Sábado, 28 Marzo 2020 21:00

Políticos forzados a cohabitar con el celo de los escorpiones - Por Ignacio Zuleta

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Escenario para pocos. La pandemia exhibe un oficialismo hiperactivo, sobre todo en la figura de Alberto Fernández, y una oposición condenada a la cuarentena política. Mientras Massa y Máximo toman mate juntos, los radicales hacen sus reuniones por video conferencia. Espectacular baja en los delitos y muertos por accidentes de tránsito, que beneficia aún más al gobierno. La polémica por los médicos cubanos se mantiene en vos baja, pero hay antecedentes preocupantes.

 

La relación del oficialismo con la oposición vuelve a exigirle a los protagonistas la destreza de los escorpiones, para vivir juntos y cohabitar en la jaula de la necesidad. La sociedad les pide que posterguen sus diferencias y festeja el escenario del consenso. Pero los hechos reperfilan sus roles, que viralizan la política y politizan el virus.

El retablo es hoy el de un poder Ejecutivo que dicta normas – de cuyo cumplimiento encarga a la policía - para instaurar el método del distanciamiento social. Acá nadie se mueve. Enfrente, una oposición que mira, refrendada por la orden de aislarse de toda actividad contaminante pero obligada a actuar colaborativamente. Unos son actores principales, otros son espectadores pasivos.

La cuarentena se mide según resultados. Se planificó extenderla hasta después de Semana Santa – como adelantó este cronista hace una semana. Pero había que esperar a que se verificase su eficiencia en el descenso de la curva, para asegurar que es una medida eficaz, y proteger así el prestigio del presidente, vocero máximo de esta Cuaresma. ¿Qué pasaría si el país en pausa no bajara el contagio? En su rol activo, el gobierno se beneficia políticamente de la parálisis del Congreso en receso. También la Justicia ha dictado una virtual feria para el poder Judicial.

En el escenario empiezan a aparecer héroes que arriesgan la salud, viven en caravana y de reunión en reunión. Son el presidente, sus ministros, Sergio Massa, Máximo Kirchner -que tomaban mate juntos en la presidencia de la cámara de Diputados, en la reunión con los interbloques que se emitió por TV – y las decenas de intendentes que visitan Olivos o lo reciben a Alberto. A este elenco de valientes - y lo son, porque cumplen con su deber de arriesgarlo todo por el bien público - pertenecen también Horacio Rodríguez Larreta o Diego Santilli, gobernantes del área metropolitana en donde comparten y disputan poder, además de registrar el récord de contagiados.

Enfrente quedan, arrinconados en su retiro domiciliario o en la campana de cristal del whatsapp, los personeros de la oposición. Gobernadores, legisladores de todos los niveles, todos en casa. Guardados por la orden del aislamiento social con cerrojo a las fronteras - claro, justo después de la llegada al país, el domingo a la noche, de las damas Kirchner - y dejándole todo el terreno a la construcción del gobierno heroico. Se entiende la ventaja para unos y las desventajas para otros. Todo político espera siempre una oportunidad en la vida de mostrarse imprescindible y a la altura de los mayores desafíos. A algunos les llegó ahora.

La oportunidad de armar un país a la carta

La oportunidad es inmejorable para rearmarse de un gobierno nacido de un pacto partidario, que le permitió al peronismo un holgado triunfo electoral, pero que, hasta antes de esta peste, no había terminado de organizar sus elencos, y armar mayoría legislativa, para tener al menos el quórum en sesiones clave, que ha debido negociar con los perdedores de octubre pasado.

Tampoco podía ni disparar alguna solución a una crisis económica y política que lleva ya casi un año. El 12 de mayo se cumple el primer aniversario del triunfo de Juan Schiaretti en Córdoba, hecho que disparó el proceso de unidad del peronismo, con Alberto en la fórmula y el estallido de la mesa del peronismo federal. La necesidad de la peste viene acompañada por una corrida informativa imparable, acá y en el resto del mundo, y le regala al gobierno las herramientas con las que adaptar la realidad a sus necesidades.

La destrucción de la economía, la parálisis institucional - Congreso, Justicia - y la disponibilidad de leyes de emergencia más que generosas, dan margen de libertad para crear como jugando al Estanciero, pero sobre la realidad.

Completan la panacea del sueño del pibe, gobernar un país en default, 4 años sin pagarle a nadie, financiarse con la plata que se debe, un programa heredado de baja del déficit, y colaboración legislativa para pegarle un ajustazo a las cuentas públicas.

La parálisis del país redunda encima en situaciones que parecían inalcanzables: un informe de este fin de semana sobre la seguridad en la CABA dijo que el delito cayó un 92%, desde que estalló la peste- de 355 casos por día en robos y hurtos, a 22, entre el 20 y el 25 de marzo. Se terminó la inseguridad, que era una de las demandas más agrias del público a los gobiernos. Si el delito incluye al narcotráfico y la corrupción, estaríamos cerca del cielo. Faltaría sólo terminar con la pobreza para cerrar la última promesa de Macri cuando asumió. Que nadie pueda moverse hizo caer de manera drástica los accidentes de tránsito en todo el país. Uno de los ministros a cargo de la lucha contra el virus me dijo, sin ironía: este año vamos a salvar más vidas por esa caída del número de accidentes que por esta peste.

La oposición, castigada al aislamiento social

La oposición comenzó a despertar con un pedido a Massa de que se haga una sesión virtual de la cámara de Diputados, para sacar al Congreso de esta parálisis. Por más que existan los DNU, la oposición quiere mostrar a sus legisladores en actividad y comprometida en las soluciones.

El reglamento de la cámara de Diputados dice que "Los diputados no constituirán Cámara fuera de la sala de sesiones, salvo los casos de fuerza mayor" (art. 14°) y para modificar eso hay que aprobar una reforma que requiere 3/4 de los votos presenciales. La carta de Cambiemos argumenta que hay "fuerza mayor" como para llevarlos a los diputados a un estadio en donde puedan sentarse con distancia social.

Más le costaría al Senado, que exige lo mismo con la excepción de una "emergencia institucional", difícil de admitir ahora, aunque la parálisis legislativa lo plantea.

¿Acaso son héroes también los legisladores de los Estados Unidos que sesionaron esta semana en las dos cámaras para aprobar la mega ley Trump de auxilio a la economía?

Lo hicieron con un método extraño a los usos y costumbres de por acá. Los partidos, bloques y legisladores discutieron con el Ejecutivo el proyecto hasta alcanzar un acuerdo unánime - 96 a cero en Senado -. A la hora de votar lo hicieron por "aclamación" - voice vote -: con el recinto semivacío del Senado. Se les preguntó electrónicamente a los ausentes, y de viva voz a los presentes si la aprobaban. El "Yea" - según la jerga, es decir que Sí - llegó a través del pulgar en alto de los legisladores. No se escondieron, ni chicanearon en el recinto, no se trampearon el quórum ni se sacaron ventajas con el reglamento. Fueron al punto y tuvieron la norma, que además son 880 páginas difíciles de leer y entender. Y estamos hablando de uno de los Congresos más divididos del mundo, que viene de intentar un juicio político al presidente.

Economistas planean proyectos post peste

Algo así tendrán que imaginar en la oposición para sacarle el protagonismo político al oficialismo, en particular ante la necesidad de apurar decisiones económicas. Entre los radicales están elaborando proyectos para enfrentar la triple crisis del país:

  • 1) la de la peste,
  • 2) la que se proyecta sobre la economía, y
  • 3) la de la deuda, que no es local, sino mundial.

La deuda soberana es conversable con los multilaterales, pero la privada compromete a empresas de todo el mundo por un porcentaje puede llegar al 150% del PBI en algunos países desarrollados, cuyas tasas cero los deja sin herramientas de política monetaria. Los efectos pueden ser demoledores, y para eso no basta con el ingenio de los funcionarios.

El jueves, un grupo de videoconferencia juntó a expertos de la oposición con autoridades partidarias como Alfredo Cornejo, Mario Negri y Luis Naidenhoff. Sesionaron, entre otros, Eduardo Levy Yeyati, Alfonso de Prat Gay, Maximiliano Castillo, Jesús Rodríguez y Ricardo Carcioffi.

Piensan, por ejemplo, en los daños de la demora en presentar un proyecto de presupuesto. No creen tanto en el argumento de Alberto de que eso debe hacerse después la solución a la deuda. Debería ser al revés, afirman, para organizar el despegue de la economía en un país federal, en donde el gobierno central lo concentra todo, hasta los respiradores, como ilustró la pulseada entre Ginés y el gobernador Suárez de Mendoza.

Las guerras las ganan los gérmenes, no los soldados

Esta perspectiva enriquece la estrategia política, que no ignora el valor de oportunidad de las desgracias. Lo explica el historiador Jared Diamond en su libro clásico sobre las pestes, las armas y el acero como motores del cambio social. "Dado que las enfermedades han sido los principales elementos mortíferos de los seres humanos, han sido por ello factores configuradores decisivos de la historia. Hasta la segunda guerra mundial -argumenta en su clásico libro “Guns, Germs, and Steel: The Fates of Human Societies", 1999, -eran más numerosas las víctimas de guerra que morían a causa de microbios contraídos durante la guerra, que de heridas sufridas en combate. Todas las historias militares que glorifican a los grandes generales simplifican en exceso la prosaica verdad: los vencedores de las guerras del pasado no fueron siempre los ejércitos que disponían de los mejores generales y las mejores armas, sino que a menudo fueron simplemente aquellos que portaban los gérmenes más nocivos para transmitirlos a sus enemigos".

¿Cómo no se van a embroncar Trump o Bolsonaro con China, país con el que libran una disputa cósmica por el comercio y la tecnología? Es explicable, también, que los países como la Argentina, cuya medianía los fuerza a convivir con ese socio sospechoso que es China, hablen poco y nada de esa impugnación.

Geoestrategia de la salud: coreanos vs. cubanos

La geoestrategia de la medicina también acosa a la Argentina, que transcurre esta desgracia tironeada por dos polos que le reclaman atención y negocios, y que debilitan la fuerza de los funcionarios encargados de sobrellevarla. Uno procede de Corea del Sur, que vende su fórmula para detectar, arrinconar y casi derrotar al virus.

Los funcionarios y empresarios de ese país mantuvieron hace una semana una larga videoconferencia con funcionarios locales del ministerio de Salud y delegados de empresas privadas de medicina, para explicarles las ventajas de su receta.

Del otro lado, y más cerca del corazón del gobierno, tironean los cubanos, que, como los coreanos, venden su medicina como la mejor del mundo y ya mandaron a filtrar a la prensa, sin que nadie reconozca el origen de esa información, que van a venir a sacarnos del marasmo. Ginés no ha abierto la boca ni nadie del gobierno quiere entrar en esa trama, porque no quieren rechazar una oferta de colaboración. Y menos del país que albergó a la familia Kirchner en la desgracia.

En el ministerio nacional miran hacia La Plata, en donde la salud está a cargo de Daniel Gollán, último ministro cristinista. El alma mater de Gollán es una Fundación Soberanía Sanitaria, cuyo lema es “Cuando algo es necesario e imposible, hay que cambiar las reglas de juego.” Mantiene distancia con la gestión de Ginés, quien es un emblema del peronismo ortodoxo, al que Cristina desplazó de la cartera al asumir en 2007, y lo reemplazó por Graciela Ocaña. Toda una audacia.

Hay 4.000 médicos para matricular

La trama cubana es conocida y se ha ventilado en otros países, como Venezuela y Brasil. El gobierno de Caracas acordó con La Habana la contratación de cerca de 4 mil con un costo de US$3.000, casa y comida para cada uno. Los médicos recibían alrededor de un 10% de esa soldada, y el resto iba al tesoro cubano, en dinero o en petróleo.

El caso escaló en gravedad en Brasil, durante la presidencia de Dilma Rousseff, con el plan Programa Mais Medicos, y comprometió a cerca de 11 mil profesionales de la isla que fueron a la zona de la Amazonia, en un acuerdo que intermedió la Organización Panamericana de Salud (OPS).

Un grupo de esos médicos hizo una presentación contra la OPS en una corte federal de Miami, por tráfico de personas, que ha llevado a juicio a funcionarios de ese organismo y del anterior gobierno de Brasil. La OPS también había retenido una parte de esos pagos, por la intermediación.

Según esa demanda, el programa le permitió a Cuba un ingreso de US$1.300 millones a través de cuentas bancarias de los EE.UU.. El 10% irían a pagar a los médicos, 5% para la OPS y el restante 85% a La Habana.

Estas peripecias son conocidas entre los médicos sanitaristas de la Argentina, y por eso es un asunto que eluden cuando se les menciona el caso. El gobierno argentino hace equilibrio con los cubanos por su relación con Cristina, y lo expresa que, en medio de la pandemia, el parlasur oficialista Oscar Laborde haya pedido hace pocas horas que EE.UU. levante el bloqueo a Cuba y Venezuela.

En una de esas, si pasa, pasa, en medio de la corrida informativa. Los más críticos de esta presión llegan a impugnar la condición de médicos de esos profesionales, muchos graduados en la ELAM - Escuela Latino Americana de Medicina - un centro no universitario que entrena a asistentes de salud con una preparación que, afirman, no llega a la de un médico criollo, que lleva más de 6 años de carrera universitaria.

También señalan que en la Argentina hay 4 mil médicos no matriculados, que están inscriptos en vacantes en residencias médicas, y que podrían ser matriculados para sumarse a las tareas imprescindibles con un costo menor que el cubanazo.

Ignacio Zuleta

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