Domingo, 20 Septiembre 2020 06:00

Nación - Larreta, una pelea nacional - Por Ignacio Zuleta

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La pelea entre oficialismo y oposición se nacionalizó como en tiempos de la confrontación presidencial de 2019.

El peronismo le dará tratamiento este lunes al proyecto de nuevo recorte de coparticipación de impuestos con la CABA. Esa iniciativa reduce los fondos a los tiempos anteriores al gobierno de Cambiemos, le baja el porcentaje de 3,5% a 1,4% y libera 0,92% que la Nación repartirá con las provincias según el sistema de coparticipación. Bingo para lograr una aprobación sumaria del proyecto que le pone un valor al aporte para manejar la policía porteña y la hace depender, en adelante, de la discusión cada año del presupuesto. ¿Qué legislador del interior va a defender las finanzas de la CABA, que además gobierna Juntos por el Cambio con Horacio Rodríguez Larreta a la cabeza, que disputará las presidenciales de 2023 con el peronismo? Esa nacionalización blinda el proyecto de jibarizar las posibilidades futuras de Larreta bombardeándole el morral. Esperable dentro de la andanada de proyectiles que guardaba el peronismo desde antes de la peste y que tampoco termina acá.

Schiaretti, con distancia social

El jefe porteño también amagó con mostrar algún armado también nacional que mantenga la sustentabilidad política de sus proyectos. Lo más importante fue la conversación que mantuvo con Juan Schiaretti el último fin de semana. Ocurrió que el gobernador de Córdoba se apartó del resto de los mandatarios de su partido en el apoyo al primer recorte de la "copa" a la CABA. La iniciativa de llamar fue de Larreta, en agradecimiento en un gesto que es el más importante que ha producido el otro peronismo desde diciembre de 2019. Evoca gestos de la Alternativa Federal de la mesa de los 4 que murió dinamitada por la unidad del PJ nacional. Pero Schiaretti no ha querido quedar descolocado en tu propio público, que lo ha ungido en gobernante, pero además gerente de la capital nacional del anticristinismo. Algo de instinto hay en esto de no apoyar una medida que le pueden aplicar a él. "No me voy a dejar arrastrar como en bolsa”, pudo haberle dicho a Larreta.

Los Cafiero, una vida dedicada a demoler la autonomía porteña

Este envión contra la CABA se basa sobre una hipótesis en la que cree el peronismo y muchos otros partidos: que la economía maneja la política, y que la extorsión presupuestaria mueve voluntades políticas. Es indemostrable y fuente de errores mayúsculos. El triunfo de la Alianza desde 1997 frente al poderoso peronismo que conducía Carlos Menem es el ejemplo más reciente. Macri prosperó ocho años como gobernante de la CABA aislado por el gobierno de Cristina de Kirchner que tenía mucho más poder que Alberto. Lo arrinconaron con la billetera, pero igual les ganó la presidencia en 2015. No fue por la plata sino por la política. En esos años aprendió Larreta a respirar bajo el agua, capacidad que deberá recuperar para salvar su proyecto político. Para estas peleas es un buzo táctico. Se verá si le alcanza.

El nombre de Cafiero volvió a ponerle sombra a la autonomía política del distrito. El abuelo Antonio fue autor de aquellos recortes a los fueros del distrito federal que dispuso la constitución en 1994. La llamada "ley Cafiero" fue el primer ataque del peronismo a los institutos de la nueva constitución, algo a lo que ha dedicado grandes esfuerzos en el último cuarto de siglo. Ahora otro Cafiero, Santiago, firma un proyecto de ley que cita a su abuelo en uno de los considerandos. Algo parecido a lo que hace Cristina en sus decretos como presidente del Senado. En el último, que renueva el polémico protocolo de sesiones remotas, se cita a sí misma como antecedente de la medida. La política criolla parece un ensayo de terraplanismo: Cristian Ritondo fue - siendo diputado nacional - el autor de la primera ley que limitó ahora los efectos de aquella ley Cafiero. Por eso explica que Larreta, apenas se enteró - esta vez sin aviso previo - de esta segunda quita - escuchó a Ritondo y a Álvaro González antes de ingresar el jueves a Olivos.

Alberto y Massa, bandera blanca

En política como en la vida, los problemas son de plata, del alma, o son fatalidades inevitables de la especie. Son de la competencia o de Marx, de Freud o de Darwin. Esta es una guerra por el poder que no explican ni Freud ni Marx, porque no es entre temperamentos ni por el monedero. Es por el poder y sobrevivirán, desde la óptica de Darwin, los más aptos: el peronismo hace un ataque terminal sobre el Fortín CABA y emplea lo mejor que tiene, que es el apoyo de todas las provincias. Schiaretti se aparta de esa pelea. Y da señales de diferenciación. Falta algún recorrido en esta crisis. El viernes le CABA presentó una demanda por el primer recorte que contiene un pedido de amparo. Este segundo recorte puede servir como prenda de negociación para que la CABA baje esa pelea en la Corte. Eso en el caso de que la Nación tema los efectos de la cautelar, que si sale desnudará que la justicia vuelve a tener más poder que el Ejecutivo.

Este segundo recorte habría obrado como un cañonazo disuasorio. Larreta escuchó argumentos poco sólidos en Olivos el jueves, en la reunión a solas con Alberto: "No tenía otro remedio". ¿Por la economía o por sus socios en la coalición, Cristina y Massa? (De paso, el tigrense permaneció fuera de juego en la semana, atendido de alguna pupa que no es viral).

Entre ellos también hay una pelea darwiniana. La explicación albertista le sonó floja a Larreta, que pareció advertir cierto ánimo acuerdista en el presidente. En la charla a solas escuchó de Larreta la advertencia de que pelearán en todas las instancias. “Me parece que quiere arreglar”, se escuchó en la comitiva que acompañó a Larreta a Olivos, por donde merodean dirigentes porteños que son parte constituyente del poder en la CABA, como Juan Manuel Olmos. Deben una explicación por estas medidas anti porteñas a los socios en más de un entendimiento con Cambiemos. El mismo tono advirtió la oposición en Diputados en el pedido que le hizo Sergio Massa a Mario Negri de una "sesión tranqui" para este miércoles. Puede coronar un acuerdo fino para la ley del fondo de garantía de la ANSeS, en la cual el oficialismo aceptó cambios del proyecto a cambio de quórum y votos.

No hablaban desde la última sesión-escándalo y le debe haber dado ánimo el éxito del legislador radical en su invectiva contra Alberto. Fue en una carta de Negri en defensa del mérito que hasta este fin de semana había llegado al medio millón de reenvíos por internet. Otro desliz verbal del presidente, que negó el camino del mérito para progresar en la vida, cuando él se mueve, como Cristina y Sergio, con la suficiencia de quienes cree que llegaron a donde llegaron por el mérito y no por picardías de familia.

Macri, sin intermediarios con el Pro

Igualmente, darwiniana fue esa aparición de Mauricio Macri en el primer zoom público por fuera de la cúpula de comando de su partido ante un centenar de dirigentes del Pro de Mendoza que se sindican en la jefatura del diputado Omar De Marchi. Esa visita pastoral halagó a los invitados porque fue una distinción. Pero los modos florentinos, a veces crueles, de Macri tienen doble filo. Siguió a la marejada interna que levantaron las palabras de Emilio Monzó sobre la necesidad de mandar al archivo a la vieja política que algunos sindican en el duelo Macri-Cristina.

Las escaramuzas de Monzó tienen como objetivo darle músculo a una alternativa dentro del Pro que se aparte de otros liderazgos que él combate, como el de María Eugenia Vidal en Buenos Aires o el de Patricia Bullrich y Cristian Ritondo en la Capital. Esta visita pastoral de Macri calafateó a ese sector para aferrar la titularidad de la franquicia. Señales: mencionó en ese zoom del jueves por la mañana a solo dos dirigentes.

Uno fue Pichetto, a quien saludó como una de las incorporaciones "más potentes" de Juntos por el Cambio. El otro, Cornejo, que en algún momento tuvo fricciones con De Marchi - compitieron en las PASO a diputados del año pasado. "Interpreta muy bien el mensaje anti-populista que hay que dar, y lo expone muy bien", pacificó sobre el jefe radical, que ha sido otro de sus críticos.

En esos foros de denso ADN conservador, un aleteo de ganso tira más que una yunta de bueyes. Es lo que ensayó Macri para darles a entender que su referencia con ellos no tiene intermediarios. Al padrón conservador lo atiende él directamente. como ocurrió en enero en aquella autocrítica ante conservadores de Río Negro que hizo en La Angostura. O en la visita que recibió en Los Abrojos del trío de intendentes que le costó el ensayo de "lawfare" que le hizo el intendente de Malvinas Argentinas con la denuncia por delitos presuntos de lesa cuarentena.

Halagos mendocinos

De Marchi tiene buen diálogo con Monzó, pero es Pro puro y tiene línea directa con Los Abrojos, por decirlo simple. Otrosí: lo buscan en el macrismo a José Torello, fue el avalista del juez Juan Manuel Culotta para que tuviera funciones como la subrogancia en el juzgado con competencia electoral en La Plata y que hace bloque en el Consejo de la Magistratura con Juntos por el Cambio. Culotta, un amigo, ordenó el allanamiento del jueves. Ese ajedrez del cual queda lejos Monzó, lo coronó Macri con la defensa de la obra de Portezuelo del Viento. Para los mendocinos es como las Malvinas y Alberto Fernández amenazó en algún momento en desarmar el acuerdo para financiarlo que habían acordado Macri con Cornejo.

Fue en respuesta a las impugnaciones de La Pampa, pero no ha interrumpido el pago de las cuotas comprometidas con Mendoza para que la obra avance. Esa amenaza tiene afectados, porque ocurrió antes del cierre de la licitación y las dudas del gobierno nacional pudieron ahuyentar a algunos grupos empresarios nacionales que estaban pidiendo pista para entrar en ese negocio. Debía mediar una postergación del plazo de cierre de las ofertas, pero Mendoza no lo dispuso y ese interés se disipó.

Otro debut: Pichetto con Larreta

El nombre de Monzó estuvo en otro debut notable de la semana, logado también a las urgencias que movieron a la oposición a revisar los daños después del primer cañonazo que fue el recorte de la coparticipación a la CABA. Fue el café que compartieron el miércoles por la tarde Pichetto con Rodríguez Larreta en el palacio municipal de Parque Patricios – presentes Jorge Franco, lugarteniente de Pichetto; Diego Santilli, Fernando Straface.

Ese encuentro amplía el arco estratégico del armado de un club peronista que se construya como pata o cabeza de Juntos por el Cambio. Para Macri es pata, para Pichetto y sus armadores, es cabeza y busca una construcción nacional que alimente la densidad de la oposición mirando a las elecciones de 2021. El excandidato expuso la necesidad de que el armado nacional que pergeña Larreta sume agrupaciones políticas, más que personas del peronismo.

Fue una respuesta a alguna oferta del jefe porteño de incorporar peronistas del ala Pichetto a su gestión. El exsenador es un crítico del ala Monzó, a quien le atribuye el proyecto de dejarlo afuera a Macri de cualquier diseño futuro. Bloquea esos intentos la percepción en esos cuarteles de que sobre exhibirlo a Macri es una fabricación urdida por el gobierno nacional. Repite con eso la estrategia macrista de sobreexponerla a Cristina después de 2015 en la creencia de que hundiría al peronismo. Ella lo hundió a Macri. Eso duele en Uspallata porque Larreta ya ha sumado a gente del sector Frigerio-Monzó a sus equipos, que contrapesan la alianza que él tiene con Vidal, adversaria interna de Monzó, que la contrarió creando un bloque aparte en la legislatura de Buenos Aires en sociedad con Gustavo Posse. Ese club tiene un entendimiento propio con otro aliado de Larreta que es Martín Lousteau, que confronta con los amigos de Vidal - Maximiliano Abad, Daniel Salvador - en la disputa por la conducción de la UCR de Buenos Aires.

La opción catastrofista: acuerdo ahora, o después

El motor de las acciones del ala Frigerio-Monzó-Massot es poco menos que catastrofista: entienden que la gestión del gobierno nacional se encamina a un colapso institucional por arrastre de una crisis económica que sólo puede terminar en medidas que alterarán en orden público. En su hipótesis, esa situación sólo se puede superar mediante una concertación del oficialismo nacional con la oposición. Esa concertación ocurrirá, entienden por ahí, por necesidad.

La pregunta es si ocurrirá antes del colapso, como una manera de evitarlo, o después del colapso. Lo que no ocurrió antes de la crisis de De la Rúa en 2001, creen ellos, podría servir de experiencia para evitarlo. Si no, vendrá después, como en 2002. En uno y otro caso, las figuras de Macri y Cristina estarán afuera de la solución. Una profecía audaz, porque en la Argentina opulenta nunca la restricción económica voltea a la política. Cuando la economía amenaza, la política resetea el sistema económico, devalúa, defaultea, cambia la moneda, destituye gobiernos y busca una nueva salida. Es otra de las excepcionalidades argentinas.

Nueva traza para la avenida del medio

Larreta recorrió esos caminos que le pueden mejorar el tinglado bajo el bombardeo. El jueves recibió en su despacho a Joaquín de la Torre, exministro y armador del gabinete de Vidal y que es otro de los constructores de peronismo para sumar a Juntos por Cambio. Es quien cabalga la opción por Pichetto, a quien le hace participar en más de un zoom por día. Venían de algún chisporroteo y se debían alguna caricia en honor de amigos comunes, como Vidal. De la Torre es un encendido antiabortista y lo había criticado a Horacio por no vetar la ley de adhesión de la ciudad de Buenos Aires al protocolo de interrupción legal del embarazo. “La institucionalidad se puede violar con la reforma de la Justicia o aprobando protocolos para los que no se tiene facultades. Horacio y Alberto son dos caras de la misma moneda”, se había enojado Joaquín. El pretexto del encuentro fue repasar el mapa electoral del partido de San Miguel, sitio que mantiene De la Torre bajo su control.

La hipótesis del visitante es que 2015 Cristina eligió a Macri como adversario y que ella lo había elegido ahora a Horacio. Una exagerada confianza en el voluntarismo, como si cada cual pudiera elegir a quien pelear. Macri y Larreta con adversarios del peronismo, los elijan o no sus dirigentes. De la Torre tiene hipótesis contra fácticas. Para él el hombre para el 2015 no era Macri sino Sergio Massa, a cuyas filas perteneció con jinetas de comando. Gualeguaychú- convención radical que apartó a Massa de Cambiemos - fue un error. Massa era, según De la Torre, quien la sacaría a Cristina del juego definitivamente y por eso ella eligió confrontar con Macri y festejó las decisiones de Gualeguaychú.

En su percepción, Pichetto representa hoy la ancha avenida del medio de Sergio en 2015. En la charla reapareció el nombre de Macri, blanco del monzoismo, que tampoco es santo de la devoción del devoto De la Torre. Hay que buscarle un lugar, no tirarlo por la ventana. Nooo, se expresó la mesa. “Ni jefe ni jarrón chino”, aportó otro. De la Torre hizo pichettismo explícito y avisó que lo recibiría al exsenador en San Miguel el viernes. Larreta le replicó que para esta semana tiene prevista una nueva reunión con el rionegrino y uno de sus armadores, Ramón Puerta. Estará Diego Santilli. Se van formando parejas.

Ignacio Zuleta

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