Domingo, 09 Agosto 2020 21:00

Horacio Rodríguez Larreta, ¿el único que saldrá bien parado de la pandemia? - Por Marcos Novaro

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El Presidente y el gobernador bonaerense subieron en las encuestas cuando empezó la cuarentena, pero después bajaron. El jefe de gobierno porteño, por ahora, es un caso distinto.

 

Sonaron las alarmas en los comandos oficialistas: Horacio, “el amigo”, parece el único que sigue sacando provecho de las regulares conferencias de prensa en que junto a Alberto y Axel se anuncian medidas para contener la pandemia. Y en las últimas semanas pasó a liderar las encuestas de imagen a nivel nacional.

Sus apoyos se incrementaron, sobre todo, en el interior, dicen los kirchneristas más fanáticos culpa de que Alberto le regaló la plataforma para presentarse como gestor metódico y responsable de la crisis de cara a todo el país. ¿Será el único que sacará un provecho duradero del “Estado te cuida”?, ¿este neoliberal confeso que encima se ocupa de soltar runners y abrir comercios cada vez que puede?

Es la apuesta de Larreta, al menos: mantenerse fiel al manual de atención prioritaria de la salud y no involucrarse en peleas que la mayoría de la población considera inoportunas y mezquinas. Hacer equilibrio entre el combate de los contagios y el cuidado de la economía y las libertades individuales, promoviendo las flexibilizaciones que el sistema de salud tolere. Mostrar que en la Ciudad sí se hacen testeos, rastreos y un aislamiento focalizado de las cadenas de contagio, y las autoridades no se enamoraron de la cuarentena ni están atadas a ella como única solución. Y, por sobre todo, mostrarse colaborativo más allá de toda diferencia política o ideológica.

En suma, hacer lo mejor posible lo que Alberto intentó, en un comienzo pareció que podía lograr, pero a medida que pasó el tiempo quedó cada vez más lejos de su alcance: algo de cierto hay en lo que señalan los kirchneristas duros, el Presidente creó una escena que favorecería a los moderados, pragmáticos y responsables, y después se la regaló a un adversario, encima uno con inmediatas aspiraciones presidenciales. No pareció algo muy bien pensado de su parte.

Solo que, si la historia iba a terminar así, no se debía solo ni principalmente a errores de Alberto, sino a los que resultaron de las prioridades de los duros. Es por ellos que la gestión nacional se ha ido enredando no sólo en la madeja de problemas colaterales que trajo el recurso exclusivo a la cuarentena, sino también en cuestiones económicas e institucionales que consideró secundarias o irrelevantes, y ahora lo persiguen y revelan su desorientación. Algunos ejemplos: la reforma judicial made in el Instituto Patria, que muchos ciudadanos consideran inoportuna, y muchos jueces, fiscales y especialistas una directa amenaza a la independencia judicial que sólo persigue impunidad para Cristina y los suyos; y los bandazos en materia de seguridad, por la puja abierta entre distintos referentes del oficialismo, justo cuando la preocupación social por el auge del delito se vuelve más aguda; y la concentración de la asistencia económica del Estado nacional en territorio bonaerense, que llevó a varias provincias a resistir la ampliación del presupuesto, y está redundando en la muy tibia recuperación de la actividad económica del interior, que encima puede abortarse del todo ahora que los contagios están creciendo en la mayoría de las provincias. Aunque es cierto que también hay ejemplos de que Alberto no ayuda mucho a defender en la práctica su proclamada moderación y responsabilidad: en los últimos días, el DNU que prohíbe reuniones sociales y amenaza con la cárcel a quien las realice, algo impracticable además de abiertamente inconstitucional, y la pretensión presidencial de gobernar “sin plan” económico, que alimenta la incertidumbre sobre lo que pretenderá hacer en esa materia, como si hiciera falta agravar las preocupaciones al respecto.

Así, en varios terrenos al mismo tiempo, pasamos del “Estado te cuida”, al “te abandono o amenazo”. Y como si fuera poco, estamos llegando al pico, que por ahora no pinta vaya a convertirse en meseta como prometió en un insólito acto de fe el asesor Pedro Cahn. Sigue subiendo todos los días un poco más.

Como a esos escaladores que se afanan en subir una cresta, pero cuando llegan descubren que detrás de ella hay otra más, y otra, los ánimos se nos van desinflando. Más todavía porque quienes nos hacen de guías se dedican a pelearse entre ellos, se van por la suya o prometen cosas confusas o inverosímiles, y dan muestras de no tener mapa ni brújula.

Dado este panorama se entiende que Larreta se esmere en arrebatarle a Alberto el galardón de “hábil equilibrista”. Y en alguna medida lo esté logrando: de los datos de las encuestas se desprende no sólo que tiene buena imagen entre los votantes moderados, esos que en marzo y abril Alberto efímeramente sedujo, y después extravió, sino también que de los líderes de ambos polos en competencia es, por lejos el que tiene menos imagen negativa.



Este último rasgo es señalado también por encuestadoras afines al kirchnerismo: el perfil de Larreta parece favorecerlo en la actual situación. La docilidad con que en las conferencias que comparte con el Presidente y el gobernador bonaerense tolera los sablazos contra los runners, los comercios abiertos en Avenida Santa Fe, las supuestas falencias de atención de la salud en la ciudad y su “irradiación” del virus hacia el resto del país enervan tal vez a los opositores más convencidos. Pero es celebrada por los dubitativos, que más allá de la grieta siempre fueron y siguen siendo la mayoría. Y es donde se va a definir la futura competencia política.

Lo favorece también el que los problemas más graves de inseguridad y abuso policial no afectan a su distrito, donde la policía sigue siendo más valorada que en el resto del país. Y que no se lo responsabilice mayormente por los problemas económicos: al menos por ahora los comerciantes de la ciudad se indignan ante la “interminable cuarentena de Alberto”, no tanto por el hecho de que Horacio no parece haberla resistido demasiado.

¿Seguirá siendo así en el futuro? Habrá que ver si llevarse bien con todos sigue siendo suficiente. Por de pronto, le conviene aprender una lección que dejó Alberto: ser moderado no significa decirle a cada quien lo que quiere escuchar, ni ir para dónde sopla el viento, cada tanto conviene plantarse y explicar claramente lo que uno quiere.


Marcos Novaro

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