Lunes, 09 Marzo 2020 21:00

Aquí no pasó nada - Por Daniel Muchnik

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Los ex-incriminados de corrupción, de saqueo de las arcas estatales, se pasean en libertad. No son responsables de nada: fueron presos injustamente. Y los que dejaron el gobierno son, en parte, responsables

 

El populismo cristinista es especialista en dar vuelta la historia política. Aquí, en la Argentina, no pasó nada. Ellos dicen que se portaron bien, preocupados por la suerte del pueblo. Los ex-incriminados de corrupción, de saqueo de las arcas estatales, se pasean en libertad. No son responsables de nada: fueron presos injustamente, víctimas de una “venganza” de Comodoro Py y de la Casa de Gobierno.

Eso sí: las pruebas de la acción de un subordinado de Julio De Vido que, en medio de la noche lanzó 9 millones de dólares a las puertas de un supuesto convento, quedaron para siempre en la memoria colectiva. No se pueden borrar aunque quieran hacerlo. Otra sorpresa: cuatro millones de dólares tenía la hija de Cristina Fernández en una caja de seguridad bancaria. No es una suma mediocre. ¿Quiénes guardan en un banco semejante fortuna?

Es decir: todo lo que se comprobó a partir del trabajo de los jueces, investigaciones periodísticas, más las constancias que aquí hubo delitos, serios, devastadores, todo eso son hojas que se las lleva el viento. Los delitos no existieron, salvo uno o dos ex-funcionarios, a quienes los peronistas no salvarán. Aquí nadie hizo nada, son todos buenos y honrados ciudadanos. Los incriminados despotrican en público la “maldad” de la Justicia, de la Justicia comprometida en hacer daño.

Aferrados en sus criterios, el peso de la venganza cae ahora sobre los jueces, sin miramientos. Cambiarán todo el esquema tribunalicio. Los arrinconan con los sueldos y las altas jubilaciones. Tampoco ocultan el odio al gobierno anterior, a quien le pasan el sambenito de lo mismo que fueron acusados ellos. Y estamos a tres meses de la nueva administración.

En esta negación de la realidad, en esta fantasía hay, sin embargo, responsables. Fue Mauricio Macri junto con sus asesores principales (Marcos Peña y Jaime Durán Barba) los que en su momento “eligieron” como contrincante electoral a Cristina Fernández.

Creían que lo que se da en llamar “peronismo” estaba fragmentado, que la expresidente estaba olvidada y podían ser superados con un seguro caudal de votos. Se equivocaron de cabo a rabo. Ante la oportunidad electoral, el peronismo se unió para ganar. Eran un archipiélago: los gobernadores anti-Cristina, los históricos, La Cámpora y un desprolijo montón de ideas, militancia y visión de la Argentina y el mundo.

El macrismo se equivocó muchísimo. Primero se consideraron el “mejor gabinete”, gente irremplazable. Eran altos gerentes de empresa y algunos especialistas bien considerados por el establishment político y financiero. Bajo la bandera de la “voluntad”, se alejaron de las necesidades de la población. No tuvieron ni piedad ni sensibilidad.

No se dieron cuenta que entre el hambre y el asfalto del cual se vanagloriaban los macristas la gente elegía sin duda comer bien todos los días. Eran, lamentablemente, incompatibles.

La conducción económica, en la sucesión de ministros, fue contradictoria e insensible. Hubo enfrentamientos internos. Y en el 2017 comenzaron a aplicar una estrategia económica sin miramientos, sin criterio y sin sensibilidad.

Algunos ministros se parecieron más a empleados del Fondo Monetario Internacional cuando pidieron ayuda en Washington que funcionarios comprometidos con el país. El indicador de pobreza se incrementó con cifras nunca padecidas en el pasado. La clase media fue ahogada, aplastada por la inflación, la presión impositiva y el desconcierto.

Cerraron sus oídos a los consejos permanentes y las críticas persistentes de sus aliados radicales que tienen una larga experiencia histórica y un olfato especial del sentimiento popular. Elisa Carrió no admitía tropiezos y fue crítica varias veces de las decisiones de Balcarce 50.

Habían ganado en el 2015 por el desborde, la falta de sentido común y la crisis del gobierno cristinista. En 2019 perdieron ante el peronismo porque no supieron conducir el país.

Los críticos del peronismo y del macrismo han quedado desorientados y pasan un mal momento, escépticos de las perspectivas futuras. Porque los peronistas lo han dicho: han venido para quedarse.

En el centro de la problemática política Argentina tiene por primera vez un gobierno bifronte y miradas muy distintas en el interior del movimiento. Alberto Fernández, por su propia experiencia, asume la prudencia y el recato que carecen los otros. Se ha propuesto remediar el momento señalando, con realismo, que la deuda que dejó el macrismo es impagable.

Pero saltan problemas de todo tipo, disputas y competencias en cotidianidad de la política, y las noticias del mundo no ayudan. Son montañas elevadas que lo agobian: la economía, la pretensión de los bonistas que nunca quedan conformes, el rostro hierático de los empleados del Fondo Monetario.

El futuro es bastante duro e incierto. Todo dependerá de la suerte y de la voluntad de los que ejerzan en serio la política con mayúsculas. Este, el actual, es –con ganas– el quinto o sexto peronismo. Cada uno aplicó las estrategias contradictorias con sus propios principios. Nunca se parecieron y cada uno actuó por su cuenta. Veremos cuál será el sello distintivo del presente.

Daniel Muchnik
Twitter: @dmuchnik

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