Martes, 08 Junio 2021 11:40

Mauricio y Horacio, un vínculo inalterable, pero con visiones estratégicas diferentes - Por Nicolás Wiñazki

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El expresidente y el jefe de Gobierno porteño se ven a solas seguido. Macri era el jefe indiscutido de Rodríguez Larreta. Ya no.

El ex presidente Mauricio Macri y el jefe porteño Horacio Rodríguez Larreta se suelen ver en relativo secreto cada tres semanas. Es probable que este último sábado o este domingo hayan vuelto a encontrarse. Las reuniones, solo entre ellos dos, sin testigos, son siempre en “Los Abrojos”, la quinta que la familia Macri tiene en la localidad bonaerense de Malvinas Argentinas.

Desde que el anfitrión de esos encuentros dejó la Presidencia, la dinámica del vínculo con su sucesor en la Jefatura porteña cambió.

Rodríguez Larreta siguió en el poder cuando Macri perdió las elecciones en el 2019. Aunque administra la Ciudad en pandemia, Rodríguez Larreta consiguió ampliar el conocimiento de su imagen mucho más allá de la Capital Federal.

Es un escenario que construyó por variables que tienen que ver con su gestión, pero al mismo tiempo construida con la ayuda de quien es hoy su adversario y principal crítico al menos en los medios, el presidente Alberto Fernández.

Cuando Fernández decidió convocarlo junto al gobernador bonaerense Axel Kicillof para organizar en conjunto la pelea contra Covid-19 en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) durante el 2020, provocó que el conocimiento público del opositor porteño se nacionalizara.

¿Diseñaba adrede al adversario ideal para el Frente de Todos de aquí al 2023?

Ambos se beneficiaron y pagaron costos por esas reuniones que terminaban después con exposiciones públicas de los tres dirigentes que eran vistas casi en cadena nacional por parte de la opinión pública.

Fueron aliados en la adversidad. Los terminó por distanciar -aunque su interlocución es más asidua de lo que trasciende-, la resistencia que esa sociedad simbiótica provocó en aliados propios, tanto en el Frente de Todos como en Juntos por el Cambio.

  • Macri fue tal vez el dirigente con mayor peso político al que le incomodaba el nuevo escenario de uno de sus incondicionales, pero no tanto.
  • Macri insiste en liderar y ser el ideólogo de las candidaturas del PRO en las elecciones legislativas de este año.
  • Rodríguez Larreta ya no oculta su decisión de ser candidato a Presidente en el 2023.
  • Ese proceso modificó la dinámica del vínculo entre ellos.
  • Macri era desde mediados del 2002 el indiscutido jefe político de Rodríguez Larreta.
  • Ya no.

De acuerdo a fuentes que conocen cada detalle de esta trama que mezcla polítca con amistad y discusiones siempre en buen tono pero también ocasionalmente ríspidas, el diálogo entre Macri y Rodríguez Larreta viró en los últimos meses hacia una charla entre “pares”.

  • El Jefe Porteño tiene su propio plan político: ganar los comicios del 2023 para ser Presidente de la Nación.
  • Es por eso que Macri se molestó varias veces con Rodríguez Larreta durante el último año.
  • Prefería que se mantenga lejos del poder y del Frente de Todos.

Dirigentes que tratan a diario con ambos revelaron que el ex presidente le reprochó de modo explícito varias veces su “alianza” coyuntural con la Quinta de Olivos.

Macri está convencido que el PRO, en alianza con los demás partidos que conforman la coalición Juntos por el Cambio, solo se beneficiará electoralmente si su dirigencia enfrenta de modo intransigente y confronta al todo o nada con con el Gobierno Nacional. Rodríguez Larreta disiente.

Por carácter personal, pero por táctica y estrategia, nunca dejará de expresarse a favor del diálogo con sus rivales y es hoy un opositor que siempre remarca en público que está a favor del diálogo y la búsqueda de consensos con el oficialismo o con peronistas que no son parte de Juntos por el Cambio.

El expresidente está ahora más conforme con el Jefe porteño desde que se diferenció de la Casa Rosada manteniendo las clases presenciales en el sistema educativo a pesar de las presiones, privadas y públicas, que recibe de parte de funcionarios K o del propio Presidente. Ese conflicto, como la batalla por la quita de fondos multimillonarios que impulsó la Casa Rosada, escaló hasta llegar a la Corte Suprema.

El máximo tribunal falló a favor del amparo que pedía que se confirmara la autonomía de la Capital Federal para tomar medidas de salud u otras áreas aunque la Nación intente imponer lo contrario.

Macri pone como modelo ejemplar del “modelo” ideal de la dirigencia que tendría que apoyar el PRO a una crítica acérrima de los K, la exministra de Seguridad, Patricia Bullrich.

Rodríguez Larreta jamás lo admitirá en público, pero se disgustó con la denuncia en los medios que impulsó Bullrich contra el Gobierno, al que acusó de cometer posibles ilegalidades que provocaron la caída del potencial contrato de la Casa Rosada con el laboratorio Pfizer para que la Argentina comprase vacunas contra el Covid-19.

“Necesitamos de los ‘duros’ como Patricia Bullrich, pero las elecciones siempre se ganan con el voto del sector de la sociedad que prefiere la moderación”, es el resumen de la idea que tiene el Jefe porteño sobre cuál debería ser el tono de la campaña de los candidatos del PRO dentro siempre de la coalición Juntos por el Cambio.

Macri, como ya se dijo, disiente. La lucha por la “moderación” o la “dureza” del PRO en la campaña acaba de empezar.

Macri postula a Bullrich como candidata a diputada en la Capital Federal y preferiría que la exgobernadora María Eugenia Vidal y su primo, el intendente de Vicente López, Jorge Macri, sea candidato en la provincia de Buenos Aires, entre otros dirigentes.

Rodríguez Larreta piensa en Vidal para buscar una nueva victoria de su oficialismo porteño en la Ciudad, mientras que impulsa a su vicejefe, Diego Santilli, a ser candidato a legislador por Buenos Aires.

¿Y si Vidal finalmente no se candidatea en estos comicios?

Otro funcionario que Rodríguez Larreta aceptaría ceder de su Gabinete para que tenga un lugar destacado en las listas de las legislativas es la actual titular de Educación, Soledad Acuña, emblema de la pelea de su gestión por la presencialidad en las aulas.

En su plan nacional para el 2023, el jefe porteño ya trabaja con posibles nuevos aliados en diferentes provincias. Uno de ellos es Juan Manuel Romero, senador de Salta, de origen y afiliación histórica al peronismo.

El líder del PRO en la Ciudad tiene como gran aliada a la ex legisladora y probable candidata Elisa Carrió.

La danza de nombres en Juntos por el Cambio sigue girando.

Incluye también a diferentes dirigentes del otro gran partido político que es crucial para sostener el poder territorial de Juntos por el Cambio: la UCR.

En búsqueda de más peronistas históricos, pero aun cercano a Macri, se posiciona también Miguel Ángel Pichetto.

Macri versus Rodríguez Larreta.

O viceversa.

En la campaña interna de la principal fuerza de la oposición, paso previo a la campaña electoral nacional, se palpita también una posible definición entre “moderados” y “duros” enfrentándose entre sí en las primarias.

Las posibilidades de quién se candidateará y en qué distrito toman entonces mayor incógnita.

Las alquimias se suman, podrían ser múltiples, diversas, un ajedrez donde las piezas se mueven o cambian de acuerdo a los deseos de quién imagina o logra moverlas.

En el PRO, estos comicios podrían definir no solo candidaturas. Sino también nuevos liderazgos partidarios.

La disputa final es entre esos dos dirigentes que se reúnes a solas en “Los Abrojos”. Sin testigos.

Cara a cara.

Nicolás Wiñazki

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