Martes, 15 Enero 2019 21:00

Frenos a la euforia oficial

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Como ya se informó el Gobierno ha dispuesto que 2019 sea el "Año de la Exportación". Pero lo que no se sabe si es propio del voluntarismo del gobierno, de su conocida "filosofía optimista" o si las condiciones son propicias y si tenemos que exportar, cuáles serán los beneficios que se conseguirán. El interrogante de peso: ¿Está el país preparado para ese esfuerzo?

 

Lo mismo ha ocurrido con las líneas áreas "low-cost", que gozan de la simpatía de la sociedad porque les permite recorrer en poco tiempo y con menos dinero trayectos largos y tediosos si se conduce por tierra. Las compañías de ómnibus han quedado relegadas, salvo aquellas que van a distintos rincones del país donde no existen aeropuertos. Con todo el entusiasmo del mundo se han otorgado nuevas rutas (centenares) a las compañías interesadas sin empezar de otra manera. Por ejemplo: aceptar la ampliación de rutas pero verificando primero si la infraestructura y la logística de los aeropuertos es apta para un mayor traqueteo.

Las instalaciones y los equipos necesarios de comunicación para el despegue y el aterrizaje no son uniformes en el país. Hay aeropuertos antiguos, sin comodidades para los pasajeros. Desactualizados. Antiguos. Hasta hace cinco años los expertos hablaban de la falta de radares especiales para aeronavegación incluso en Ezeiza. Resultaba una contradicción porque la empresa estatal INVAP fabrica radares a solicitud.

Las autoridades de las principales capitales de provincia se han ocupado de llenar los vacíos, pero hay otros parajes donde nada se ha tocado desde su creación. Hay destinos donde una lluvia fuerte, con vientos, impide el aterrizaje. O la visibilidad es mínima y todo depende de la muñeca y el instinto de los pilotos.

Se recuerda que el tema de la ubicación del Aeroparque de la Ciudad de Buenos Aires ingresó en la polémica hace 40 años. Había imposibilidad de alargar la pista, que a veces cede porque la infraestructura es tierra ganada al río donde lo único que había eran pajonales de acuerdo a lo que narra la leyenda urbana en los años 30 del siglo pasado.

La alta edificación está casi pegada al Aeroparque. La ciudad no ha puesto límites rígidos a la construcción de determinados inmuebles. Nadie ha dicho que es peligroso operar en Aeroparque -aunque algunos en las últimas décadas si lo dijeron, incluso altos funcionarios- pero brindaría servicios mucho mejor con las ampliaciones que, se confirma, están efectuando en estos días.

Hubo un tiempo en el cual Álvaro Alsogaray, líder de la UCEDE, ex-Ministro de Economía presentó un proyecto de trasladar el Aeroparque, con plataformas especiales y sólidas, al Río de la Plata a 1o o 15 kilómetros de la costa, con entradas especiales para vehículos que trasladaran pasajeros. Muchos lo vivieron como una fantasía de ciencia ficción y Alsogaray y aquellos que él representaba se llamaron a silencio. Y nunca más nadie se refirió al tema, salvo para calificarlo de " faraónico".

Declarar 2019 como "Año de la Exportación" y otorgar centenares de rutas nuevas de aviación a las "low cost" tienen el mismo dilema de origen: todo se ha hecho muy rápidamente sin medir antes la prioridad de las necesidades del país. Y todo lo que habría que haber hecho primero, antes de empezar por el final.

Si bien hay algunos rubros tecnológicos de avanzada que se exporta el global de las colocaciones externas argentinas son cada vez más básicas. El país exporta menos volumen y los productos son menos complejos que en 2001. Es lo que se llama "primarización de las exportaciones". La provincia con mayor cantidad de productos vendidos en el exterior es Buenos Aires y carga con mayores complejidades que el interior del país.

Es cierto que las exportaciones de carne se elevaron casi un 80 por ciento al mismo tiempo que la crisis económica doméstica achicó el consumo interno. Pese a todo, en ese rubro, recuperamos posiciones abandonadas hace tiempo porque el lugar dejado por la Argentina en sus envíos había hecho crecer las exportaciones de Uruguay, Paraguay y Brasil.

El gobierno de Macri lanzó los primeros indicios de poner esfuerzo en la exportación en octubre del año pasado. Aclaró que era una "iniciativa en construcción" y hubo numerosas reuniones con exportadores en las provincias y en Buenos Aires. No se obtuvo una conclusión positiva y definitiva.

Ya no caben dudas, según los cálculos que las colocaciones agrícolas fuera de nuestras fronteras será un 15 por ciento mayores que las de 2018 y los ingresos superarían los 60.000 millones de dólares. Pero todos saben que el dólar fluctuante y en baja, las retenciones y la falta de crédito más los apretones financieros e impositivos impedirán una expansión exportadora como la que se merece la Argentina. Lo más grave es que no se han conseguido nuevos mercados, no hubo misiones de expertos negociantes para atraparlos, ya.

Los números muestran que las ventas externas son cada año más básicas. La sociedad ha presenciado la falta de mejoras innovadoras en el ámbito exportador y los productos son cada vez menos complejos. Y aunque se espere más el aparato fabril tampoco está en condiciones actualmente de salir a conquistar puntos de venta. Por la recesión, la inflación y la suma de otros nudos conflictivos de la economía el uso de la capacidad productiva de la industria descendió a casi el 64 por ciento sobre un valor óptimo de 100.

El gobierno debería reflexionar sobre los "tiempos" para imponer criterios que, a veces, escapan a la realidad.

Daniel Muchnik
Twitter: @dmuchnik

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