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Miércoles, 20 Julio 2022 12:13

La falta de percepción conduce a un camino sin salida - Por Carlos Berro Madero

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“Percepción es AQUEL ACTO INTERIOR CON EL CUAL NOS HACEMOS CARGO DE UN OBJETO; siendo la idea de aquella imagen, representación o lo que se quiera, la que sirve de pábulo a dicha percepción”
- Jaime Balmes

La sentencia de Balmes sirve perfectamente bien para definir el estado mental de todo el kirchnerismo frente a la crisis: ninguno de sus dirigentes tiene una percepción clara del dilema al que nos enfrentamos, como consecuencia de las políticas desacertadas y tendenciosas que intentan imponer. 

Porque a pesar de la irrupción arrolladora del mundo digital, y el incipiente abandono de todo lo que no se diga en lenguaje codificado, las reflexiones de los grandes pensadores seguirán siendo la única manera de encontrar explicaciones consistentes para un mundo globalizado que se profundizará cada vez más.

“Lo cortés no quita lo valiente”, diría sonriendo un filósofo.

Mientras tanto, vemos los manotazos desesperados nacidos del temor de quienes se ven desplazados del centro de un escenario político que han mantenido, casi con exclusividad, durante los últimos veinte años, período en el que se ocuparon solamente de sí mismos, sumando a su ineptitud y ceguera conceptual una escandalosa corrupción.

Los intentos de sus voceros que nos instan a reconocer a algunos de los protagonistas como artífices de una “magia” política inigualable (Cerruti, Aníbal dixit), suenan sumamente ridículos, porque la historia “revisionista” que privilegió indiscriminadamente la asistencia a supuestos carecientes cuyas revueltas fueron financiadas, ha caído finalmente de bruces frente a la realidad, al no entender que los recursos de la actividad productiva no son infinitos.

En consecuencia, las opciones que tiene hoy a la mano Cristina ante la gravísima emergencia son: a) llamarse a silencio por un tiempo bien prolongado, abandonando su cantera inagotable de conceptos auto referenciales; b) ponerse a la cabeza de la izquierda revolucionaria y arrasar con todo, algo que no vemos muy compatible con su espíritu “Louis Vitton y Rapanui”; c) correrse al “centro” apadrinando medidas económicas ortodoxas, en un postrer intento por seguir engatusando a sus fanáticos; d) dilatar todo sin resolver nada esencial, a como dé lugar, mediante subterfugios microscópicos, para que el estallido le explote al próximo gobierno y repetir públicamente algún día, como muchos políticos que fracasan: “esto ha ocurrido porque no me hicieron caso”.

Nuestra opinión es que, con independencia de lo que decida hacer personalmente, el detonante ocurrirá antes del fin de su gobierno si insiste en contrariar el sentimiento de la liga de gobernadores justicialistas, que están buscando romper la unidad del peronismo alrededor de la figura excluyente de Cristina y La Cámpora, en busca de mayor realismo y sentido común.

Este rompimiento incidirá en las características del estallido, el futuro del kirchnerismo y su realineamiento respecto de una realidad que la Vicepresidente intenta modelar a su antojo.

Mientras tanto, puede observarse que el giro revolucionario de América Latina hacia una suerte de redistribución boba se está haciendo papilla, y los líderes elegidos recientemente en su nombre, han conformado gobiernos donde llevan la voz cantante algunos economistas del denostado neoliberalismo. Porque ni Petro, ni Boric, ni Evo, ni Lula, mastican vidrio y parecen haber entendido muy bien en qué consiste la aludida “percepción” de Balmes.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

Carlos Berro Madero

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