Lunes, 28 Octubre 2019 21:00

El triunfo de “los Fernández” y los explosivos movimientos sociales - Por Carlos Berro Madero

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A horas de la consagración de Alberto Fernández como Presidente de la Nación, nos parece importante recordar algunas cuestiones que acecharán con seguridad a un gobierno que deberá ser extremadamente prudente y mesurado.

 

En efecto, algunos de los movimientos radicalizados que lo rodean –muy cercanos a Cristina Kirchner, la nueva Vicepresidente-, simpatizan claramente con muchos de los principios de la filosofía marxista – rebautizada por el carismático difunto Hugo Chávez como “Socialismo del siglo XXI”-, que pretende dotar al proletariado de un arma ideológica que dispare en el plexo de los principios de la democracia republicana.

El nacimiento de esta filosofía adquirió desde su nacimiento un significado que condujo al denominado materialismo “dialéctico”, consistente en el ejercicio continuo de argumentos y debate de ideas que se desarrollan a través de una acción permanente.

La introducción de esta “dialéctica”, que ve la totalidad del mundo y su evolución como una sola cosa, le permitió a Marx y Engels superar las limitaciones del primitivo materialismo “metafísico”, porque no se trata de un dogma, SINO UNA GUÍA PARA LA ACCIÓN.

Una vez desatado el proceso revolucionario, éste cambia su “piel” tantas veces como sea necesario, para no quedar atrapado en ninguna doctrina específica, sujetándose siempre a ideales abstractos que son fácilmente aceptadas por aquellos desplazados del sistema democrático tradicional, que ven en esta doctrina una suerte de venganza contra aquellos que, en su concepto, los condenan a la exclusión y la pobreza, sin distinguir el hecho cierto de que TODOS LOS SERES HUMANOS NACEMOS DIFERENTES Y CON APTITUDES DIVERSAS O CON NINGUNA EN ESPECIAL.

El continente latinoamericano ha encontrado así una vía de escape que justifique su combate contra una desigualdad que se ha extendido con la contribución irresponsable de una clase política que solo lucha para perpetuar sus propios privilegios, usando al efecto el eslogan de los derechos humanos como pretexto.

Una clase que se ha apropiado de la conciencia de quienes sufren necesidades sociales subsidiándolos en forma dispendiosa sin ton ni son, olvidando que su función debería consistir en realidad en promover el bien común mediante una administración razonable del erario público.

La ausencia de la madurez en el juicio y la falta de sentido común en el seno de gobiernos infestados de privilegios para sus dirigentes, ha terminado recalentando la atmósfera social en toda América Latina, al punto que muchos ciudadanos se sienten hoy identificados con un lema que recuerda de algún modo la caída del Muro de Berlín (dirigido contra los dirigentes soviéticos de la época, por distintas razones por cierto): “nos han engañado durante más de 40 años prometiéndonos una vida mejor que no ha llegado y no queremos saber más nada con Uds.”.

Este sentimiento suele estar más bien en el corazón de la gente que en su cabeza y rodeará seguramente a un frente populista armado por los Fernández “ad hoc”, que alienta una redistribución de la riqueza muy difícil de formalizar, al menos en los términos propuestos originariamente.

Si el nuevo Presidente y sus colaboradores intentan controlar los efectos de nuestra actual decadencia –a la cual han contribuido “generosamente” cuando estuvieron en el gobierno-, olvidándose de las causas que la provocaron, no harán más que reproducir una fotocopia de sus fracasos anteriores.

Afortunadamente, 2019 no es ya 2002 ni 2011, y Juntos por el Cambio logró construir una oposición robusta para la futura recomposición del Congreso Nacional, lo que asegura un mayor control de los eventuales “desvíos” del nuevo gobierno.

El transcurrir de los próximos días indicará de qué manera la “extraña pareja” formada por Alberto y Cristina –que nos recuerda la clásica obra cinematográfica de Neil Simon que pinta la vida en común de dos solterones empedernidos, protagonizada por Jack Lemon y Walter Matthauw-, consigue “ensamblar” sus diferencias.

Hasta entonces, solo es posible asegurar que el 40% de votos obtenidos por el presidente que termina su mandato se muestra como una severa advertencia respecto del retorno de las políticas populistas demagógicas tan caras al perono-kirchnerismo.

Las multitudes que arrastró Juntos por el Cambio en los masivos actos populares de los últimos 30 días han dejado en claro por otra parte, que las cuestiones que nos vinculan a muchos argentinos con la moral y las buenas costumbres gozan aún de buena salud.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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