Viernes, 11 Diciembre 2020 10:52

Las preguntas que Alberto Fernández y Cristina Kirchner no se pueden responder - Por Ignacio Miri

Escrito por

A un año de la llegada del Frente de Todos al poder, todavía persisten cuestionamientos internos que la coalición no puede resolver.

Pasó un año desde la llegada del Frente de Todos al Gobierno y la pregunta sigue siendo la misma que sirvió como bautismo de la coalición: ¿Cómo será la relación entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner? Aunque siempre está a mano la tentación de responder esa pregunta con las herramientas del psicoanálisis, en este caso la duda más inquietante permanece en el terreno de la política. ¿Cómo funciona una coalición entre aliados tan desiguales como los dos Fernández?

Hoy, el anecdotario muestra que la relación personal entre el presidente y la vicepresidenta está congelada. Básicamente, lo que ocurre desde el 26 de octubre -cuando publicó la carta de los funcionarios que no funcionan- es que Cristina difunde una declaración y luego Alberto sale a apoyar ese texto. Ocurrió con aquel texto despiadado, pasó con el comunicado en que el bloque de senadores oficialista informó que estaba cambiando la fórmula de actualización de jubilaciones y planes sociales que había diseñado el Gobierno, y también sucedió luego del ataque de Cristina a la Corte Suprema. Cristina castiga, Alberto apoya, incluso cuando los latigazos van dirigidos a su espalda.

La clave de la supervivencia de esa sociedad es que -como suele ocurrir en política- está construida sobre el interés, y ese interés persiste. La motivación que llevó a Cristina a nominar a Alberto como candidato e incorporar a Sergio Massa a su alianza era la de ganar la elección de 2019 para cortarle el ciclo a Mauricio Macri. Como Juntos por el Cambio siguió unido incluso luego de la derrota, la motivación original servirá para mantener el Frente de Todos durante todo el año próximo, cuando tocará transitar otra vez una campaña electoral.

Todo indica que en los meses que vienen el Presidente será un testigo del armado de las listas que discutirá el kirchnerismo con los gobernadores y con Massa y su gestión de gobierno quedará atada a las necesidades de esa misma campaña. Eso ocurrió con el cambio de la fórmula de actualización previsional y también sucederá cuando Martín Guzmán quiera poner en práctica la baja de subsidios y el aumento de las tarifas de los servicios públicos.

Ese equilibrio entre el Presidente y su vice es inestable por varias razones.

Una es que Cristina tiene y seguirá teniendo por largo tiempo poder político propio y Alberto posee los atributos que le da su cargo. La otra es que Cristina tiene desde hace años un electorado que la sigue a pesar de los vaivenes de su carrera y que flota en torno al tercio del padrón electoral.

En sus cartas, Cristina le habla directamente a la Justicia e indirectamente a su compañero de fórmula, pero sobre todo le habla a sus votantes, a esa parte de la Argentina que piensa muy parecido a cómo piensa ella. Cualquier político puede entender esa situación. El problema con el Presidente en ese punto es que su público no está dibujado con tanta claridad como el de su socia. Es cierto que un Presidente está obligado a hablarles a todos los argentinos, pero ¿a quién le habla Alberto Fernández?

Una encuesta nacional de la consultora Reale Dallatorre que se terminó de procesar esta semana indica que Cristina mantiene una imagen positiva para el 33% de la gente y un 65% de imagen negativa. En el caso del Presidente, quienes lo ven bien suman el 43% y quienes le atribuyen características negativas un 53%. El dato es que Cristina está en esos niveles desde hace años, mientras que el Presidente viene empeorando desde mayo.

Ese mismo estudio trae otra información que se dio vuelta desde los primeros meses de la pandemia. En mayo, 56% de los encuestados decían que Alberto tenía más poder y el 20% decía que Cristina era más poderosa. En diciembre, esos números se invirtieron: el 28% le asigna el poder al Presidente y el 47% a la vice. Los que dicen que tienen el mismo poder se mantuvieron todos estos meses en el 20%. Por si hace falta decirlo, ese cuadro configura una situación anómala en la historia democrática argentina.

El otro problema de la fórmula presidencial es que los dos piensan muy distinto. El profesor de derecho que habita en el Presidente debió sentirse incómodo al suscribir un texto como el de Cristina, inimaginable en las tradiciones liberal o socialdemócrata que él mismo reivindica. La vicepresidenta ni siquiera escondió la contradicción que implica reivindicar a la “Corte Suprema más independiente y prestigiosa de las últimas décadas” y dos párrafos después atacar verbalmente a la mitad de ese mismo tribunal como harían Jair Bolsonaro o Donald Trump.

A su vez, el mismo Fernández que prometió cerrar la grieta una y otra vez contrasta con la persistente estrategia de la vicepresidenta por agrandarla. Para Cristina y para los dirigentes que la rodean el conflicto no sólo es ineludible: es una característica deseable para la estrategia política porque sirve para construir un discurso y una práctica singular y organizadora.

La otra tensión que existe en el Frente de Todos es una pregunta más profunda. Todos coinciden, como se ha dicho, en que el interés de desplazar del poder “a Mauricio Macri y el neoliberalismo” sigue vigente y sigue funcionando como el cemento que une a la coalición. Pero, un segundo más tarde de llegar a esa conclusión, surge un interrogante que no tiene una respuesta unívoca: “¿Para qué?”.

Ignacio Miri

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…