Martes, 02 Febrero 2021 13:51

Vacunas y votos: el año de las dos “V” - Por Nicolás Wiñazki

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El 2021 será otro año de incertidumbre para el mundo en pandemia. Y, en particular, para la Argentina, debido a sus habituales singularidades criollas.

El Gobierno trabajará sobre dos objetivos que podrían graficarse como dos paralelas que se cruzarán todo el tiempo: la vacunación contra el Covid-19, y las elecciones. En un sentido, será el año de las dos “V”: votos y vacunas. El plan oficial de vacunación se retrasó entre dos y tres semanas como mínimo debido a la escasez de vacunas, justamente, el insumo indispensable para implementarlo.

El Gobierno está preocupado

Si bien el problema de la falta de abastecimiento de vacunas se va expandiendo por todo el planeta, con espesor y gravedad variables, en la Argentina se superpone con el anunciado inicio de las clases entre mediados de febrero y marzo. Y con el control de la vacunación que ya impuso la agrupación juvenil K, La Cámpora, que dio muestras de sus objetivos para hacer propaganda con la vacunación. El acto del sábado en Lomas de Zamora en el que estuvo presente Máximo Kirchner, el gobernador Kicillof, el intendente local, Martin Insaurralde; la titular del PAMI, Luana Volnovoch; y el ministro y el vice de Salud de la provincia, Daniel Gollán y Nicolás Kreplak, solo para anunciar la primera aplicación de la dosis de una vacuna Sputnik V en un geriátrico pareció ser una presentación proselitista y no sanitaria.

A eso, se suma que, al menos en Buenos Aires, la provincia más poblada del país, el plan politizado de vacunación se organizó para que agrupaciones K usen alrededor de 6 escuelas públicas por distrito del conurbano bonaerense como centro de vacunación. Se supeditará así el normal funcionamiento de la educación a la vacunación.

¿Habrá vacunas suficientes en las escuelas antes del inicio de clases? ¿Habrá alumnos y docentes después? ¿O al mismo tiempo que los vacunadores? El oficialismo necesita de las vacunas y las clases para empezar a surfear el año de elecciones.

El comienzo del año en el que la coalición peronista del Frente de Todos tendrá sus primeros comicios electorales legislativos, cruciales para la gobernabilidad en crisis y para su proyecto de poder, está sembrado de dudas y no del insumo inasible que debe “fabricar” la política entre la ciudadanía: la instalación de un discurso de certezas.

El año político tiene como fecha de arranque simbólica y fáctica en parte al 1 de marzo. Es el día en que el presidente da su discurso ante la Asamblea Legislativa y deja abierta las sesiones ordinarias.

Antes de esa fecha, la Casa Rosada quiere despejar otro escenario aún abierto que impacta de modo directo en el proceso electoral formal y en la construcción de los candidatos. Los gobernadores del PJ le impusieron a la Casa de Gobierno la presión para que el Congreso, en sesiones extraordinarias, suspenda las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), el mecanismo que hasta ahora, con necesidad cuestionada, sirve para resolver quiénes serán los candidatos de los partidos políticos en los comicios nacionales y definitivos.

Los mandatarios de las provincias, acompañados por los intendentes del peronismo, pelearán en el Congreso con sus legisladores para eliminar esa etapa eleccionaria. El argumento oficial es que de realizarse las PASO se pondrá en marcha un hito sin demasiado sentido político, que además tiene un alto costo para las cuentas públicas. A eso, se suma la complejidad de organizar dos elecciones nacionales en los colegios en otro año de pandemia.

¿Habrá vacunas suficientes en las escuelas antes del inicio de clases? ¿Habrá alumnos y docentes después? ¿O al mismo tiempo que los vacunadores? El oficialismo necesita de las vacunas y las clases para empezar a surfear el año de elecciones.

La oposición duda sobre apoyar o no esta inciativa que, al mismo tiempo, fracturará al menos en esta cuestión al PJ. Ocurre que los jefes ultra K, los realmente cercanos a Cristina Fernández, se oponen a suspender las PASO. Pasa que, mediante ese sistema de primarias en cada distrito, la agrupación La Cámpora, cristinismo puro, podría disputarles votos a los viejos líderes de los municipios con candidatos propios sin posibilidad de que la “nueva generación” quede relegada por la fuerza del PJ ortodoxo.

Por otro lado, la oposición que representa Juntos por el Cambio tampoco tiene definidos candidatos en los distritos más importantes del país.

¿Qué pasará en la Provincia de Buenos Aires? ¿La postulante al Congreso será Elisa Carrió? ¿María Eugenia Vidal? ¿Y Mauricio Macri? ¿Patricia Bullrich se postulará en algún distrito? ¿Y los importantes dirigentes radicales?

Los opositores están además enredados en la lógica del Congreso en el que solo pueden avanzar, o frenarse, proyectos legislativos presentados por los K. Al menos en la política nacional, y sobre todo en una sociedad afectada por una pandemia, todo es futuro incierto en este 2021.

El año de las dos V.

Nicolás Wiñazki

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