Loris Zanatta

 

Combatir la inflación congelando los precios es como eliminar el tráfico eliminando los semáforos. ¡Inténtenlo! Los precios no son de plastilina, no se pueden manipular a voluntad: si lo hacés, te pasan factura. Tampoco son el demoníaco diseño de especuladores voraces.

 

 

Es más fácil disparar contra el Estado que proponer su reforma, llamar a cruzadas que tejer alianzas, negar el cambio climático que enfrentar sus desafíos.

 

 

La “platita”, las heladeras y la comida preelectorales, en la tradición de las citas de Eva con el “pueblo”

 

 

En cualquier democracia occidental, es difícil imaginar una explícita intervención eclesiástica en la coyuntura política; no es el caso de la Argentina

 

 

Todo surge de una derrota electoral. El que gana canta y festeja, el que pierde llora y desespera.

 

 

Arrojada del tren de la Ilustración al que intentaba subir, la Argentina fue devuelta por el peronismo a la carroza de los Reyes Católicos

 

 

Como Castro y Perón, Chávez y Morales, Castillo es hijo legítimo de la cristiandad hispana; en su nombre se combaten el racionalismo ilustrado y la secularización

 

 

¿De veras el Gobierno tardó tanto en contratar Pfizer y otras vacunas porque son producidas en Estados Unidos? ¿Por las diabólicas multinacionales farmacéuticas? ¿Porque son “occidentales” y “capitalistas”? Pasó meses agarrándose de los clavos y poniendo excusas, pero cuanto más tiempo pasa, más evidente parece: ha comprado o descartado vacunas con base en criterios ideológicos. Como aquellos que no beben Coca-Cola ni escuchan rock porque son “imperiales”; no lo son ni más ni menos que el cine o el motor eléctrico, la teoría de la evolución o la de la relatividad, casi todo lo que usamos y consumimos cada día.

 

 

La hegemonía de la “nación católica” es el lastre que pesa sobre el desarrollo de un país donde la política y la economía no se emanciparon de la teología

 

 

No se necesita un telescopio para ver cómo avanza el tsunami populista y se tambalean por todos lados las instituciones republicanas.

 

La campaña de vacunación avanza a paso de tortuga. Por todos lados se oyen acusaciones y coartadas, reclamos y justificaciones, ataques y contraataques. El Gobierno está en el banquillo, pero no puede quejarse: suya es la responsabilidad, suyas las expectativas desatendidas. Es fastidioso recordarlo, pero apenas ha pasado un año de las famosas filminas, poco menos desde que el Presidente anunció triunfal el acuerdo con AstraZeneca: ¡la Argentina iba a liderar la cruzada contra el virus! Pensándolo ahora, en verdad sí hay de qué sonrojarse. El tiempo no perdona. El príncipe debe ser amado y temido, escribió Maquiavelo, nunca caer en el ridículo. ¿Quién volvería a respetar su autoridad?

 

 

La encrucijada es la de siempre: reforma o redención, pragmatismo o mesianismo, democracia o autocracia. No son diferentes matices de una misma cosa, sino cosas opuestas, visiones del mundo alternativas.

 

 

Es hora de desacralizar la política, de emanciparla de la teología, de secularizarla; que la inteligencia colectiva prime de una vez sobre el capricho del caudillo “popular”

 

 

No hay un día en que no se sepa de un argentino que emigra, expulsado por el cerril nacionalismo populista

 

El de Formosa no es un caso único en la Argentina ni en América Latina. No es el primero ni será el último. Nos acostumbramos a llamarlos “feudos”, y en el fondo eso es correcto: hay un monarca llamado gobernador y unos súbditos llamados ciudadanos, pero no es la ley la que reina, su impersonalidad, su universalidad. El “feudo” se basa en relaciones serviles y personales: protección a cambio de lealtad, favores a cambio de obediencia, prebendas para el devoto y ostracismo para el hereje.

 

 

¿El Gobierno considera oportuno vacunar a ministros, gobernadores, jueces de la Corte, a todos los altos cargos del Estado? ¿A otros más? ¿Basado en su rol institucional? Legítimo. Siempre que no dependa del partido, la familia, la billetera; que explique quién y por qué; que se responsabilice por ello. La transparencia lo es todo en democracia. Algunos fruncirán la nariz: ¡la casta habitual! Otros aprobarán: es lo correcto. Todos expresarán su opinión en las urnas, sobre esto como sobre el resto.

 

 

¿Qué demonios de peronismo fue el menemismo? ¿Una anomalía, un error?

 

“Mirada etnocentrista”. El ministro de Gobierno de Formosa desestimó así las acusaciones de violación de los derechos humanos. Traducido: la gente de la Capital, blanca y próspera no puede entender la “cultura” de nuestro “pueblo”.

 

 

Nada es más arrogante que el nacionalismo, nada más presumido que la autarquía. Ojalá que el triste final de Trump anuncie también el final de estos tiempos oscuros.

 

No creo que los kirchneristas conozcan la historia del peronismo. Es probable que hayan ingerido pequeñas píldoras, leído los clásicos del “socialismo nacional”, asimilado cierta catequesis. Sin embargo, hacen lo que el peronismo hizo, dicen lo que dijo, siguen las huellas que dejó. ¿Coincidencia?

 

 

 

¿Cuándo se jodió la Argentina? ¿Por qué perdió el rumbo? ¿Cuándo y por qué comenzó a caer por la pendiente de la decadencia? La pregunta, lo sé, no es nueva ni original. Es más bien vieja y rancia. También está mal planteada. ¿De qué decadencia estamos hablando? ¿Económica, civil, institucional? ¿Moral? Quizás sea inútil: no hay una respuesta única, ni habrá consenso. Sin embargo, no hay forma de evitarla, la realidad la impone: el declive de la Argentina es un caso único en la historia contemporánea.

 

 

El 2 de mayo de 1950, The New York Times anunció la concesión de un crédito bancario a la República Argentina. Perón había estado llamando a la puerta del gobierno de Estados Unidos durante meses. Con tal de que no lo llamen "crédito", suplicaban sus emisarios. ¿Como justificarlo, si no, ante los descamisados que solía arengar contra el Imperio, los cipayos, los vendepatrias? ¿Cómo explicar que la Argentina "soberana" del justicialismo iba a Washington con el sombrero en la mano? La historia de las deudas argentinas, por si hubiera dudas, viene de lejos.

 

 

La Argentina no es Venezuela, pero lo intenta. Hay semejanzas que dejan pensando. A ver si esta historia les sugiere algunas.


 

La Argentina está sin rumbo. El Gobierno no tiene planes, no tiene ideas, no tiene idea. Sostener la economía, fomentar la producción, liberar las energías, cooperar con los vecinos, imaginar el futuro: nada. Solo manotazos de ahogado, venganzas por doquier, rencorosa búsqueda de chivos expiatorios, pequeños parches en grandes agujeros. Y peronistas contra peronistas, a ver quién es más peronista, la historia de siempre. Da miedo.

 

Critiqué al Gobierno en relación con el Covid, y el Gobierno respondió. El canciller, para ser precisos. ¿Será porque soy extranjero? En la medida en que puede ser extranjero un italiano en la Argentina, o un argentino en Italia. Le estoy agradecido, aun si me ha maltratado. Se lo notó muy molesto. Será que le he tocado un nervio.

 

 

Si la verdad es que el mundo tiene convulsiones, también lo es que estamos todos en el mismo barco. ¿Lo estamos, verdaderamente?

 

 

Primero fueron las filminas, ahora la vacuna. ¿Mañana? Durante meses, armado con su varita, el Presidente sermoneó que la Argentina era la mejor, que los chilenos eran un desastre, que los suecos, peor; que todos fueran a la escuela. "¡No pasará!", pareció gritarle al virus.

 

 

Alberto o Cristina, Cristina o Alberto, hace meses que no se habla de otro tema. ¿Será normal? La dialéctica política argentina no pasa, como en cualquier democracia, por el gobierno y la oposición, la mayoría y la minoría.

 

 

Soberanía alimentaria, soberanía monetaria, soberanía aeronáutica, soberanía energética: el gobierno peronista está obsesionado con la soberanía.

 

 

¡Cómo ha cambiado la Argentina desde la última vez que la visité! Recuerdo que todos los días se medía la pobreza: la Iglesia tronaba, los sindicatos marchaban, los "movimientos populares" bloqueaban puentes y carreteras. Ahora nada, silencio, paz social, "todos en casa". ¿Será la pandemia? ¿O que ha cambiado el gobierno?

 

 

 

Tuve un sueño, era acreedor de la Argentina.

 

 

Nada como la pandemia nos muestra la fuerza o la debilidad de la sociedad y sus burocracias administrativas; la verdadera fortaleza está en gobiernos serios, transparentes y eficientes, y ciudadanías activas e informadas, decididas a controlar el poder

 

 

Dicen que es una guerra. Puede ser, pero hay que tener cuidado, las metáforas siempre esconden alguna trampa: ¿acaso una pandemia se combate con las mismas armas que una guerra?

 

 

La biografía política de Ernesto Cardenal, recientemente fallecido, invita a reflexionar sobre la vigencia de unos ideales que, a la larga, solo han producido opresión y miseria

 

 

Alberto Fernández tiene razón en cargar contra el legado económico de Mauricio Macri. Y Macri la tenía cuando lo hacía contra el que le había dejado Cristina Kirchner. ¿Acaso se equivocaba su marido Néstor, al despotricar contra el desastre del 2001? ¿Y Carlos Menem al quejarse de la hiperinflación heredada de Raúl Alfonsín?

 

 

Como Italia, la Argentina se ha acostumbrado a vivir por encima de sus posibilidades, a anteponer las rentas al trabajo y el consumo a la producción

 

 

Foro. El encuentro organizado en el Vaticano reunió a prestigiosos especialistas internacionales, pero no mostró pluralismo de ideas

 

Superpoderes para superhéroes. ¿Puede haber superhéroes sin superpoderes? Evita, Maradona, el Che: los superhéroes siempre han sido muy populares en la Argentina. "Bienaventurados los pueblos que no necesitan héroes", decía Bertolt Brecht. Pero hay héroes y héroes.

 

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