Rogelio Alaniz

Nunca quedaron en claro los motivos de la reciente gira internacional del presidente Alberto Fernández. Oficialmente se dijo que el objetivo era entusiasmar a los jefes de Estado de Europa para comprar gas argentino o, mejor dicho, el hipotético gas argentino, aprovechando las complicaciones con Rusia, el tradicional abastecedor.

La distante y tirante relación entre el presidente y la vice llevan a que el actual gobierno nacional refleje una imagen de conventillo o reñidero. Todo esto, dentro de una coyuntura política y social muy complicada.

Dos o tres motivos explican esta suerte de ansiedad por las candidaturas presidenciales. En política, se sabe, se disputa el poder y la elección del presidente de la nación es un momento importante, muy importante, por esa disputa. En la Argentina, además, hay un gobierno débil. 

Que el poder no lo otorga automáticamente la tenencia del bastón de Rivadavia, es una verdad que el primero que la padeció fue el propio Rivadavia. Juan Manuel de Rosas, en cambio, supo ejercer el poder real y efectivo sin necesidad de un "cuadernito", como calificaba con su afilada sonrisa a una posible Constitución.

De manera discreta, y a veces no tan discreta, los gobernadores peronistas están gestionando el desdoblamiento de las elecciones de 2023. De "manera discreta" quiere decir que esto ocurre cuando los gobernadores suponen o están persuadidos que su gobierno nacional en términos electorales les hace perder votos.

No pudimos recuperar las islas Malvinas, pero como consecuencia de ese fracaso recuperamos la democracia.

Lo siento por ellos, pero Macri no es Videla como Cristina no es Isabel. Tampoco hay posibilidades de un retorno militar. La conciencia democrática abierta en 1983 y el fin de la Guerra Fría alejan cualquier posibilidad.

 

La crisis política del gobierno es indisimulable. Las posiciones más duras provienen de su interior. Los acontecimientos legitiman aquello de un "albertismo" moderado contrastando con un "cristinismo" intransigente.

 

Es raro. Típicamente argentino o tal vez típicamente peronista. Un acuerdo con el FMI propuesto por un gobierno de ese signo que resulta aprobado por la oposición. O, para ser más preciso, son los votos de la oposición los que deciden. A partir de allí todas las interpretaciones, incluso las más conspirativas y escabrosas, son posibles.

 

El FMI para el populismo expresa el Mal, aunque ello no le impidió ser la fuerza política que más acuerdos firmó con Mandinga. Si el FMI no existiera habría que inventarlo. Es la coartada justa que necesita el populismo para justificarse. 

 

La posición más tentadora, la que más seduce a un peronista de pelo en pecho, es la neutralidad. La neutralidad entre verdugos y víctimas. Neutralidad o tercera posición. En los años cuarenta daba lo mismo estar con Hitler que con Churchill. 

 

Vladimir Putin declara que uno de los objetivos de la invasión a Ucrania es desnazificarla. Farsante. Ucrania desde 2014 es un país democrático gracias a una amplia movilización popular que derrotó al régimen títere proruso encabezado por Víktor Yanukóvich.

 

Cristina Elisabeth Fernández de Kirchner concibe el poder como una relación de dominio, de impunidad y privilegio. Se puede pensar a la corrupción como una anécdota y a la cleptocracia como una totalidad.

 

Fue el primer presidente de la Liga Argentina de Derechos Humanos. La entidad que perdió el rumbo y cuyo último titular renunció tras un escándalo.

 

Al renunciar a la presidencia de la bancada peronista, Máximo Kirchner recupera para esa fuerza una de sus tradiciones distintivas: ser oficialismo y oposición a la vez

 

La ley 8871 incorpora al cuerpo social los derechos políticos de los ciudadanos. En el Congreso se discuten tres temas: el sufragio, la representación de las minorías y la confección de un padrón confiable con autoridades idóneas. 

Diez minutos, quince a lo máximo, le alcanzaron y le sobraron a Alberto Fernández para demostrarle a Putin los puntos que calza. 

 

Finalmente se optó por la racionalidad. El entendimiento es políticamente lo más razonable que se pudo hacer. Lo otro era el salto al vacío. No acordar con el Fondo no le servía al gobierno, ni a la oposición y mucho menos a los argentinos. Punto.

 

El proyecto educativo de la generación del ochenta incluía entre otras virtudes dos condiciones decisivas. Gratuidad y obligatoriedad. Respecto de la gratuidad, ya habrá tiempo para hablar en detalle, pero en principio se la consideraba una condición decisiva porque el objetivo social y político estaba destinado en primer lugar a los sectores de menores recursos.

 

¿Por qué lo que sucede en los países vecinos no sucede en la Argentina? ¿Qué hicimos mal? Sería una simplificación atribuir a una sola causa esta carencia, pero sería una omisión injustificada eludir las responsabilidades del populismo.

 

 

La historia de los Kirchner y de sus relaciones con el poder podría ser escrita como una novela policial en su versión "noir", una novela en la que se entrecruza el hampa, los negociados, la violencia, el espionaje, la extorsión, el crimen y la estafa. Uno de los rasgos decisivos de la novela es que el delito se comete desde las esferas del poder y valiéndose de las relaciones y beneficios que el poder otorga.

 

La sociedad votó en contra del gobierno peronista, pero no estoy del todo seguro de que le haya otorgado un cheque en blanco a Juntos por el Cambio. Estoy convencido de que más que darle luz verde a la oposición lo que decidió es sancionar al gobierno. 

 

Cristina Fernández y la ambición de ejercer el poder para siempre. Un lema que a nuestros populistas les gusta repetir: "los conductores nacen, no se hacen". Como los reyes.

 

 

Desde sus comienzos, los peronistas se jactan de ser el único partido que puede manejar las crisis en el país.

 

 

Importa prestar atención a las contradicciones objetivas reales que desgarran a la sociedad

 

 

Para la sensibilidad populista el espacio simbólico real de la democracia es la plaza como encarnación del pueblo, una plaza que pretendería presentarse como alternativa a las urnas, pero también que se transforma en territorio de disputa entre las diversas facciones. Preguntaría a los organizadores qué es lo que hay que festejar en esta Argentina con una cifra pavorosa de pobres, más de 117.000 muertos producto de una pandemia mal administrada y en la que dirigentes oficialistas no se privaron de disfrutar de los más refinados privilegios.

 

 

Afligidos por la agresividad de las elecciones internas en la provincia de Entre Ríos entre los dirigentes radicales Raúl Uranga y Silvano Santander, un grupo de correligionarios viajó hasta la localidad cordobesa de Villa María para transmitirle su preocupación a don Amadeo Sabattini y solicitarle los consejos del caso, porque confiaban encontrar una respuesta esclarecedora en el célebre Tano considerado en esos años el heredero más genuino de Hipólito Yrigoyen.

 

 

El peronismo, más que la encarnación de la movilidad social ascendente es la encarnación de la movilidad social descendente que distingue al país en los últimos años, el partido que cristaliza y reproduce relaciones sociales y de poder injustas.

 

 

Se dice que la diplomacia concebida como política exterior de una nación se fundó en el siglo XVII, en los tiempos de la llamada Paz de Westfalia, cuando después de décadas de guerras religiosas se arribó al acuerdo de que las naciones debían respetarse más allá de su fe religiosa o, como diríamos ahora, su fe ideológica.

 

 

La Argentina anda mal. Y el desafío que se nos presenta hoy -no mañana- es si vamos a hacer algo para impedir este lento pero seguro naufragio.

 

 

El Gobierno debe saber que un hipotético equilibrio electoral no disimulará las urgencias económicas y sociales que agobian a los ciudadanos

 

 

Tal como se presentan los hechos, todo parecería indicar que el peronismo será derrotado el 14N, pero a mi criterio lo más grave para el gobierno no es un resultado electoral adverso, sino un futuro político que promete ser algo más que adverso.

 

 

No hay salida posible sin un entendimiento entre los grandes protagonistas. Fácil decirlo, difícil hacerlo.

 

 

Se llama Hugo Carvajal, pero los amigos y los enemigos lo conocen como "Pollo". Venezolano y chavista de la primera hora. Especialidad: inteligencia, contrainteligencia y suciedades afines. Temas: guerrilla, narcotráfico y corrupción a granel. Lo que se dice una joyita.

 

 

Cuando un ministro se trenza en una discusión con un ciudadano no está debatiendo, está cometiendo un abuso de poder.

 

 

El fallo judicial sobreseyendo a Cristina y los responsables del Memorándum firmado con Irán no me sorprendió. Desde hace bastante tiempo las operaciones judiciales del kirchnerismo no me sorprenden.

 

 

Suponer que lo sucedido en las PASO carece de significado político o se reduce a un rapto de mal humor, es un error.

 

 

Si para la democracia representativa la voz del pueblo es la que se expresa en las urnas, para Fernanda Vallejos la voz del pueblo es la de Cristina, es decir, la voz de la líder, la salvadora de la patria, la conductora o la jefa.

 

 

El gobierno nacional ha recibido una dura derrota en las urnas. Habrá que evaluar los alcances de este descalabro, pero en el oficialismo la sensación de derrota es indisimulable. ¿Ganó la oposición o perdió el oficialismo? Lo seguro en todos los casos es que una significativa mayoría de ciudadanos expresó su disconformidad con el Gobierno. Dicho de una manera convencional, el pueblo como entidad política reafirmó su condición de soberano.

 

 

El 12 de septiembre se inician las escaramuzas preparatorias para noviembre, pero según sean los resultados pueden anticipar el desenlace final.

 

 

Convengamos que los dioses nos han permitido atravesar por los rigores de una semana en la que el peronismo pareciera que se propuso hacer todos los esfuerzos imaginables para exhibir uno de los perfiles de un rostro que, si bien se distingue por sus múltiples expresiones, esta vez nos brindó la oportunidad de conocer o reconocer una de sus facetas más genuina.

 

 

La Argentina fue grande cuando sus clases medias fueron grandes; y la Argentina empezó a empobrecerse, en toda la dimensión material y espiritual de esa palabra, cuando sus clases medias comenzaron a fragmentarse y se precipitó la movilidad social descendente.

 

 

Como dijera Yabrán -que algo sabía de estos temas-, el poder es impunidad, es hacer lo que a uno se le da la gana sin rendir cuentas. El poder se usa y se abusa. Los "vacunatorios VIP" y las jaranas en la residencia de Olivos así lo confirman.

 

 

Me preguntan qué pasa en la provincia de Santa Fe. Pasan muchas cosas, no muy diferentes de las que ocurren en el país. Y no es para menos. Vivimos un presente intenso, con la sensación de que estamos transitando por un desfiladero angosto y acechados por presentimientos sombríos. Santa Fe no puede, no podría, estar al margen de estas tribulaciones.

 

 

Les decimos PASO, pero quiere decir Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias. O sea, elecciones internas. No viene al caso ahora discutir si son o no justas u oportunas. Están, y por lo tanto hay que jugar de acuerdo con las reglas que allí se establecieron, reglas decididas en el Congreso, es decir, no son el resultado del capricho de algún político, aunque algunos caprichitos anduvieron dando vuelta.

 

 

El llamado "Mariscal de hierro", Otto von Bismarck, es considerado por los historiadores como el paradigma del estadista decidido a representar el interés nacional si es necesario a través de las virtudes del "hierro y de la sangre".

 

 

Alguna vez se dijo de Haití que fue el anticipo virtuoso de las grandes revoluciones latinoamericanas. En efecto, Haití fue en 1804 el primer país en romper con la dominación colonial, movimiento liberador que incluyó la crítica a toda forma de racismo y discriminación.

 

¿Qué pasó con las promesas redentoras? Hoy el país es uno de los más pobres y corruptos de América Latina

 

 

La sociedad está muy enojada con Alberto y con Cristina. Con uno, porque no ejerce el poder; con la otra, porque abusa del poder. Esa sociedad sabe y siente que está más pobre, más insegura, más desprotegida y más enferma.

 

 

Alberto Fernández se enoja y nos reta. Un presidente no debe insultar ni siquiera cuando lo asiste la razón porque su investidura le exige mirar más alto, más lejos.

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