Martes, 27 Abril 2021 11:33

En cinco días, máximo, puede cambiar todo - Por Nicolás Wiñazki

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Tanto Alberto Fernández como Rodríguez Larreta dieron señales públicas de que su relación podría recomponerse para pelear contra la pandemia. A más tardar el domingo, habrá anuncios.

En tres días más, quizás cinco previendo como fecha final el próximo domingo, el Gobierno Nacional anunciará nuevas medidas para intentar frenar los contagios de COVID-19. Habrá nuevas restricciones a las ya impuestas. Fuentes de la Presidencia descartan una vuelta al confinamiento obligatorio de la enorme mayoría de la sociedad. Los diferentes escenarios son estudiados por Alberto Fernández y su secretaria Legal y Técnica, Vilma Ibarra, igual que por el resto de los ministros de los que depende cada área que podría sufrir límites a su actividad.

Voceros informales del Gobierno adelantaron que se prometerá mayor control sobre las medidas ya implementas, como el “toque de queda nocturno”, que se puso en marcha y no es controlado como debiera serlo, sobre todo, en el infinito conurbano bonaerense.

¿Volverán las clases presenciales en la ciudad de Buenos Aires?

No, si la decisión dependiera del Presidente. Al menos, no volverían a la normalidad total. Quizás un nuevo esquema con límites de alumnos, menos materias para estudiar en las aulas o tal vez un cierre total o de los primarios, o de los secundarios. Todo está bajo estudio.

Las clases presenciales dependerán también de lo que defina la Corte Suprema de Justicia, si es que se pronuncia sobre el tema antes del viernes 30. Ese día, deja de tener vigencia el decreto de necesidad y urgencia con el que el presidente suspendió las clases en la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires. ¿Cederá la Jefatura porteña y aceptará restringir las clases en los colegios?

Se definirá en las próximas 48 horas. El ministro de Salud porteño, Fernán Quirós, considera que, si los contagios en su distrito se mantienen en los niveles de los últimos días, entonces se volverá a buscar la baja de la circulación en la Ciudad. “Las clases serán lo último que se toque”, repite, como su jefe Horacio Rodríguez Larreta.

El tiempo y el virus tendrán la respuesta

Otra medida que se analiza en la Capital Federal es dar de baja a todas las credenciales para circular que se habilitaron de modo virtual. En la Jefatura porteña están convencidos que personas que no debieran tener permiso para transitar en el trasporte público lo están haciendo.

A pesar de que desde el Gobierno Nacional acusan a la Ciudad de soportar un sistema de salud colapsado, provocando una ocupación de camas de porteños en territorio bonaerense, fuentes del área de Salud de la Jefatura porteña aceptan que el sistema sanitario puede llegar a un límite, pero afirman que, al menos hasta ayer, la situación era “manejable”.

Mientras en la Casa Rosada, apoyados por el comité de expertos sobre Salud que consulta el Gabinete, se dejan trascender que no habrá aislamiento total como en los primeros meses pandémicos de 2020, esa misma medida es la que pide que se implemente el gobernador Kicillof: “cierre completo por 14 días”.

El bonaerense le teme a un verdadero colapso hospitalario

¿Cómo es posible que Kicillof y Rodríguez Larreta piensen tan distinto sobre una medida tan drástica? ¿Cuál de los dos sería el más equivocado frente a la posible solución tan extrema para frenar al COVID-19 que supone un encierro obligatorio de millones de personas?

Ayer, tanto el Presidente como el Jefe Porteño dieron por primera vez señales públicas de que su relación podría recomponerse para pelear contra la pandemia. Varios de los ministros de cada distrito nunca cortaron el diálogo entre ellos a pesar de las acusaciones cruzadas que se hicieron sus jefes, y hasta de denuncias presentadas en los tribunales sobre disensos respecto a la pelea contra la peste.

Mientras tanto, en el resto del país el virus también avanza, pero los gobernadores (salvo el bonaerense Kicillof) no animan la pelea contra el porteño Rodríguez Larreta. Cada provincia es un mundo respecto a la pandemia y, al mismo tiempo, cada municipio de cada una de esas provincias vive el asedio del COVID-19 con particularidades propias.

Al contrario de lo que venía ocurriendo en las semanas anteriores, esta vez el Presidente volverá a consultar con los gobernadores, en una reunión conjunta virtual, y no en comunicaciones radiales, qué medidas consideran que serían las más adecuadas para frenar a la enfermedad.

Las declaraciones públicas de oficialismo nacional, la jefatura porteña, los gobernadores, intendentes, expertos de comité oficial, y referentes del sistema de salud público y privado, sumada a la presión de parte de la sociedad que pide por clases presenciales y de otros sectores que resisten al cierre de sus negocios o al confinamiento que podría quitarles la chance de salir a trabajar en empleos precarios, son parte del cosmos pandémico, diverso y múltiple, que el Presidente buscará frenar con nuevas medidas.

La falta de consensos, las posiciones que se afirman como irreductibles y se contradicen entre sí, y las peleas políticas, generan que las nuevas normas para combatir a la pandemia sean aun de muy difícil confirmación.

Cualquier cosa podría pasar. Eso sí, lo que se decida en el poder K, se conocerá, como máximo, antes del próximo domingo.

Nicolás Wiñazki

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