Carlos Fara

 

Las frases tienen sentidos diferentes dependiendo del contexto. En la lógica cultural local, el título de esta nota puede significar crisis irremediable. Pero si lo ponemos en el contexto noticioso de estos días puede implicar que la Argentina llegará a algún tipo de acuerdo con el nunca bien ponderado Fondo Monetario Internacional. Hasta Milei y Grabois coinciden en que el FMI no es una institución útil y/o loable.

 

Hay funcionarios que no funcionan, y precios máximos que tampoco funcionan. Al menos eso cree el 55 % de los bonaerenses. Solo el 17 % piensa que eran necesarios y el 28 % está en una posición intermedia: “no sé si sirven, pero algo había que hacer”.

Queda una sola semana de campaña. Pero curiosamente las campañas han casi desaparecido de las noticias porque ¿a quién le interesan? Obviamente no son ninguna prioridad para los votantes, ergo los medios las reflejan poco.

Hace un año CFK emitía su famosa carta sobre los “funcionarios que no funcionan”, entre otras “marcadas de cancha” a Alberto, lo que fue el comienzo de una permanente tensión indisimulable, aunque en la intimidad Ella ya venía sintiendo desazón respecto a la tarea del presidente.

¿Pasan cosas? ¿O las cosas pasan? En este caso, el orden de los factores altera el producto. Si pasan cosas, entonces hay sucesos relevantes, que dejan huella. Si las cosas pasan da la impresión de que es un “todo pasa”, como dijo el filósofo Grondona.

 

Es el nuevo mantra oficialista, que busca salir de la inercia y pasar a lo propositivo.

 

Llevamos 10 días con nuevo gabinete. Hasta acá han seguido el manual al pie de la letra: anuncios por doquier para mostrar reacción, aflojar tensiones innecesarias, insuflar optimismo, ordenar las fuerzas y el discurso, al mismo tiempo que le piden al ministro Guzmán que sea más “manosuelta”. Eso no evitó que después de firmar una tregua siga habiendo algunos tiroteos aislados.

Llegó Superman… zur. ¿Será el hombre de acero que nos salvará de todos los males que nos acechan? Al menos lo intentará. Por lo pronto vino a dar buenas noticias, que es lo único que nunca puede faltar en el manual de un gobierno en crisis. ¿Servirán? Vamos a ver.

 

La Cristina silenciosa y cabizbaja que apenas aplaudió el domingo a la noche daba la impresión de ser la esposa de un marido a quien todo el mundo mira con vergüenza ajena, y que le estaría transmitiendo “ya vamos a hablar cuando lleguemos a casa”. Alberto sobreactuando entusiasmo en su acto del martes. Como siempre dice el filósofo contemporáneo Tati Vernet, “el problema de perder es la cara de boludo que te queda”.

 

 

A partir de principios de junio de 2020 Alberto perdió el rumbo y el estilo estratégicos, empezando a romper el contrato que había firmado con la mayoría de los votantes.

 

 

Estamos transitando las últimas horas de campaña entre cumbias, traps, videos sugerentes sobre que estamos todos calientes, cartas astrológicas, etc. Era de esperar que hubiera más de un desatino dando vuelta: el médico se para frente al paciente; le golpea una rodilla con el martillo para ver sus reacciones vitales; el paciente no reacciona; el médico vuelve a golpear más fuerte; y así sucesivamente.

 

 

Lo imaginado se está cumpliendo: para todos los campamentos políticos están resultando las campañas más difíciles desde que se tenga memoria.

 

 

Uno debería imaginar que suizos respetables como Federer o Úrsula Andress no hacen el amor y son terriblemente aburridos. Sobre todo, ella que fue la primera “chica Bond” en Dr. No. Menos mal que ahora existe el streaming para ver dramas (de los demás, porque como dice De Niro en el famoso spot publicitario: “en Suiza no hay drama”). Por suerte en Argentina no nos aburrimos y se g…a. ¿Acaso en estas elecciones esos son dos ejes relevantes? Divertidos y se g…. vs. aburridos y que no g…? Los devotos del TikTok se quedaron cortos en su creatividad.

 

 

Al no tener depredadores naturales que los ataquen, se han ido reproduciendo y amenazando la comodidad de seres más grandes que ellos. No nos referimos a los carpinchos de Nordelta, sino a las fuerzas que puedan roerle votos a las dos coaliciones grandes.

 

Cristina se dispuso a darle lecciones de conducción política a Alberto en vivo y en directo. Ella puede tener muchos defectos, pero definitivamente sabe conducir. Le dio un buen consejo: que ponga orden. Una palabra clave en el diccionario kirchnerista desde siempre.

 

Largaron y ya se puso caliente la discusión. Los dos jockeys se empezaron a dar con la fusta antes de entrar a la primera curva. Dirían los fanáticos de “lo que impacta”: “¡pero así ganamos rating! Si no, la gente no le presta atención a la pelea”. Respondería el estratega: “siempre y cuando no se desposicionen en los candidatos…”.

 

Con el oficialismo sin definir cabeza de lista en el distrito más grande del país, la primera fase de la danza electoral ya está en marcha. ¿Habrá sorpresa para el sábado a la noche cuando expire el plazo de inscripción? Puede ser. En política, cuando algo suena demasiado en los medios de comunicación, no siempre se concreta. De todos modos, cabe aclarar que la sorpresa puede ser política, pero no de opinión pública, con lo cual el juego pasa por otro lado.

 

 

2021 no es una elección de medio término, sino la prueba de clasificación para 2023. Esto significa que ya empezó la futura elección presidencial. Alguien podría decir: “pero eso sucede siempre”. No siempre es así. Cuando el liderazgo está consolidado (las previas de 1995, 2007 y 2011) el foco político es otro: se trata para muchos de posicionarse a futuro, pero el juego es mucho más acotado. Pero cuando reina la incertidumbre (las previas de 2001, 2015 y 2019) toda la estructura cruje.

 

 

Tanto viento tormentoso… Al final el mar se iba a agitar más de la cuenta. Es la primera legislativa del gobierno desde su regreso al poder. Con los malos antecedentes de 2009 y 2013, se suman las tensiones internas. La principal oposición, protagonizando una comedia de enredos, con un equilibrio tan inestable que pasó de ser la interna del PRO a “Adelante radicales” en cuestión de días. Y como si eso fuera poco, se sumó un actor con expectativas a la oferta nada menos que en el principal distrito del país.

 

 

Aunque recién ahora se aprobará en el Congreso la postergación del cronograma electoral, en 40 días habrá que inscribir alianzas y en 50 las listas de candidatos para los comicios de este año. ¿Ya? Algún día iba a llegar…

 

¿Argentina está peor que el mundo en materia de pandemia? Depende cómo se lo observe. En muertos respecto a la cantidad de contagios, el mundo tiene 2 %, nosotros 2.1. En curados respecto a los contagios, el mundo tiene 88 %, nosotros 89.

 


Empezamos esta nota parafraseando al “filósofo contemporáneo” Roberto Giordano, autor de la famosa máxima: “No me peguen, soy Giordano”, en una situación desgraciada. Distintas son las desgracias por las que está pasando Alberto en estos días. No importa si tiene o no razón política o legal.

La pregunta hasta el final de la carrera electoral será si es menos malo que se pare la economía o que se desborde el sistema de salud.

 

 

Una situación de alta tensión bien manejada no evita costos, pero los amortigua. Una situación de positiva mal manejada se pierde de maximizar sus beneficios. Una situación de complejidad superlativa mal manejada puede terminar en desastre, aunque no automáticamente. Siempre se disparan reacciones frente al espanto que aminoran las tragedias. En el medio de la locura no se ven, pero existen.

 

¡3, 2, 1, al colegio no va ninguno! Con estas rimas jugábamos cuando éramos chicos (cuando la única forma de ver el mundo era a través de los ojos de los mayores). Pues nos hemos metido en un terrible berenjenal jurídico que tiene una sola gran explicación: los posicionamientos hacia 2023. ¿Tan brutal?

 

 

 

A mediados de diciembre, hace casi 4 meses, publicamos en este espacio la columna “¿Pasan las PASO?”. Ahí comentábamos la curiosa situación de coincidencia política entre la visión de La Cámpora y la de la mayoría de Juntos por el Cambio respecto a implementar el sistema de primarias, aunque estaba abierta la puerta para un eventual corrimiento del cronograma. ¿Qué se está discutiendo hoy en la política argentina? El mismo tema…

 

Hace un año atrás Alberto era Gardel, con altos niveles aprobación, imagen positiva y consenso. Había alumbrado algo parecido a un líder. Cristina estaba atenta desde el Senado. Horacio Rodríguez Larreta era el jefe del gobierno de la CABA, sin carisma, pero hábil gestor, obligado a ser muy prudente después de la derrota electoral de Macri en la presidencial. El ex mandatario se había retirado con el 40 % de los votos, premio superlativo para alguien con mucha imagen negativa.

 

 

Cristina deberá estar pensando con la renuncia de la ex ministra Losardo, “se hizo justicia”. Losardo y Alberto pensarán que fue “injusto” que se deba ir “agobiada”. Pero el poder es el poder. Qué es “lo justo” lo juzgará cada un@. El punto es qué confluencia de factores hace que se vaya una persona íntima y fiel del presidente. La respuesta más simplista es que Ella presiona según sus intereses hasta que El cede. Pero la trastienda es bastante más compleja.

 

 

El escándalo reveló que el problema del Gobierno no es la comunicación, sino el modelo de liderazgo.

 

Vacuna es una deidad que los romanos adoraban, sobre todo, los habitantes del campo. Le ofrecían sacrificios, principalmente, en el tiempo en que se habían concluido las labores. Según una versión esta diosa es la misma que la diosa Victoria. En todo caso, parece tratarse de celebrar un logro, un triunfo. Curiosa asociación, pero la etimología de nuestra palabra “vacuna” es bien distinta.

 

Cuando más de un posible cliente nos pregunta cómo arrancar un proyecto político o una candidatura en particular, muchas veces nuestra respuesta es: dígale a la política y la sociedad a dónde quiere ir. Esto es: haga un manifiesto, “plante una pica en Flandes”, haga algo que llame la atención sobre su intención de arrancar con algo. Es como levantar la mano en clase y pedir la palabra.

 

Desde que apareció la pandemia del COVID-19, los oficialismos de turno en la región están electoralmente en problemas. No todo se debe al impacto del virus, pero está claro que la aparición del bicho y sus consecuencias socio económicas limitaron la capacidad de maniobra para mandatarios que ya venían navegando con dificultades.

 

 

En cualquier otro momento de la historia estos primeros días del año hubiesen sido un tiempo apacible, sereno, casi como un objeto suspendido en el aire, que lentamente iba acelerando su movimiento en la segunda quincena de enero, tomaba ritmo normal hacia febrero, y decididamente se aceleraba de marzo en adelante. Los primeros quince días de enero eran como el interior de una nave espacial, donde no se registra la gravedad. Era normal, luego de la intensidad de las fiestas de fin año, los seres humanos entrábamos en una etapa de recuperación de energía y el necesario sosiego.

 

 

¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad! reza una de las estrofas de nuestro himno nacional. Después de estar muchos meses encerrados era lógica que “estallaron las fiestas clandestinas”, titularía placa roja de Crónica. “Pero qué irresponsable que es la gente” comentan algunos.

 

 

Literalmente significa “reunión de demonios” en su primera acepción. En la segunda se refiere a “lugar en el que hay gran confusión, ruido y griterío”. No importa si él o la lector/a es creyente. Seguro se sentirá comprendid@ por cualquiera de las dos acepciones, o por ambas. Pandemia y pandemónium significan cosas totalmente distintas y sin embargo hoy se nos parecen tanto. Diría Les Luthiers en “El rey enamorado”: “caramba, qué coincidencia!”.

 

El sistema de primarias abiertas necesita tres reformas básicas para recuperar legitimidad: que 1) el voto no sea obligatorio, y así evitar fastidio de la ciudadanía, 2) los partidos o alianzas que no posean primaria no deban tener boletas en los recintos, y 3) cambiar el sistema de votación por boleta papel única, modelo Córdoba o Santa Fe, ahorrándole a los partidos una cantidad de dinero sideral.

 

Cuando se cumplieron los primeros 6 meses del mandato de Alberto, en la columna “6 Meses Tormentosos”, hicimos la siguiente reflexión:

 

 

Primero fue la carta pública de CFK. Ahora es la carta del bloque de senadores del Frente de Todos sobre la negociación con el FMI. No queda claro si lo que predomina es una gran vocación epistolar o una lúdica, ya que todo el tiempo baja una carta del mazo. Lo que no caben dudas es que siempre impactan en el escenario político, sean de uno u otro tipo.

 

 

No, no estamos hablando de algún nuevo tipo de cotización del dólar. Estamos refiriéndonos al nombre del disco de jazz más vendido de la historia, y el que posee el puesto 12 en la lista de los 500 mejores álbumes de todos los tiempos (según la revista Rolling Stone). Su título es sugerente: una especie de tristeza. Habría que preguntarle a Miles Davis en el panteón de los inmortales por qué le puso ese título.

 

 

Mientras en EE.UU. seguirán contando votos y judicializando la elección lo máximo posible, el ministro Guzmán trata de calmar el valor del dólar blue, que es como tratar de bajar la fiebre de un paciente con paños fríos, sin que quede claro que está administrándole antibióticos para que la baja de la temperatura sea consistente. Pero hasta que el enfermo acepte tomar los antibióticos, bajar la línea de mercurio con analgésicos no está mal.

 

 

Mauricio Macri decidió explayarse sobre sus visiones el lunes 12 de octubre en el programa nocturno de Joaquín Morales Solá. Habló de casi todo, pero fundamentalmente fue un regreso al centro del ring. No era su primera aparición mediática, pero sí resultó clave por lo amplio del espectro de opiniones.


Esta no es una frase del Papa, pero perfectamente podría serla, teniendo en cuenta el sin fin de rumores que giran alrededor del primer mandatario. Desde cambios de gabinete hasta su reemplazo institucional, pasando por un estado de ánimo personal desgastado.

Hace dos semanas dijimos que se instalaba una sensación de “esto se va a la mierda”. Ahora empezó a crecer la cantidad de gente que espontáneamente dice “por primera vez estoy pensando en irme a la mierda”. ¿Es una encuesta? ¡No! ¿Es la mayoría? En absoluto. Es solamente un indicador de un clima.

 

Como si la Argentina estuviera atravesada por pocos debates, el diputado Ameri sumo uno más a partir de su grave distracción de los asuntos que se estaban tratando. Por suerte duró muy poco: casi inmediatamente recibió el repudio de sus pares propios y ajenos, los medios lo condenaron toda la tarde / noche, y a la mañana siguiente la cuestión casi había expirado. Resultado: el sistema político se sacó un peso de encima.

La semana pasada titulamos nuestra columna “Se terminó la cuarentena” y el presidente nos dio la razón. Al día siguiente dijo “¿de qué cuarentena me hablan?”, entre otras cosas influido por los expertos que le aconsejaron no seguir mencionando el término. Esa redefinición no desalentó la movilización del 17A de todos modos. Vamos a tratar de despejar algunos elementos de lo que ocurrió el lunes pasado.

 

Señores lectores: no, no se pongan contentos, ni salgan a festejar. Las reuniones masivas, los espectáculos con público, las clases, los encuentros familiares, los viajes, etc. etc. siguen prohibidos por efecto de la pandemia. Solo que, consciente o inconscientemente, la mayoría de la sociedad dio por terminada la cuarentena. ¿Cómo es eso?

Si la reforma judicial se aprueba y se incrementa el número de integrantes de la Corte Suprema, la Cámara Alta puede ser la clave del futuro de Alberto, Cristina, el cristinismo y la oposición. Para eso tenemos que volver a hablar de elecciones, guste o no.

 

Alberto llegó a la presidencia firmando un contrato simbólico con la mayoría social en el que se comprometía a ser moderado, tanto en el estilo de liderazgo como en lo ideológico. De eso se trataba el “volver para ser mejores”. Si lo logra o no el tiempo lo dirá.

La política es un juego de efectividades y percepciones. Esto permite pensar que siempre se desarrollan 4 situaciones:

 

Falta mucho para las próximas elecciones. Trece meses si hay PASO, y 16 meses si no las hay. Una eternidad.

 

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