Lunes, 30 Noviembre 2020 11:05

Sergio Massa durmió a Horacio Rodríguez Larreta, la teoría del indulto K y el compañero Donald Trump - Por Ignacio Zuleta

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El jefe de Diputados avanzó con el recorte de fondos a la Ciudad. La llamativa propuesta de un senador opositor. Y la defensa de un oficialista al presidente de EE.UU..

El Gobierno lanza el ataque final sobre Larreta

La tensión que le puso el Gobierno a las relaciones con la oposición promete un fin de año con batallas terminales. El oficialismo llamó por sorpresa a una sesión de Diputados este lunes, para convertir en ley un corsé financiero al gobierno opositor de la CABA. La jugada pone en riesgo su destino inmediato, porque probará la fuerza de todos los sectores de la oposición para embarcarse en la confrontación con Juntos por el Cambio. Si el Gobierno logra la sanción de esa norma, y más importante -como señal política- si suma al resto de la oposición para dar el quórum a la sesión, aislará a Horacio Rodríguez Larreta. Si Larreta pierde, pueden perder todas las provincias, que quedarán amenazadas por proyectos similares de quita de fondos, sin un acuerdo negociado.

El impulso aprovecha la excepcionalidad del protocolo de sesiones semi-virtuales, que rige hasta este lunes en Diputados, y que impone la posibilidad de habilitar una sesión especial sin aviso. La oposición de JxC impugnará el llamado, porque quiebra el compromiso de que un bloque pueda pedir presencialidad para el tratamiento de temas no acordados. En ese caso, el llamado debe hacerse con seis días de anticipación. Esta convocatoria se hizo el viernes a las 20:20, después de que el presidente de la cámara Sergio Massa "durmiera" a la oposición. En una reunión del jueves con las autoridades de las comisiones, que debían dictaminar sobre la despenalización del aborto, les dijo que no estaba decidido que hubiera sesión este lunes. En 24 horas disparó el misil.

Los dramas de otra regencia cristinista

La decisión de ir a la guerra total para aislarlo a Larreta prueba que es una fantasía -alimentada por dirigentes y también por un sector de la prensa- que existe disidencia de fondo en la trifecta presidencial. Alberto, Cristina y Massa no son lo mismo, desean, sueñan, comen y huelen distinto, seguramente son entre sí sus peores enemigos, pero en punto a estrategia política juegan unidos sin diferencias. Quien apueste a esa fantasía, va a ver que siempre gana el cristinismo, que expresa posiciones que no tienen contraparte eficiente en el Presidente ni en el jefe de los Diputados. Es una consecuencia de la física política, porque Cristina domina en el peronismo del principal distrito del país; Massa es un quebrado que representa a la minoría de ese sector, y Alberto es un funcionario sin territorio ni tropa propia.

Los tres son gente –hasta por edad, Alberto usa bigote de comisario- con más pasado que futuro, y es comprensible que posterguen disidencias por un instinto de conservación. Esto les da fuerza para arrastrar el interés público del Gobierno a una agenda del interés particular de la ex presidente, arrinconada por reproches judiciales que terminan comprometiendo al conjunto. Esta Cristina se comporta con una regenta por sobre los demás socios del Gobierno. Impone el estilo de otras regencias cristinistas que Pérez Galdós describió con crudeza: "No hay cabeza que administre y gobierne. Todo se vuelve aquí intrigas y discursos, miedos grandes de mujeres y ambiciones pequeñas de hombres". Lo escribió sobre como la de María Cristina de Borbón, regenta en la España del siglo XIX entre 1833 y 1840). El tiempo no pasa.

La otra pata: poner a la Justicia en comisión

Este disciplinamiento de la oposición va de la mano de otro movimiento, también ordenador de fuerzas ajenas, que el oficialismo lleva sobre la Justicia. El Gobierno recortó el sistema de jubilaciones y precipitó salida de magistrados en masa. Después devolvió pliegos de candidaturas a la Magistratura en todos los niveles, acordadas por el peronismo con el oficialismo de Cambiemos antes de diciembre de 2019. Luego desbarata el ministerio fiscal con la ley Casal de reducción de los 2/3 de los votos, para sacar o poner al jefe de los fiscales, y embarca a todos en una reforma judicial que ya aprobó el Senado.

Tanta pasión tiene un solo propósito: mostrarle al Poder Judicial que no hay padrinos políticos fuera del peronismo que gobierna. Este mensaje que emana de todas las decisiones que toma el oficialismo en materia judicial, tiene hasta ahora sólo un freno. La Corte Suprema de Justicia reveló en su fallo sobre los traslados de jueces, que rechaza en fondo y forma ese frenesí de cambios en la Justicia. El interés exagerado no tiene otra explicación que la protección de un proceso, que el Gobierno ha sido incapaz de contrarrestar con otras estrategias que el acoso a la justicia.

Pícaro, tío Esteban reflotó el fantasma del indulto

Profeta de mil batallas, Juan Carlos Romero mentó al demonio en la última sesión del Senado, al reflotar la receta del indulto como el final de las cuitas del peronismo encuadernado. La tomó del decreto de Donald Trump que indultó al exasesor de seguridad nacional Michael Flynn, quien le mintió al FBI en una investigación que rodeaba al presidente americano (una inocentada, vista desde acá). Y se la sugirió al oficialismo, como el remedio de los males judiciales de ex funcionarios del peronismo. Reflotó el argumento del indulto como una solución para el embretamiento del oficialismo en la agenda judicial de los ex funcionarios, y las dificultades para sacarlos de ese purgatorio, en el primero de los cuatro años del mandato albertista. Si esto sigue así, los juicios a Cristina se harán, presenciales o por zoom, y las causas se encadenarán en el tiempo durante los próximos años. Es probable que las arrastre hasta el 2023.

Si Alberto cree, como dice, que Cristina es una perseguida política, ¿no la indultará antes de dejar la presidencia, como lo hizo Gerald Ford con Richard Nixon, a quien también creía inocente? Irónico con su barbita de tío Esteban (el personaje de César Romero en el Zorro), el senador salteño dijo: "Un indulto o una amnistía, creo que es más transparente, porque hay menos daño a las instituciones". Y remató: "Lo mismo podría hacer el presidente Fernández: antes de concluir su mandato dar una amnistía, un indulto, a todos los imputados. Será reprobable, yo podría quejarme, pero por lo menos podremos decir que en los cuatro años del presidente Fernández no se les hizo daño a las instituciones, aunque se le haya hecho daño a la búsqueda de la verdad y la justicia en el país”.

Insólito, Mayans defendió a Trump de un fraude

Y ya que estamos con Trump, no imaginó el extravagante presidente yanqui que tendría altos hinchas por estas costas. José Mayans, inflamado en la última sesión del Senado al reprocharle a la oposición todas las trapisondas del género lawfare, lo incluyó entre las víctimas de esas campañas "contra los gobiernos populares”. Según el jefe del bloque oficialista en el Senado, el gobierno de Cambiemos montó un tinglado judicial destinado a derribar a los "gobiernos populares". Ese armado es el que el actual gobierno, argumentó, ahora busca disolver con el corsé a los fiscales, que es la ley Casal de reforma del ministerio público; la revisión de los traslados y la extinción de dominio (que Macri ordenó en un lavadísimo DNU). La audacia formoseña incluyó a Trump junto a Lula entre esos gobiernos populares, una profesión de fe que no había explicitado nunca el oficialismo, salvo en los episodios -episódicos- en los que Massa se vareaba con Rudy Giuliani.

La mención a Trump hiere los esfuerzos de la diplomacia de Olivos por subirse al carro de los vencedores con Joe Biden. Estas sesiones son materia de diván para los políticos, porque esa mención la completó Mayans con una defensa del derrotado como víctima de un sistema que quiso imponer por acá el macrismo. Según el senador, Trump perdió las elecciones con Biden por culpa del voto electrónico "que hoy denuncia Trump que es un verdadero fraude. Dicen que algunos tienen la maquinita escondida y le dijeron que, lamentablemente, perdió por dos votos. Eso es lo que está diciendo Trump. Ese era el voto electrónico". Es imaginable el regocijo que esta defensa producirá en el ánimo de Trump cuando se entere. En los Estados Unidos lo que dice un "congressman" lo toman siempre muy en serio. No como acá, donde los legisladores de todas las tribus pasan más tiempo en marchas callejeras en torno al Congreso, que en sus bancas.

El turno de Schiaretti

El Gobierno cumple un año de la asunción de Alberto y no ha podido modificar la herencia recibida en el campo judicial. Esto explica la agresividad de aprovechar la última hora de las sesiones ordinarias para:

  • 1) Cerrar la reforma al sistema de fiscales, que pone a todo el ministerio público en vilo.
  • 2) Alinear a toda la oposición, bloqueando cualquier camino que no conduzca a Olivos y al instituto Patria.

Tiene como blanco no sólo a Larreta. Tanto o más importante es el rol de Juan Schiaretti, el mandatario más poderoso del peronismo –por la dimensión de su distrito y porque tiene poder propio, no vicario, como el de Axel Kicillof en Buenos Aires-. En las últimas horas hubo más de un diálogo entre el jefe porteño y el gobernador. Los cuatro diputados que le responden son claves para que el peronismo los sume a los 118 originales que tiene. Schiaretti es el referente más importante del peronismo del interior, que equilibra las fuerzas del oficialismo con el peronismo metropolitano.

Alentó hasta el año pasado la Alternativa Federal, esa mesa que integraba junto a Massa, Urtubey, Pichetto y Lavagna. No quiso ser candidato a presidente de ese entendimiento, y eso precipitó la reunificación del peronismo con Cristina adentro. Mientras él mandó en aquella mesa, Cristina estaba. Si el Gobierno consigue alinearlo a Schiaretti, habrá sumado una ficha que hasta ahora no tiene, de cara al futuro electoral. Un dilema para el “Gringo”, porque tiene compromiso de financiamiento con la Nación, donde lo apuran. Además, gobierna en la capital nacional del anti-kirchnerismo y su público le puede llegar a cobrar caro un corrimiento explícito hacia el Instituto Patria.

Operación para desmoronarlo a Massa

El alineamiento en la doble maniobra de cerrar las filas del oficialismo en torno al antilarretismo y en las reformas judiciales también debilita a Massa como integrante de la mesa de tres patas. Juntar el quórum y lograr los votos es, al final del día, su misión. Ha pedido más tiempo para todas las leyes cristinistas: riqueza, reforma judicial, reforma del ministerio público, ahora el recorte a los fondos de la CABA. Es porque no tiene la fuerza suficiente para alcanzar el número que le permita abrir las sesiones. Pero también está obligado a cortar lazos con proyectos personales. Uno es conservar la identificación con el electorado de centroderecha moderado, que comparte con la oposición del PRO. Esa fue la causa de su divorcio del peronismo desde 2011, y sus aventuras como aliado del macrismo en varias tramas entre 2013 y 2019. Tiene muchos amigos en esa oposición que, aun después de su regreso al Instituto Patria, lo han ayudado y lo siguen escuchando.

Ponerlo de verdugo de las finanzas y del proyecto de guerra a Larreta es pedirle una prueba de sangre, como aquellas que les reclaman los jefes terroristas a sus reclutas, cuando los obligan a una ejecución que pruebe su lealtad. En este caso lo están forzando a romper del todo sus lazos de ideas (y generacionales, por amistad de años) con esa franja que une a dirigentes de la oposición como el propio Larreta, Ritondo, Santilli, Monzó. En estas horas, la tarea de esos dirigentes ha sido convencer a legisladores de todo el país que resten apoyo a la sesión de este lunes. Paladean en el Instituto Patria el desmoronamiento de Massa en este grupo de sus amigos.

Ojo: discuten poder, no dinero

La misma mirada melancólica merecen los dirigentes del círculo chico de Alberto, que entran y salen de Olivos, todos de la CABA, con origen y destino en el distrito al que el peronismo cristinista quiere sacarle las finanzas. De ese grupo, Juan Manuel Olmos encabeza la lista de víctimas de este envión cristinista. El asesor presidencial ha sido un socio histórico del macrismo en la Capital, en un cogobierno tácito que le ha permitido dominar áreas de la Justicia y la Legislatura. Las relaciones entre los gobiernos de Macri y Larreta con el peronismo en los últimos 15 años han sido de cooperación. Es el puente al que le pone dinamita la presión del cristinismo, para condicionarlo a Larreta no sólo como gobernante de la Ciudad, sino como candidato presidencial de la oposición en 2023. Larreta sabe de esto y valora más el rédito político de no negociar el recorte que salvar unas monedas.

Produjo urticaria en el Gobierno nacional con el proyecto de ponerle impuestos a las Leliq y a las operaciones de pases entre los bancos. "Lo hacen ya Tucumán y Córdoba, y no han dicho nada", respondieron ante las quejas de Miguel Pesce. Con esa plata y un ajuste en el presupuesto "de contingencia" creen que compensarán el recorte que les hicieron antes a la coparticipación y ahora a la policía. La Nación avanzó en ofertas de acuerdo, el más audaz era que la CABA sacase la demanda en la Corte por el recorte a la coparticipación, abrir un lapso de 60 días para negociar y que la ley que se intenta tratar este lunes no ponga un número al pago de la policía a la espera del nuevo acuerdo. Hasta este domingo a la noche nada mueve a Larreta de su posición. Tampoco al Gobierno. En los dos bandos priman cuestiones políticas, financiero es el pretexto. Discuten poder actual y por futuro. La plata siempre se arregla.

El círculo porteño de Olivos en apuros

El círculo porteño que entorna a Alberto es cautivo de esa estrategia, porque se la imponen desde arriba, porque ellos han tenido su beneficio en la cohabitación con el macrismo, no en la confrontación. Perdedores consuetudinarios en el distrito, aprendieron a respirar bajo el agua, y a convivir como eterna oposición. Saben que arrinconar a los gobernantes actuales de la Ciudad con el recorte de fondos, no es el mejor camino. Macri y Larreta saben también respirar bajo el agua como ellos: lo hicieron bajo la administración nacional de Cristina, y aun así les ganaron en 2015. Dudan con razón de las estrategias cristinistas, que siempre quedan en el camino.

Solo los fanáticos la consideran una mente brillante, superpoderosa y que logra todo lo que quiere. Han tardado un año, y no pueden sacar las leyes que dicen les salvarían la vida. Chocaron Vicentin y no pueden salir del bloqueo de la oposición en las dos cámaras. Y la ex presidente sigue procesada, no puede salir del país sin permiso, está embargada y forzada a vivir de sus jubilaciones, y la salud tampoco ayuda mucho. No es vida, señor.

Nunca tanto dependió de tan pocos

La oposición fatigó los zooms desde el viernes para ajustar el discurso que llevarán este lunes a las 14 a la reunión de Labor Parlamentaria, previa a la sesión a la que llamó Massa. Impugnan la convocatoria, por no hacerla con los seis días necesarios para asegurar la presencialidad. Tampoco aceptarán discutir allí un nuevo protocolo. El discurso lo adelantó Mario Negri cuando dijo el sábado que este proyecto que quiere aprobar el Gobierno contra la CABA abre un nuevo capítulo, que es el final del federalismo. Cristian Ritondo y Álvaro González estuvieron tres horas en el zoom del PRO para acuñar el lema del “federalismo consensuado” que hay que proteger, y Ritondo cargó contra Massa al bromear con que en Diputados la mesa de entradas es un “Open 24”: llama a sesiones cuando quiere, o le conviene.

Juntos por el Cambio tiene 115 bancas contra 118 del Frente de Todos. Hacen falta 129 para arrancar y la suerte del proyecto depende los 25 votos que se reparten entre el lavagnismo de los “federales” –que de 11 bancas asegura que por lo menos 9 no dan quórum ni votan-, la izquierda, que tiene dos diputados de la CABA como Nicolás del Caño y Myriam Bregman, y los cuentapropistas, entre quienes está el massista José Luis Ramón, de Mendoza, y la neuquina Sapag. Nunca tantos dependieron de tan pocos. Pero es la gran batalla de 2020 para el oficialismo y la oposición.

Ignacio Zuleta

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