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Miércoles, 13 Abril 2022 12:32

Avanzado estado de descomposición - Por Sergio Crivelli

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Arrinconado por una economía cada vez más adversa (este miércoles se anunciará una inflación abrumadora) Alberto Fernández reaccionó en las últimas horas contra los seguidores de Cristina Kirchner que lo venían hostigando.

La escalada entre las facciones del oficialismo expone un estado de descomposición preocupante de la alianza de gobierno, siembra incertidumbre sobre el futuro de Fernández y entierra un poco más (si se puede) las esperanzas de que la crisis económica pueda ser dejada atrás en un plazo razonable; que alguien en la Casa Rosada o en el Instituto Patria esté pensando en alguna solución, en los ratos libres que le deja la pelea por poder. En las últimas horas las andanadas generaron un círculo vicioso: la crisis económica alimenta la crisis política que, a su vez, crea las condiciones para que la crisis económica se agrave. 

El ministro de Economía, sobre el que el viernes por la noche habían circulado fuertes versiones anunciando que se iba, exhibió por un medio "amigo" y ante un periodista también "amigo" el respaldo presidencial. La novedad generó rechinar de dientes en el campamento cristinista.

Guzmán mezcló cosas ciertas con falsas. Es cierto que para gestionar necesita funcionarios alineados con su conducción y que sin un apoyo político claro hay incertidumbre y eso conspira contra cualquier medida que tome. El destinatario del mensaje era Roberto Feletti que dijo que sin un plan macro "esto se iba a poner feo".

Es falso en cambio que tenga un plan "sólido", que ese plan sea el acordado con el FMI y también falso que piense cumplir con los compromisos asumidos ante el organismo. El acuerdo con el Fondo fue un pacto pampa, un acuerdo que ninguno de los que lo firmaron piensa cumplir. Un entendimiento para salir del paso. El Gobierno lo firmó para no caer en cesación de pagos y los funcionarios del Fondo lo aceptaron para no tener que admitir el error de haber prestado decenas de miles de millones de dólares a un deudor crónico e irrecuperable.

Después de demorar por más de dos años la puesta en marcha de un plan de estabilización, después de negociaciones por la deuda con privados y con el Fondo que terminaron en sendos fiascos, después de emitir y gastar más allá de cualquier límite razonable, al ministro le queda una sola salida para evitar una inflación fuera de control: un plan de shock. Pero no tiene ni el "know how", ni la envergadura política para ensayarlo. Eso es un hecho frente al que las peleas en el Frente de Todos -en el fondo- resultan irrelevantes.

El problema real al que se enfrenta Fernández es que si echa -o cuando eche- a Guzmán tendrá que reemplazarlo con alguien confiable que tenga un plan de ajuste, pero esa es una "rarísima avis". ¿Quién va a atajar un piano que cae de un octavo piso? ¿Con qué poder político?

Por la gravedad de la situación otro vocero de Fernández, Aníbal, le pidió a los cristinistas que por lo menos "no estorben" y Vilma Ibarra le recordó a la vice que nadie se salva solo. No tendrán soluciones, pero a los frentetodistas chicanas no les faltan.

Sergio Crivelli  
Twitter: @CrivelliSergio

Sergio Crivelli

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