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Miércoles, 06 Julio 2022 08:47

Una delirante empecinada en desconocer la realidad - Por Carlos Berro Madero

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Estamos absolutamente convencidos que mientras Cristina Fernández no desaparezca del escenario político, no habrá futuro alguno para nuestro país, porque se trata de una demagoga delirante que insiste en negar, contra viento y marea, todo mensaje explícito o implícito de la realidad “real”.

Su proverbial insistencia en seleccionar además colaboradores que estén dispuestos a aceptar las reglas políticas y económicas que ella desea imponer a todo evento, acentuarán las repetidas crisis emergentes de su ignorancia sobre ciertas cuestiones académicas, de las que ha demostrado no entender ni un palote. 

Hoy comenzamos a vivir los efectos de la renuncia de un ministro de economía que no deseaba convalidar la creencia absurda de la “Jefa” acerca de que el déficit fiscal no genera inflación (entre otras incongruencias conceptuales). ¿Y mañana qué? ¿Quién podrá hacerle comprender que a ELLA no la ha juzgado la historia aún como ella supone y no debe manejarse sobre cuestiones de trascendencia con tanta levedad y obcecación?

Solo vemos una búsqueda obsesiva por encontrar a quienes confirmen la idea QUE ELLA QUIERE TENER DE SÍ MISMA Y DE LA REALIDAD QUE LA RODEA, moviéndose a diario en escenarios preparados para mostrarse como una actriz de teleteatro, más atenta al movimiento pendular de sus extensiones capilares y el color de ciertos atuendos estrafalarios que “adornan” su verborragia.

Es más que evidente que sus ideas han perdido cualquier relación con la “instancia colectiva” mayoritaria de una sociedad que está harta de su presencia agobiante, agresiva y disfuncional. Solo una turbamulta adocenada que la acompaña ve en ella una oportunidad para encaramarse a la cima política y social, para “rematar” desde allí una lucha de reivindicación de ciertos postulados antidemocráticos.

Son, de algún modo, la representación cabal del hombre vulgar, “que tiene el denuedo de afirmar el derecho de su vulgaridad y la impone dondequiera” (Ortega y Gasset).

Es ella quien ha permitido que algunos discrepantes primitivos y pendencieros, que no han sabido reconocer que “no saben porque no saben” (Ricardo Monner Sans), nos griten en la cara que solo ellos constituyen lo que se considera como “todo el mundo”, y que nosotros, los eventualmente diferentes, debemos ser sencillamente quitados del medio como fuere.

Insatisfechos e incapaces de distinguir por qué dos más dos no pueden ser jamás cinco, presentan un verdadero dilema a resolver: a) dejar que las circunstancias decidan nuestro futuro, o b) rebelarnos con firmeza contra un mal colectivo que nos puede llevar a una irrelevancia trágica.

Es cierto que dicho futuro suele ser impredecible en algún sentido; pero permite reconocer de cualquier modo lo absurdo que significa contrariar constantemente las evidencias de la naturaleza de las cosas. Las mismas que intentan romper estos vándalos que han desatado, gracias a los Kirchner (y sobre todo a Cristina), sus apetitos exentos de cualquier impedimento racional.

A su líder trastornada, habría que recordarle que hoy, como ayer y siempre, “civilización es, antes que nada, voluntad de convivencia” (siempre Ortega).

Una convivencia afectada por la batalla que Cristina está librando contra supuestos “enemigos”: ayer fue por Losardo y Kulfas, hoy vino por Guzmán, y muy pronto lo hará por Alberto.

Por si faltara algo para dar mayor cohesión a estas reflexiones acuciantes, citamos a Jaime Balmes una vez más: “criterio es un medio para conocer la verdad. La verdad en el entendimiento es conocer las cosas tal como son. La verdad en la voluntad es quererla como es debido, CONFORME A LAS REGLAS DE LA SANA MORAL. Es obrar por impulso de esta buena voluntad. Es proponerse un fin conveniente y debido según las circunstancias. La verdad en la elección de los medios, ES ELEGIR LOS QUE SON CONFORMES A LA MORAL Y MEJOR CONDUCEN AL FIN”.

Por el momento, tendremos que “fumarnos” a Silvina Batakis -un eslabón más del tren fantasma gubernamental-, que enfrenta un margen muy acotado de supervivencia frente a los desvaríos imperiales de una mujer alienada para quien la opinión pública no existe.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

Carlos Berro Madero

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