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Miércoles, 15 Junio 2022 13:22

Scioli: un emblema paradigmático de la inoperancia - Por Carlos Berro Madero

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Daniel Scioli define a la perfección la manía de algunos argentinos por considerar “trascendentes” a ciertos individuos, cuyos rasgos distintivos consisten en tratar de imponer a la sociedad una imagen, cuasi mitológica, de “componedores”.

Su rostro de jugador de póker mediocre y sus apotegmas casi incombustibles, personifican bastante bien el comportamiento de algunos patrones de estancia que piden mayores esfuerzos a sus servidores, mientras les palmean paternalmente la espalda con cierta indiferencia. 

Su nombramiento reciente para que intente movilizar el polo “desarrollista” del gobierno, sin que pueda exhibir ningún rasgo que indique haber superado su incapacidad para cumplir funciones políticas ejecutivas, sugiere que su presencia en el gabinete resultará un nuevo fiasco, reavivando las tensiones entre “los Fernández” y algunos otros miembros conspicuos del kirchnerismo.

Solo falta que asuma y diga, de acuerdo con su costumbre: “sobre mi gestión, solo adelantaré que mi preocupación inicial será dinamizar y optimizar al máximo posible el desenvolvimiento de la repartición” (Bioy Casares, parodiando humorísticamente “Florilegio de Hermosas Promesas”).

El gobierno ha ratificado así su vocación por retornar invariablemente a lo peor del pasado, ignorando, como en este caso, las consecuencias fatales de recurrir a quienes han fallado en casi todas las pruebas de eficiencia que se les requirió antes de ahora.

Algo de esto deben estar sintiendo los inundados de La Plata (entre otros perjudicados directos), y los absortos asistentes a las numerosas bofetadas elípticas que el nuevo “productivista” fue recibiendo -sin que se le moviera un solo músculo del rostro-, de Néstor, Cristina y los adolescentes de La Cámpora a través del tiempo, imputándole tácitamente su inoperancia.

La “movida” parecería ser una revancha de Alberto, para mitigar en parte su claudicación precedente al haber “renunciado” a Kulfas, actuando como un cultor del gattopardismo señalado por Giovanni Lampedusa: “que todo cambie, para que todo siga igual”. Es decir, la conjugación más perfecta de un verdadero sofisma. Una táctica tan cara al viejo peronismo, que ha ido mutando camaleónicamente con los años, manteniéndose no obstante fiel a ciertos esquemas conceptuales de una rigidez que espanta.

Scioli resume también el contenido de una sentencia –también humorística-, de Friedrich Nietzsche, que decía: “no es raro encontrar copias de hombres importantes; y a la mayoría de la gente, como ocurre con los cuadros, LE AGRADAN MÁS LAS COPIAS QUE LOS ORIGINALES”.

Como frutilla del postre, nuestro presidente “delegado” se refirió al motonauta como su “alter ego”; por lo que no hace falta develar ninguna incógnita: su afirmación ratifica que ambos representan lo que está a la vista: la quintaesencia de dos inoperantes afectos a divagar sobre temas de entrecasa.

Una amistad nacida probablemente en algún week end transcurrido en el río Tigre sobre la lancha de Daniel, a bordo de la cual Alberto habrá deleitado a los ocasionales tripulantes con su guitarra, interpretando “Tu sangre en mi cuerpo” de Pepe Aguilar.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

Carlos Berro Madero

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