Lunes, 28 Diciembre 2020 10:51

El cumple de Elisa Carrió, súper martes en el Congreso y la reforma de López Rega - Por Ignacio Zuleta

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La rosca política en la celebración de la líder de la CC. Cómo vienen las sesiones en el Senado y Diputados. Y los cambios que proyectan en Salud.

Cumpleaños con lanzamiento opositor

Quien esperaba sólo una fiesta gitana, como otras de antaño, cobró doble. La cena a la que convocó el sábado Elisa Carrió, con el pretexto de su cumpleaños, fue un lanzamiento político. La ocasión quedó cubierta por el diseño político, que resultó de la peregrinación hasta la pedanía de Capilla del Señor. El formato agrupa -después del aviso de la jefa de la Coalición de que será (pre) candidata a gobernadora de Buenos Aires en 2023- al sector larretista de Juntos por el Cambio, en toda su gama. Desde ya el PRO premium, con Horacio Rodríguez Larreta, y el radicalismo de Daniel Salvador, que en ese distrito pelea con el sector de Gustavo Posse, encadenado a Larreta en la CABA a través de Martín Lousteau.

Esta concentración metropolitana se complementó con señales más estridentes, como la presencia de Mario Negri, jefe del interbloque y hoy el radical más importante en la cúpula del poder. Negri hizo un esfuerzo para llegar a la reunión y sentarse junto a Larreta, pocos días después de que protagonizaran un zoom federal que superó los 100.000 rebotes. Pareció organizada para mostrar esa amalgama que se diferencia del sector de centro derecha de la oposición, que se sindica en el propio Mauricio Macri, Patricia Bullrich o Miguel Pichetto. Los diferencian matices y rubores, sobre cómo armarse para el debate que se producirá en marzo, en la previa al cierre de listas para las PASO de agosto, que ocurrirá en junio. Picar primero en un armado preelectoral sirve para ocupar espacios y mostrar el producto a la militancia.

Primer armado federal de Lilita

La expertise de Larreta es organizar escenarios, y cumple con su presencia el propósito que ha expuesto en reuniones anteriores: conviene a la oposición adelantarle a su público los nombres de sus alianzas y pretensiones. Es la manera de blindarse ante el carancheo de otras fuerzas. Esto explica que lo acompañase Diego Santilli, que muestra los dientes también como protocandidato bonaerense, aunque sin romper puentes con este sector. Habrá crónicas (y pocas fotos, esa fue una de las condiciones, incumplida por algunos celulares inteligentes) de este encuentro, el más brillante de un fin de año, que transcurrió con numerus clausus (cerca de 70 invitados), en mesas separadas, al aire libre, y por el que pasaron dirigentes del radicalismo identificados exitosamente con la CC en las últimas elecciones.

Atilio Benedetti, María Lucila Lehman (cantó cuando la fiesta se soltó, a los postres), Mario Barletta, algunos retornados como Adrián Pérez y Alfonso Prat-Gay, y toda la grey formal e informal de la Coalición, como el jefe de bloque Juan Manuel López y el titular del partido Maxi Ferraro, y amigos que no se quedaron en el camino, como el ex vicejefe de gabinete Mario Quintana. Mucho barbijo, gel, distancia y aislamiento. Para evitar contagios como los que pudieron ocurrir en una cena de ex alumnos a la que estuvo a punto de concurrir Macri, pero ya estaba de viaje. Dolor en la familia PRO.

Jubilaciones aún en gateras

Agazapados ante la peste, los diputados arrancan temprano en la mañana de este lunes los movimientos precompetitivos para la sesión del martes. Desde las 10 les toman examen médico para poder ingresar al recinto, en el edificio anexo al Palacio. El oficialismo no ha puesto trabas a la convocatoria, con lo cual transmite la seguridad de que tiene los votos para aprobar la nueva fórmula de actualización de las jubilaciones. Las partes echaron el resto, en la discusión que hubo en el plenario de las comisiones. Quedó claro que está en el borde, pero nadie va a una sesión sin los votos. Hubo alguna duda cuando habló el peronista Jorge Sarghini, del bloque disidente identificado con Roberto Lavagna, pero que no remite a él en estas decisiones. El economista criticó la fórmula atada a la recaudación y a salarios, pero agregó que una economía que indexa es una economía enferma, y que actualizar solo por inflación es un exceso. Disipó dudas este domingo cuando confirmó que votará en contra, como cinco diputados de su bloque.

Lo desvelos del oficialismo se dirigen a tener el quórum, sacar la mayoría simple a la hora de votar. Nunca mucho más de los 129 que han tenido en votaciones rabiosas y muy divididas. Temen algún cisne negro que deje a la reforma sin contenido, como es la amenaza de Mirta Tundis de poner objeciones al artículo 1° del proyecto, en desacuerdo con algunos factores de la fórmula matemática, que sólo entienden los expertos como ella. La diputada está en el cristinismo, acercada desde el massismo, y puede llegar a votar en contra, en particular ese artículo 1°.

¿Y si arrastra a la oposición y hacen caer ese artículo? La ley será inaplicable, y vuelve a estar vigente la fórmula Macri, que aprobó el Congreso aquella noche de los piedrazos. El oficialismo hará hostigamiento sobre conciencias ajenas en estas horas previas, desde dos trincheras, las bicamerales de Inteligencia y de ministerio Público. Menos mal que es la fiesta de los santos inocentes.

Enroques resbaladizos

El Gobierno se juega mucho en esta sesión del martes, que también pone a prueba a la oposición en su capacidad de deconstruir la mayoría del oficialismo. Tiene a la grey radical ordenada, pero hay filtraciones en el PRO. La formación paga la decisión de cambiar al vicepresidente de la cámara y exaltar al mendocino Omar De Marchi en lugar del porteño Álvaro González. Aquel tuvo la mayoría de los votos del bloque, y va detrás de una candidatura a gobernador de su provincia. González es el primer larretista y cumple hasta ahora la tarea de pastorear a propios y extraños para construir mayorías. Apenas dejó el cargo en la sesión preparatoria, viajó a los Estados Unidos y dejó que otro buscase los votos para ganar la sesión por las jubilaciones. Quiéralo o no, se notará su ausencia y habrá examen a De Marchi como operador federal en esas tareas discretas, que ocurren antes de la sesión. En la mañana de este lunes se reúne la mesa nacional de Juntos por el Cambio, y habrá alguna revisión de estos protagonismos. Álvaro asume –para mantener esas funciones irreemplazables de negociador– como secretario político del bloque PRO y, en esa condición, actuará en mesas importantes.

Cómo Massa, descuidista, desplazó a radicales de sillas clave

Estos cambios se hicieron porque el PRO había hecho un acuerdo interno para que un porteño como González fuera vicepresidente de la cámara un año, y un federal como De Marchi el segundo año. Una coreografía pulcra, pero cuyas consecuencias se medirán con el tiempo porque pueden pagarse caras. Hay experiencia en Juntos por el Cambio, de cuando se llamaba Cambiemos. La pasión, tibia para algunos, por cumplirle el acuerdo a aquel socio de Davos que era Sergio Massa, le costó al radicalismo perder dos cargos clave en organismos de control, que le fueron retirados en el frenesí del amiguismo que había entre el PRO y Massa, sin que nadie midiera el efecto en el largo tiempo.

El primero fue una silla en la Auditoría General de la Nación. En abril de 2006 el Frente para la Victoria, que había perdido las elecciones, reclamó que le reconocieran lugares en la AGN; pero el bloque de Cambiemos designó a Jesús Rodríguez, en nombre de la UCR, y al massista Gabriel Mihura Estrada -el abogado de confianza de Massa y apoderado de su partido, el Frente Renovador-. Allí quedó, y hoy la AGN no tiene mayoría radical por aquel desliz de una noche, que les hizo entregarle a Massa el cargo.

En noviembre de 2018 hubo otro golpe de mano del massismo. Sumó su fuerza a un acuerdo de todos los peronismos (Frente para la Victoria, Frente Renovador y Peronismo Federal) para que Cambiemos perdiera una silla en el Consejo de la Magistratura. Esto significó el ingreso de Graciela Camaño y la salida de Mario Negri. El radicalismo se quedó afuera del Consejo, y nunca nadie pudo convencer a ese partido de que fue por una mera sumatoria de votos. Creen que algo debió hacer Olivos o Rogelio Frigerio, que negociaba acuerdos en varios niveles con los gobernadores peronistas. ¿No se les ocurrió repasar lo que estaba pasando en el Consejo? Frigerio dijo que se había enterado por los diarios cuando ese acuerdo pan peronista ya estaba cerrado. Tampoco en el PRO, que conducía para estas costuritas Marcos Peña, dijo estar al tanto de aquella ocurrencia del peronismo. Hoy la UCR no tiene un voto propio en el Consejo.

Salud: Cristina, perdida en el túnel del tiempo

Cristina logra que el humo cubra riesgos que corre con la otra sesión resbaladiza de la semana, la de la despenalización del aborto. Impone necesidades que nunca advirtió en los 12 años de gobierno, como una reforma del sistema de salud. ¿Ahora se entera de que hay que reformarlo? Cuando fue presidente desplazó a Ginés, hoy ministro de Alberto, que en los años ’70 tuvo su primer trabajo como médico sanitarista como delegado en San Luis del SNIS (Sistema Nacional Integrado de Salud), sistema que había creado Domingo Liotta para Juan Perón en su tercera presidencia. Aquel sistema que integraba todas las “cajas” era quizás un fruto (otro) del árbol venenoso, porque lo importaba José López Rega de España. Allí lo había creado para Francisco Franco su yerno, el marqués de Villaverde (Cristóbal Martínez Bordiú), un negocio que llegó a exportar a Filipinas. La necesidad de una reforma la comparten todos, pero los Kirchner, que gobernaron 12 años, no lo hicieron cuando tenían poder. Ahora lo promueve ella para que lo haga Alberto, que no tiene poder sino necesidades.

La idea, que no es nueva, se estudia en algunas oficinas como la del viceministro de Salud, en donde Martín Sabignoso es el encargado de estudiar una reforma del llamado PMO –Programa Médico Obligatorio– en cumplimiento de un acuerdo con el BID, de donde viene ese funcionario. Uno de los expertos convocados es Rubén Torres, rector de la universidad Insalud, el think tank que se referencia en su fundador, el ministro Ginés. Torres ha dado los argumentos en un libro reciente “Mitos y realidades de las obras sociales”, en donde explica que la Argentina es uno de los países que más gasta en salud en porcentaje del PBI, un 9,5%, pero que la plata no la pone el Estado, que se hace cargo sólo del 0,5 de ese porcentaje. El resto la ponen los trabajadores en las obras sociales, los prepagos privados y el gasto directo del público.

Por eso el sistema es bueno, no como cree Cristina, porque la Argentina es uno de los pocos países de América en donde cualquier ciudadano recibe atención médica gratuita en el sistema público. Entre esos otros pocos países están Uruguay (que en 2005 creó un SNIS), Costa Rica y Cuba. Esto explica la resistencia de la Argentina a la primera ola de la peste, que sufrió este año todo el mundo. También se estudia otra reforma en la Superintendencia de Seguro de Salud (SSS) para modificar el sistema de cobertura de los monotributistas, para que paguen más y puedan incluir a su familia. El encargado es el segundo de la SSS, David Aruachan. El humo sofoca en el túnel del tiempo y hasta puede revivir López Rega. 

Ignacio Zuleta

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