Martes, 18 Agosto 2020 21:00

Fernández y Larreta: dos socios en apuros - Por Ricardo Roa

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El banderazo masivo fue contra Cristina Kirchner y le pegó al Presidente, que contagia al jefe de Gobierno porteño.

 

¿Qué se le ocurrió decir al Gobierno sobre el golpazo que la gente le pegó el lunes? Se le ocurrió por boca del jefe de ministros Cafiero pedirles perdón a los trabajadores de la salud por no haber podido frenar la marcha. Evidente: se le ocurrió muy poco.

A propósito de la salud: Cafiero es el mismo al que un día antes y para celebrar el Día de las Infancias (ex Día del Niño) se le ocurrió otro despropósito. Sentar a la payasa Filomena al lado de la viceministra Vizzotti cuando informaba sobre enfermos y muertos por el virus.

¿Y qué se le ocurrió a Cristina Kirchner? Decirles a los ministros que pidieran un aplausazo a las 9 de la noche para los trabajadores de la salud. Se acordó tarde: en esta cuarentena que lleva 152 días, aunque oficialmente ya no exista, hace tiempo que no se hacen aplausos a las 9 de la noche. Se ignora si algún ministro le llevó el apunte.

El pedido de perdón de Cafiero y el aplauso que pidió Cristina tienen una explicación que se cae de obvia: acusar de contagiadores a los que marcharon. ¿Pensarán que alguien puede comprar ese argumento? Es como tomarse en serio a Moyano y Grabois cuando reclaman que la Justicia sancione a los manifestantes. Justamente Moyano y Grabois, que se la pasan pisoteando las normas que vengan.

El Gobierno acusa de contagiadores a las decenas de miles que marcharon luego de que fracasara la vía del miedo para que no salieran a la calle. Eso sí: ningún comentario y ninguna respuesta a los planteos de la movilización, que sorprendió por la extensión y masividad. ¿Cuáles fueron esos planteos? El rechazo a la corrupción y a la reforma judicial y finalmente a la impunidad de Cristina.

Aunque no salió tan golpeado por la marcha como el Gobierno, Larreta sufrió magullones. Fue el costo que pagó por aparecer embarcado con Alberto Fernández en el intento de bajarle el precio a la protesta. Diferenciándose de otros jefes de Cambiemos, anunció que no adhería. Encima compartió el argumento oficial del peligro de contagio, lo que es mucha señal y su ministro Quirós habló de los convocantes como “subgrupo”. Peor señal.

Las redes han puesto independencia en la gente. Larreta debe estar recalculando. El principal banderazo fue en su propio territorio: la Ciudad. Y quienes marcharon fueron básicamente votantes suyos.

La pandemia les entregó a Fernández y Larreta una justificación perfecta para ser socios: la necesidad de enfrentar juntos la crisis sanitaria. Instalaron el mensaje de que dejaban de lado diferencias políticas para cuidar la salud de todos. Y las encuestas bendijeron la alianza con enormes niveles de imagen.

Larreta había encontrado en Fernández un aliado para escapar del asedio con el que el cristinismo empezaba a desgastarlo sacándole dinero de la coparticipación. Y Fernández había encontrado en Larreta un aliado para estimular la idea de que venía a cerrar la grieta. Y así seguir hablándole a quienes lo votaron a pesar de Cristina, porque vieron o creyeron ver en él una forma de castigar el fracaso económico de Macri.

Pero Cristina continuó con su operativo de imponerle su agenda a Fernández. Y todos los días tenemos una noticia de ese operativo. Ahora mismo redobla la apuesta con la reforma judicial y la comisión Beraldi para la Corte. Viene de compartir con Fernández una moratoria a la medida de Cristóbal López. A veces es difícil diferenciarlos. Y no es cosa de analistas políticos: la gente tampoco encuentra las diferencias. El banderazo fue para los dos.

Ricardo Roa

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