Alfredo Leuco

El discurso de Alberto Fernández describió un país que no existe. Se podría resumir así: "Todos los éxitos son míos y todos los fracasos son de Macri". Un país de mentiras que tal vez solo habita en la cabeza de Cristina Kirchner, porque ni Alberto se cree lo que dijo.

El discurso de Alberto Fernández describió un país que no existe. Se podría resumir así: "Todos los éxitos son míos y todos los fracasos son de Macri". Un país de mentiras que tal vez solo habita en la cabeza de Cristina Kirchner, porque ni Alberto se cree lo que dijo.

 

Máximo Carlos Kirchner hoy cumple 44 años. El príncipe heredero de la dinastía Kirchner hace rato que dejó de ser un joven. Sigue utilizando ese look setentista, de pelo largo, barba desprolija y campera, pero a los 44 años ya es un señor grande. No se le conocen trabajos anteriores ni estudios superiores, pero es millonario y como su familia no se anda con chiquitas; la reina madre Cristina acaba de hacerle un regalo feudal. “Feliz cumple Maxi”, podría decir la tarjeta imaginaria. El grandote de 44 años recibiría la caja con una sonrisa. Tiene experiencia en el manejo de cajas millonarias. Pero esta es muy especial.

 

Muchos quisieron mirar para otro lado, pero el abuelo de Úrsula, la chiquita que fue asesinada en Rojas dijo una verdad demoledora. En medio de su dolor, y en pocas palabras, resumió el drama más grande que tenemos los argentinos. Se preguntó: “¿De qué justicia me hablan si en este país, los que deberían estar presos, nos están gobernando?”. Implacable. Resumió el pensamiento de millones de argentinos que se dan cuenta que, si los ladrones de estado no tienen juicio, castigo y condena, estaremos en el horno.

 

A seis años de su asesinato en Puerto Madero, hay que decir que el fantasma de Alberto Nisman va a perseguir toda la vida a Cristina. Porque ella es responsable de su asesinato. Por acción o por omisión. Cada vez que la justicia avanza, el cerco se cierra más sobre Cristina y sus soldados más fieles.

 

 

Fue un “sincericidio” de Ginés, confesó que el Presidente Alberto Fernández “está nervioso porque no llegan los papeles de la vacuna” y agregó que el jefe de estado, por ahora, no se va a vacunar. A confesión de partes, relevo de pruebas.

 

 

No miremos para otro lado. No disimulemos la gravedad de lo que está pasando. No miremos para otro lado como hace Alberto en la foto que Cristina está sacando la lengua. No miremos para otro lado. El cachetazo público y verbal de Cristina no fue para los ministros. Fue para Alberto. La jefa del jefe del estado dijo con toda claridad que los que tengan miedo o sean inútiles o vagos se tienen que ir del gobierno. Por varios motivos esa bofetada de poder estalló en la mejilla de Alberto.

 

 

Desde chico y ahora en los picados de la quinta de Olivos, Alberto Fernández juega de arquero. Se sabe que es un puesto muy ingrato. Es el único jugador que por cada error que comete, el rival mete un gol. El legendario Hugo Gatti supo decir que “en el puesto de los bobos, yo soy el más vivo”. Y una gloria como Amadeo Carrizo, con humor dio en la tecla: “Para llegar a ser un gran arquero, te tenés que comer 400 goles, siempre que no sean en el mismo campeonato”.

 

 

 

El presidente Alberto Fernández, ¿Aceptará indultar a Amado Boudou? La ley se lo permite. ¿Indultará también a Cristina? La ley no se lo permite.

 

El diputado de JxC criticó la gestión sanitaria, la política exterior y el nivel de “incertidumbre” que generó el Ejecutivo en este primer año de gestión. 

 

Cristina y Máximo, hacen lo que quieren. Son el poder real en la Argentina. La realeza disfrazada de falso progresismo. En este “Cristinato” con forma de monarquía absolutista, la reina y su príncipe heredero, lograron la rendición incondicional de Alberto Fernández.

 

 

En una nueva exhibición de su poder, Cristina echó del gabinete a María Eugenia Bielsa por carta y puso en su lugar a un ministro chavista como Jorge Ferraresi.

 

 

La escandalosa decisión de la Corte Suprema abrió las puertas para que Cristina termine de diseñar una justicia adicta, a su imagen y semejanza y que le garantice la impunidad y la venganza que busca con tanta desesperación.

 

 

No quiero faltarle el respeto a Néstor Kirchner porque está muerto y no me puede contestar. No quiero ser ofensivo con su familia que hoy lo recuerda a 10 años de su fallecimiento. Frente al dolor por la pérdida de un ser humano hay que ser muy prudente. Creo que no hay muerte buena. Y yo no celebro la muerte de nadie.

 

 


“Este es un gobierno de científicos”,
anunció Alberto Fernández. Uno podría apelar a la sabiduría popular y decir que “se alardea de lo que se carece”. Pero los resultados del fracaso absoluto de la economía y la salud son tan crueles, que esa frase hoy suena como una burla macabra. Casi 4 millones de desocupados, superamos la barrera del millón de infectados, más de 26 mil muertos, son cifras irrefutables donde se acaban las mentiras.

 

 

Todos los días, Alberto Fernández se lleva una pared por delante. Comete errores no forzados a repetición y nadie lo ayuda. Sus amigos del gabinete son muy mediocres en su formación política y en su capacidad de gestión. Y los talibanes de Cristina, lo dejan solo y miran asombrados semejante torpeza.


 

¿Cómo es posible que el gobierno argentino permita que otro país humille al presidente Alberto Fernández? ¿Cómo es posible que todos los ministros y gobernadores se queden callados frente a las agresiones verbales que el jefe de Estado sufrió por parte de altas autoridades de Venezuela? ¿Cómo es posible que la vicepresidenta Cristina, la jefa del jefe de Estado, mire para otro lado cuando el primer mandatario de la Argentina es vapuleado por funcionarios extranjeros?

 

 

Leopoldo Raúl Guido Moreau cumplirá 74 años dentro de un mes. Es un provocador serial, el provocador preferido de Cristina. Su genuflexión lo convierte en un operador apto para todo servicio.

 

 

Le confieso que siento vergüenza ajena y mucha indignación por la manera en que el ministro Daniel Gollán y su lugarteniente, Nicolás Kreplak, quisieron disfrazar la aparición de 3.523 fallecidos que no habían registrado. Fue realmente un escándalo.

 

La doctora Elisa Carrió conoce profundamente a Cristina. Son años de enfrentarla política y éticamente. Dijo que la jefa del jefe del estado “quiere ser Perón y por eso trabaja para un auto golpe”.

 

Hace tiempo que Ricardito viene desparramando elogios al gobierno de los Fernández. Ni una sola crítica. Todo lo contrario, sus reproches han sido contra la oposición. Nadie sabe si le piden tanta subordinación y valor para defender a Cristina, o lo hace de puro agradecido que es por el conchabo que le dieron como embajador en España.

 

El gobierno de los Fernández, frente a sus fracasos seriales, debe bajar su tono de soberbia, escuchar más y dejar de buscar culpables para poder encontrar soluciones.

 

Cristina miente con frecuencia, pero no siempre. Cuando anunció el “vamos por todo”, estaba diciendo una verdad que está en el ADN de su resentimiento y de su ideología.

 

 

La República Argentina debería encender sus luces de alarma ante el atropello arrollador de la República Cristina. Es que el operativo más formidable de búsqueda de impunidad y venganza del que se tenga memoria en democracia avanza a paso redoblado y a tambor batiente.

 

 

Nadie se atreve a decirlo, pero todo el mundo lo sabe: Lázaro Báez es Cristina. Son lo mismo. No se movía una mosca en el gobierno de Cristina sin la orden de Cristina. Lázaro fue el amigo, testaferro, socio, empleado y cómplice del matrimonio Kirchner. Muerto Néstor, la jefatura de la asociación ilícita fue ocupada por Cristina.

 

 

Santiago Cafiero dice que Cristina no tiene un pomo que ver.

Yo no digo que Cristina lo mató ni que lo mandó a matar. Yo digo que el secuestro, desaparición, tortura y asesinato de Fabián Gutiérrez es una pesadilla para Cristina. Un fantasma que la va a perseguir por mucho tiempo.

 

 

 

Hasta ahora, Alberto Fernández de Kirchner se venía haciendo el otario. Gambeteaba el tema. Sanateaba las respuestas. Pero en los últimos días, el “presidente testigo” salió del placard y confirmó su amor por Hugo Chávez, el socio fundador con Fidel Castro de las dictaduras nacional populistas en América Latina.

 

 

Cristina abrió la temporada de caza y pesca. La caza de empresas privadas para expropiar y la pesca de ingenuos y otarios que se comen ese caramelo envenenado. Alberto Fernández de Kirchner, el gerente de Cristina cometió el sincericidio de decir que “Ya tendrán tiempo de compararnos con el infierno y con Venezuela”.

 

 

Mientras la inmensa mayoría de los argentinos está preocupado y ocupado con el drama de la pandemia, Cristina y su tropa, aprovechan para consolidar su proyecto chavista que incluye una repudiable autoamnistía.

 

 

La frase de Karl Marx que complementa otra de Hegel, calza justo en este análisis: “La historia se repite dos veces: la primera como tragedia y la segunda como farsa”.

 

 

Cuando se cierran las puertas de la libertad de prensa, se abren las de todos los totalitarismos.

 

 

Alberto no sabe, no puede o no quiere frenar a Cristina. Ya no solamente acata y calla lo que la vice ordena. Ahora, respalda y justifica todo. Trata de encontrar una explicación más o menos racional a los avances del autoritarismo más chavista.

 

 

Estoy absolutamente convencido que el mejor papel que hoy puede jugar el periodismo independiente y la oposición política se puede resumir en estas cuatro palabras: Barbijos, sí. Mordazas, no.

 

 

A esta altura, hay que decir que el principal problema político de Alberto Fernández es Cristina. Ella se comporta como una enemiga en lugar de hacerlo como su socia y compañera de fórmula. Ninguna crisis de la magnitud y la crueldad de la pandemia soporta la ausencia del escenario de la vice presidenta de la Nación. Cristina no está. No aparece.

 

En sus 100 días como presidente, Alberto Fernández tuvo (y tiene) que enfrentar a tres enemigos muy poderosos: la deuda, la pandemia y Cristina. En esas tres batallas homéricas se define el futuro de todos los argentinos y el futuro político del jefe de estado.

 

 

Alberto Fernández cumple tres meses como presidente. El final de la llamada luna de miel lo encuentra en medio de un pantano. Erosionado en su investidura producto del fuego amigo de Cristina y su banda y sin haber solucionado ni uno solo de los problemas que existían.

 

 

De arranque nomás, Alberto Fernández mostró una de sus peores características: la hipocresía. Es un experto en el rubro de la simulación para disfrazar su verdadero pensamiento.

 

 

Propongo que, por ahora, en esta columna, lo llamemos simplemente, Ricardito. Así es conocido en el mundillo político. Ricardito es un modesto dirigente del radicalismo bonaerense que será el embajador del cuarto gobierno kirchnerista en España.

La actual presidenta, Cristina Fernández de Kirchner potenció y aceleró sus gestos provocativos en los últimos días.

 

 

Los políticos dicen que la luna de miel dura 100 días. Que es el tiempo promedio del dulce romance entre un nuevo gobierno y los ciudadanos. Es el período en donde hay que juzgarlos con más benevolencia y con menos carga crítica.

 

Este sábado, se van a cumplir 5 años del asesinato del fiscal Alberto Nisman, tal vez el magnicidio más grave de la historia democrática argentina. Pero más terrible aún, es que se van a cumplir 5 años de impunidad.

 

Algunas cloacas del para-periodismo cristinista me acusan de haber insultado a la vice presidenta o de ser extremadamente crítico con ella. Hay una mentira y una verdad en esa campañita de portales de bajo impacto. Jamás insulté a la ex presidenta. No es mi estilo.

 

Con la vuelta de Cristina al poder, nuestro país se está convirtiendo en un centro de operaciones del chavismo en la región. Y esto es grave por donde se lo mire.

 

 

Ganó la República. La democracia recuperó uno de sus pilares fundamentales: la alternancia. Los argentinos tenemos una vergüenza menos porque aprobamos una de nuestras principales asignaturas pendientes.

 

 

Cristina, parafraseando a Fidel Castro, terminó su largo discurso diciendo: “La historia me absolvió y me absolverá. A ustedes, la historia los condenará”. Así culminó el alegato de defensa que el comandante de la revolución cubana y luego dictador pronunció al final del juicio de 1953 por el asalto al cuartel Moncada del 26 de julio por el que fue condenado a 15 años de prisión por los esbirros de la dictadura de Fulgencio Batista.

 

 

¿Vuelven mejores o peores? Esa pregunta ya tiene respuesta: vuelven más chavistas que nunca. Por eso para mi humilde opinión, vuelven mucho peores.

 

 

Hugo Moyano quiere ser el jefe del Frente para la Venganza. Por ahora, Alberto Fernández no le ofreció ningún cargo. Ni ministro de trabajo ni espacio para que coloque a sus amigos en la secretaría de transporte…nada por aquí, nada por allá.

 

 

Si fuera posible instalar una suerte de “Tablas de la Ley” para que la política sea menos hipócrita, me gustaría incorporar un segundo mandamiento que diga: “No usarás el nombre de Alfonsín en vano”. Porque es cierto que el padre de la democracia hoy es un patrimonio de todos los argentinos, pero creo que su épica y su ética no deberían utilizarse en forma oportunista por cualquier dirigente.

 

 

El 23 de setiembre, sin que se le caiga la cara de vergüenza, el candidato Alberto Fernández dijo textualmente: “Nunca se encontraron los cuadernos. Solo contamos con fotocopias que, en el mejor de los casos, valen como meros indicios”.

 

 

Cristóbal López quedó en libertad y se convirtió en todo un símbolo de los tiempos de impunidad que se vienen para los ladrones de Estado. Cristóbal y su socio Fabián de Sousa, completaron el último trámite que les faltaba para abandonar la cárcel de Ezeiza. Presentaron un seguro de caución por 60 millones de pesos, tal como exigió el juez Claudio Bonadío.

 

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