Miércoles, 11 Diciembre 2019 21:00

Los insatisfechos y vengativos “K” - Por Carlos Berro Madero

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“Regla número uno: nunca confíes demasiado en quienes te prometen mucho. Regla número dos: nunca olvides la regla número uno.”

- W.R. Inge, clérigo irlandés y escritor

 

Ya está. Los Fernández han tenido las ceremonias de asunción como las querían, ornamentando la Plaza de Mayo para recrear el mítico folklore peronista y formulando discursos del perfil que preveíamos: la situación “está peluda” - como dicen en el campo-, y habrá que ir preparando las amarras para sujetar botes que amagan salir a alta mar “por las suyas”.

Estamos convencidos que los errores de Mauricio Macri en materia de administración económica –alimentados en gran medida por el desgobierno de su antecesora-, lo terminaron castigando en las urnas después de haber hecho un gobierno más que razonable en muchos sentidos: libertad, administración de justicia, seguridad, obra pública y transparencia (todo en Internet).

Si no hubiese sido por ello, quizás podría haber sido reelecto para corregir sus errores durante un nuevo período constitucional. Él dice –y estamos de acuerdo-, que muchas bases institucionales quedaron firmes. Sobre todo, porque se rescataron antiguos valores olvidados: el respeto y la diversidad.

Su recuerdo quedará enaltecido, además, por la manera que entregó el mando a su sucesor: como un caballero.

Sin embargo, estamos oyendo la sospechosa pintura de ciertas acusaciones “artificiosas” que ha ido desplegando el kirchnerismo para proponernos resolver nuevamente nuestros problemas económicos mediante un keynesianismo “libremente fluctuante”, para atender “los problemas de los sectores más bajos de la pirámide social” (AF dixit). Los que tienen los votos, como suele señalar un viejo zorro político peronista.

Como si los demás, claro está, fuésemos “de palo”.

Para que esto tenga los efectos deseados, insinúan que declararán un “default” de la deuda pública sin considerar otra solución –dicen-, desechando por el momento la formulación de un plan que combine medidas monetarias y fiscales que permitan tener maniatada la aplastante intervención estatal dispendiosa. Un clásico de sus gobiernos.

Para eso comienzan a prepararse, al manifestar que: “para poder pagar hay que volver a crecer” (sic). Como si el mundo fuera responsable de que queramos vivir por encima de nuestras posibilidades despreciando la productividad, dejándola una y otra vez en manos de políticos (mayormente peronistas casi siempre) que fracasan y vuelven por más, cual boxeadores mediocres a quienes les cuentan hasta 7” en la lona y se levantan con los puños en alto para tapar los magullones de su rostro y nos miran fijamente como diciendo: “estoy para más”.

¿De qué pasta estamos hechos los argentinos?

Los primeros discursos del “reinado F” –sobre todo el de Cristina, agresiva como siempre, en la Plaza de Mayo-, permiten sospechar que los Fernández no vuelven mejores, sino mucho más potentes en su convencimiento de que es el Estado que tiene, por una suerte de “derecho regio”, la potestad de distribuir los fondos públicos a su antojo, para lo cual sospechamos contratarán, como siempre, una manada de elefantes que tirarán al demonio toda la estantería original a fin de ejercer discrecionalmente el poder.

¿Explorar caminos alternativos? No, muchas gracias.

Esa es la verdad que surge de su historia y está al alcance de la mano.

Bueno, a veces no tan al alcance, porque algunos “dinerillos” que emanaron de dicha discrecionalidad, están bien resguardados en las Islas Seychelles, Bancos de ultramar, o vaya a saber dónde, que esconden secretos “cifrados” de la corrupción mundial con una originalidad que provoca asombro a quienes no logran encontrar jamás “nada por aquí” y mucho menos “por allá”.

Ahora vendrá el tiempo de aparcar el chinchorro indómito versión “K”. Y para eso, habrá más impuestos y profusión de “congelamientos” en servicios y alimentos.

Si las preferencias temporales de aquellos que votaron al nuevo gobierno son de mecha corta, aviados estarán sus funcionarios para “poner dinero en manos de la gente”. O lo harán causando el mismo efecto de un fósforo echado como al descuido en un barril de nafta.

Dice Balmes que “hay casos en que, por interesado que parezca el narrador en faltar a la verdad, no es probable que lo haya hecho solo por engañar, sino porque si fuese descubierta en tiempo breve la mentira SIN RECURSOS PARA PALIARLA, ésta se volvería contra él de manera ignominiosa”.

Vemos además al mismo tiempo, la incipiente y subrepticia mutación de muchos comentaristas que comienzan a interpretar las noticias según sus propios intereses, tratando de pintar “de colores” al ¿nuevo? peronismo.

Nos preguntamos intrigados: ¿será por candidez o para mantener a salvo su ego y/o su salario?

A los que han calificado el discurso de asunción de Alberto F. ante el Congreso Nacional como una pieza maestra de “modestia y pacificación política” (sic), les damos nuestra opinión, parodiándola con lo que solemos decir los argentinos de Gardel al oírlo: “sigue cantando mejor que nunca”.

Un rato después, en el tablado del show peronista, se hizo eco sin disimulo de las palabras cargadas de violencia de su resentida “electora” CFK, exhibiendo una peligrosa duplicidad discursiva.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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