Lunes, 22 Julio 2019 21:00

Cristina, Maradona y la pindonga son una trilogía encantadora

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La ex presidenta maneja muy bien el deporte de irrumpir con palabras que atraen aunque no denoten nada.

 

La utopía de ciertos estudiosos del habla y de la lengua es la de emancipar las palabras de las cosas. “Los límites de mi mundo son los límites de mi lenguaje”, dijo el superlativo filósofo Ludwig Wittgenstein. Trasladando eso al contexto de una campaña política, quien enuncia “pindonga” o “cuchuflito” instaura un mundo de nuevas polémicas, provoca interpretaciones encontradas, y consigue protagonismo político y semiótico.

Cristina Fernández maneja muy bien el deporte de irrumpir con palabras que atraen, aunque no denoten nada concreto.

El término “Pindonga” según la Real Academia Española está vinculado con el verbo “pender”, relativo a algo que cuelga y a la vez con el curioso y ambiguo sustantivo “pingo”, que en la jerga criolla remite a un caballo brioso, pero que también sugiere algo que cuelga. El asunto del “pingo” tiene otra acepción algo más enrevesada. En algunas provincias argentinas es un folklorismo para mencionar al órgano sexual masculino. Pero obviamente una persona viuda en primeras nupcias y tan respetable como CFK no quiso connotar eso, sino otros tópicos más solemnes como la debacle del consumo, y la impericia económica que según ella caracterizan a la gestión del oficialismo.

De “pender” se deriva “depender” estar subordinado o subordinada a algo, o a alguien.

¿Cristina depende ahora de Alberto Fernández o Alberto depende de Cristina?

De “pingo” se deriva también “pingajo” que alude a un pedazo de tela vieja, sucia o maltratada, a un harapo, que -también- cuelga de alguna parte.

Pindonga, en fin, se emparenta con el desprecio, con un menosprecio, un desaire, enunciado según algunos críticos de la verba de la candidata a vicepresidente desde cierto engreimiento. Sería un desdén para referir a algo así como el Nacional B de las marcas de las góndolas.

Cristina consigue condensar en dos palabras un amplio universo de significados. “pindonga” y también “cuchuflito” son actos bautismales. Le impuso sendos nombres a la crisis del consumo.

La teoría de los actos bautismales proviene del lógico y filósofo Saul Kripke, quien analiza lo que ocurre cuando irrumpen de pronto situaciones lingüísticas de designaciones novedosas. Cristina no dijo “mercaderías de menor calidad”, dijo “pindonga” y “cuchuflito” para referirse a “mercaderías de menor calidad”. Simplificó el hecho comunicacional acudiendo a la fuerza de las jergas para bautizar lo que antes tenía otros nombres.

Son actos maradonianos de Cristina. Diego Maradona impuso su sello en el habla popular: “Me cortaron las piernas”, “la pelota no se mancha” o “se le escapó la tortuga” entre tantos otros ejemplos.

Esas destrezas no son menores. Instalan mensajes que se vuelven en el acto populares.

Son artilugios que parecen exorcizar de todo mal a Cristina o al intensísimo Diez. Pero no es así y allí reside la hipnosis tramposa de ciertas palabras. Maradona es popular, pero apoya a un dictador sangriento como Nicolás Maduro que atormenta -precisamente- al pueblo de Venezuela.

Las apariencias engañan.

Cristina, Maradona y la pindonga son una trilogía encantadora.

Hablamos de eso, escribimos, pensamos y debatimos con las palabras bautismales y populares.

Pero en el fondo, los términos así utilizados no se refieren a las cosas mismas.

No significan nada real. Pero esa irrealidad a veces atrae más que la verdad.


Miguel Wiñazki

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