísticas. De esta forma, todas las cifras se expresan en su equivalente en dólares aplicando el tipo de cambio del último día hábil del período para convertir a dicha moneda las restantes deudas emitidas y pagaderas en: pesos, derechos especiales de giro (DEG), euro, yen, etc.”

Además, el largo período de default de la deuda, tras la crisis de la salida desordenada de la convertibilidad a fines de 2001, con devaluación, default y pesificación asimétrica entre depósitos y créditos del sector privado, generaron negociaciones tardías e incompletas con los acreedores que por un lado posibilitaron una quita sustancial, pero por otro lado dejaron un saldo que debió hacerse cargo otro gobierno.

Lo ideal es que todas las variables de la economía se muevan libres de regulaciones de intervención, de modo que tipo de cambio, tarifas, salarios reales, deuda, sean reales señales de lo que sucede en el mercado, evite movimientos bruscos en las dos direcciones, de la deuda en dólares e incluso en términos del PBI, que impiden obtener conclusiones más precisas y facilitar las comparaciones con cualquier período, porque de lo contrario continuarán los ciclos de crisis de deuda y reservas en el BCRA.

Daniel Sticco

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