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Miércoles, 27 Julio 2022 11:43

¿Invitación a un suicidio? - Por Carlos Berro Madero

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Si existe una palabra bastardeada en el lenguaje político argentino, ésta es: DIÁLOGO. Devaluación que puede reconocerse en su uso reiterado por parte de muchos protagonistas de la vida pública, como un subterfugio para lograr que el tiempo transcurra sin que nadie se ponga de acuerdo con su eventual interlocutor EN NADA.

Mientras tanto, los grandes desafíos pendientes de nuestro país siguen siendo la erradicación de la pobreza, el desarrollo productivo PRIVADO y el ejercicio pleno de una auténtica democracia republicana. 

El kirchnerismo ha mantenido al respecto una discriminación cuasi racista, propiciando desde el poder un populismo donde el lugar ocupado por los buenos es de ellos, poniendo en el casillero de los malos a los emprendedores independientes y una justicia que no funciona como ellos quieren. El mayor desprecio conceptual lo dedican finalmente a los productores agropecuarios que trabajan de sol a sol, contribuyendo con su labor, como nadie, al bienestar popular.

Mientras tanto, los K fomentaron ciertos derechos humanos dependientes de principios fascistas, sosteniéndolos mediante un discurso único que intentó condicionar la libertad individual a los intereses de un poder central omnipresente.

Ese poder, por herencia de Néstor (un gran titiritero), es ejercido hoy por Cristina Fernández, cuyos discursos públicos parecen salidos de los pensamientos de un ama de casa frustrada porque el marido no la invita al cine ni la lleva a comer a un restaurante.

Cuando hablamos de libertad, no nos referimos solamente a la autonomía ciudadana para propiciar leyes o revocarlas, y elegir o cambiar a nuestros representantes de acuerdo con la legislación vigente, sino la capacidad de explorar caminos alternativos hacia la prosperidad, que nazcan de la subjetividad de individuos a quienes se debe respetar en sus decisiones personales.

Sean éstas temporales, tentativas o concluyentes.

El nacionalismo patrioteril de los Kirchner ha consistido simplemente en una invitación a seguir políticas impuestas mediante tergiversaciones de la realidad, aprovechando cualquier oportunidad para enriquecerse a costa del Estado y construyendo las bases de un poder político sin medida ni pudor alguno.

Ambos cónyuges -Néstor y Cristina por igual-, demostraron ser dos cínicos cultores del “dar un paso hacia adelante, porque en el fondo hay lugar” (como piden los conductores de colectivos cuando están abarrotados), repartiendo dádivas sin límite entre sus seguidores, y restricciones abusivas para quienes jamás comulgamos con su extravagancia cuasi delictiva.

Eso llegó a su fin. Y pasamos a la incertidumbre de quienes, aún en la penumbra, invitan con desparpajo ¡a un diálogo! Justo cuando se avizora la posibilidad de poder emanciparnos de la tiranía que caracteriza al movimiento que hoy funge como Frente de Todos y se parece más bien a un “frente de nadie”.

Diálogo, que sería con seguridad un verdadero suicidio colectivo (por lo engañoso e inconducente), para todos los que concebimos la política desde otro punto de vista.

Savater traduciría el pensamiento revanchista que siempre caracterizó al kirchnerismo con estas palabras: “mejor impedir una reforma positiva que dejar que los rivales se apunten un tanto”.

En el interín, la sociedad, atemorizada, no sabe bien cómo zafar de una nueva crisis y las señales de la realidad indican que el camino de “amortiguación” que nos espera, a la vuelta de la esquina, será muy duro para todos por igual.

Dedicamos pues al actual “des-gobierno” en su encrucijada, el trozo de unos versos del poeta Walt Whitman: “…sombrías y siempre cambiantes conjeturas, pasan delante de mí, mofándose y dejándome perplejo…”

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

Carlos Berro Madero

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