Sergio Berensztein

Apenas a un año de un eventual cambio en el poder sigue el drenaje de empresas, a pesar de que las fuerzas de oposición muestran un compromiso más definido con una agenda de reformas económicas

El inicio del campeonato y el entendible entusiasmo que despiertan Messi y compañía dispararon las fantasías de quienes suponen que un eventual éxito deportivo podría mejorar la performance oficialista en las urnas

La reciente elección de mitad de mandato en Estados Unidos ratifica que los sondeos de opinión pública suministran una notable riqueza informativa para elaborar diagnósticos de cara a procesos electorales (la imagen de determinados líderes políticos, las prioridades de una sociedad en un momento determinado), enriquecer las propuestas y la narrativa de los contendientes e identificar las fortalezas y debilidades de los rivales.

Vivimos una era político-electoral caracterizada por narrativas tajantes, con escasos matices, estructuradas en argumentos encendidos y aun extremos. En democracias maduras y en entornos institucionales más endebles, tiende a predominar un rechazo a formas y valores hasta hace poco considerados incuestionables, con estrategias deliberadas para lograr una diferenciación no solo dentro, sino entre espacios o partidos políticos.

Aunque sigue siendo cierta la máxima “con Cristina no alcanza, pero sin ella no se puede”, evidentemente algo ha cambiado. Disputas por el territorio, internas y pelea por un lugar en las listas. 

Países eternamente improvisados se dan la mano con aquellos que llevan décadas de estabilidad y que eran considerados símbolo de robustez y coherencia política. Las democracias liberales encuentran sus puntos en común con las autocracias.

Con la extrema cautela con que deben tomarse esta clase de sondeos, las principales tendencias de opinión pública de cara a las elecciones del año próximo sugieren un panorama desolador para el oficialismo. La peor noticia para el peronismo no es esa: la situación económica, de lejos la principal preocupación de los argentinos, se mantendrá igual de mal en el mejor de los casos.

Los cambios sintetizan la irrelevancia en la que ha caído el gabinete y las profundas diferencias internas, las cuales terminan definiendo el funcionamiento confuso y equivoco del gobierno. 

Hay diferencias ideológicas que afectan la gobernabilidad. Sucede en el manejo de la seguridad pública, pero también de la economía. 

Las elecciones en Brasil corroboraron una tendencia que se vislumbra desde antes de la pandemia en Europa y América Latina: con la excepción de Emmanuel Macron en Francia y las de mitad de mandato de México, los incumbentes suelen perder. En algunos casos demuestran ser competitivos (y hasta sorprenden, como Jair Bolsonaro), pero en otros ni siquiera afectan la definición de los candidatos, tal el caso en Colombia.

Según un sondeo, todas las demás cuestiones de la vida institucional son de menor importancia relativa. Mientras el gobierno no logre mostrar resultados concretos en esta materia, será difícil que pueda recuperarse. Qué opinan los encuestados sobre la posible eliminación de las PASO. 

La frágil paz del último mes fue la excepción, no la regla. Aparecieron discusiones en torno al acto del 17 de octubre, confrontaciones entre el Ministro de Desarrollo Social y La Cámpora y cruces entre miembros del gabinete económico y la vicepresidenta. 

Inflación, incertidumbre respecto del futuro de la economía, inseguridad y bajos salarios constituyen las principales preocupaciones de los argentinos. Predomina un clima de escepticismo, desesperanza, angustia y frustración frente a la ausencia de perspectivas respecto de una salida realista de la actual crisis.

La inflación, la incertidumbre sobre la economía, la inseguridad, los bajos salarios y la corrupción son las principales preocupaciones que aquejan desde hace tiempo a los argentinos. La agenda de la mayor parte de la política y en especial del Gobierno está desacoplada de esas prioridades de la sociedad.

Una vez más, la cuestión del diálogo entre gobierno y oposición aparece en agenda. Se trata de un tema tan recurrente como elusivo: nuestro país está caracterizado por una cultura política basada en la confrontación, en el énfasis en las diferencias, hasta en la “demonización” del otro.

La visita de Sergio Massa a los Estados Unidos consolida el giro pragmático que experimentó el Frente de Todos en los últimos tiempos de la mano de la propia Cristina Fernández de Kirchner.

La vicepresidenta es controversial y divisiva. La economía es penosa e impide alimentar el “relato”. Pero ella ya supo cómo reconstruirse como una candidata exitosa. La pregunta precisamente es si el mismo truco le saldrá de nuevo. 

A poco más de una semana del frustrado intento de magnicidio contra la vicepresidenta, se plantean interrogantes que, a la luz del bajísimo umbral de desarrollo institucional que caracteriza a nuestro enclenque sistema político, podrían derivar en conclusiones alarmantes.

El apagón intelectual de la Argentina resulta un doloroso enigma; pese a los problemas que afectan nuestra calidad de vida, no existe un sentido de urgencia colectiva por modificar el curso de acción

La vicepresidenta tiene la oportunidad de instalarse como la líder indiscutida de todo el peronismo unido, pero corre riesgos. Todo lo está haciendo desde una situación de enorme debilidad.

Mientras algunos dirigentes en el Frente de Todos aspiraban a “normalizar” la relación con Estados Unidos, los apoyos que recibe la vicepresidenta alimentan la retórica antinorteamericana. 

Desde su despacho en el Congreso, Cristina Fernández volvió a confundir las esferas pública y privada y lanzó una defensa personal como contraofensiva al acorralamiento que le impusieron los fiscales de la causa Vialidad.

Se sabía que, en el triángulo del Frente de Todos, el dirigente más a la derecha era Sergio Massa. Lo que es una novedad es el giro a la izquierda del Presidente ante la agenda que quiere imponer el ministro de Economía, la misma que quería imponer Guzmán. 

El confuso anuncio de recomposición tarifaria generó más dudas que precisiones respecto del futuro del programa económico del FDT. Por un lado, el ahorro fiscal esperado para este año será ínfimo en el mejor de los casos. Por otro, como no se realizaron las audiencias públicas correspondientes, su implementación podría demorarse si el trámite quedase trabado en la Justicia.

Córdoba y sus protagonistas configuran un intrincado enigma político. Existen múltiples circunstancias, que involucran principalmente a la oposición de Juntos por el Cambio, aunque también al oficialismo, que hacen de esta provincia un escenario tan singular. 

Aunque Massa carece aún de un plan de estabilización integral, coherente y bien diseñado, su visión apunta a un país diferente del que surge de los conceptos fracasados del ala más dura del FDT

Los próximos pasos en Juntos por el Cambio dependerán, en parte, de los diagnósticos y conjeturas que se realicen respecto a la suerte o no que pueda tener el flamante ministro de Economía.

El líder del Frente Renovador no llega como lo hicieron Cavallo o Sourrouille. Sus metas son más humildes: contener la crisis, desacelerar la inflación y prevenir la aparición de nuevos episodios traumáticos.

La magnitud de la crisis que enfrenta la coalición gobernante llegó a tal extremo que el costo del statu quo es muy superior al de un nuevo giro pragmático, cuya dimensión y alcances precisos aún se desconocen

Atravesando la fase más desquiciada de su autodestructivo gobierno, el Presidente y algunos dirigentes de confianza ponían sus esperanzas en una suerte de ayuda mágica y misteriosa que obtendrían desde la Casa Blanca

La Vicepresidenta ya anticipó que no dará más discursos lapidarios, aunque si Batakis avanza en el acuerdo con el FMI entrará en tensión con el discurso K. 

Agudos comunicadores y analistas sospechan que Cristina Kirchner buscaría asfixiar políticamente a Alberto Fernández y obligarlo a dimitir; Fernando Navarro negó esa posibilidad y alimentó así más rumores

Hasta ahora la vicepresidenta trataba de evitar el involucramiento directo en la gestión económica, pero con la designada ministra de Economía eso cambia. 

Cada día que pasa, el margen de maniobra del Presidente disminuye; son horas cruciales, y más que una lapicera, el mandatario pareciera tener entre sus dedos una inasible arena que se le está escurriendo

Dirigentes, organizaciones sociales, intendentes y gobernadores discuten por la administración de las cajas. Sin embargo, deberían estar pensando en un programa integral que fomente el empleo privado, aumente la productividad y los salarios. 

Lo que el mundo considera una aberración, en la Argentina hubiese sido un éxito. Un dígito alto de inflación despierta una enorme y natural alarma en Estados Unidos y en el Reino Unido. Sus respectivos bancos centrales comenzaron a corregir la política de tasas de interés luego de una larguísima década de dinero ultrabarato, con cenit durante la expansión de la base monetaria sin precedentes de la pandemia.

Si bien el aumento de la conflictividad se da en todo el país, el epicentro es la Ciudad de Buenos Aires. ¿Cuánto se puede seguir tensando la cuerda sin que se generen episodios más complejos en materia social? 

A sus brutales disputas internas y su pésimo manejo de la economía, con el episodio del avión venezolano-iraní, el oficialismo suma sospechas crecientes sobre un eventual realineamiento de la política exterior

Al Frente de Todos, le costará recuperar la competitividad de cara a 2023 si la inflación no merma y los salarios no se recomponen: la primera que lo debe interpretar de esta manera es Cristina Kirchner. 

¿La pelea en el Frente de Todos entró en una nueva etapa de denuncias cruzadas de corrupción? De ser así, el deterioro del oficialismo podría acelerarse aún más y comenzar a incluir ribetes judiciales.

Contra el orden establecido: llama la atención que a pesar de la acumulación de fracasos tanto en términos económicos y sociales como político-institucionales el país haya sido hasta ahora inmune a estos fenómenos

Alberto Fernández tiene la lapicera, pero no cuenta con los apoyos políticos necesarios para terminar de relanzar la gestión independizándose del kirchnerismo. En un marco como el actual, las atribuciones del hiperpresidencialismo argentino han demostrado servir de poco. 

Si la oposición tiene la intención de implementar un plan de estabilización y lo presenta ahora, correría el riesgo de desgastarse. Y el ala moderada del Gobierno se ha quedado sin alternativas y sin credibilidad para implementar un plan. El kirchnerismo, por su parte, entiende que los votos se ganan con consumo. 

La agrupación mayoritaria de la coalición gobernante sufre las consecuencias de la disputa en la cúpula del poder: no tiene un líder que ordene y no cuenta con candidatos competitivos.

El debate público en la Argentina tiene dos focos principales. Por un lado, la dinámica que puede tomar una crisis en la que sobresalen la aceleración de la inflación y el fracaso del programa con el FMI para influir en las expectativas de los agentes económicos.

Tarde pero seguro: la gran novedad de la última semana es que Alberto Fernández finalmente responde a los ataques con los que hace más de dos años el kirchnerismo duro lo viene acosando. Se acabó su postura pasiva, la paciencia estratégica con la que hasta “la clase magistral” de Cristina en el Chaco trataba de digerir un menú de agresiones que fue no solo in crescendo, sino que terminó impactando en su reputación y en la de su administración.

Días después del discurso de Cristina en Chaco donde redobló las apuestas, Alberto Fernández empieza una recorrida por Europa junto al canciller Santiago Cafiero. 

La mayor dificultad que tiene la vicepresidenta parece ser la realidad; las preferencias de buena parte de la sociedad vienen cambiando como consecuencia de la consolidación del modelo estanflacionario

Para el Frente de Todos, el campo constituye un actor difícil de satisfacer, del cual trata de obtener la mayor cantidad de recursos posibles, lo que afecta el equilibrio de una coalición llena de conflictos y divisiones.

La vicepresidenta insiste en cuestiones que, ante un cálculo objetivo que cualquiera puede hacer, están destinadas al fracaso. 

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