Miércoles, 16 Junio 2021 08:32

Cristina Kirchner cuida la clientela K y le impone sus políticas al Presidente - Por Eduardo van der Kooy

Escrito por

La vicepresidente arrancó la campaña con un el acto en La Plata. Debe contener a los K ante el derrotero del Presidente. Y le marcó la cancha: reforma al sistema de salud y la abstención a votar contra Nicaragua en la OEA.

Hubo dos fotografías del lunes último que resultaron capaces de resumir mejor que cualquier sesuda explicación la actualidad del Gobierno. Cristina Fernández, la vicepresidenta, después de tres meses, volvió a encabezar un acto público. Fue en Buenos Aires y estuvo rodeada por incondicionales. Ningún albertista asomó la cabeza en la comarca.

Casi en paralelo, el Presidente Alberto Fernández paseó por Ezeiza para recibir en el aeropuerto otro lote de la vacuna AstraZeneca. Un gesto que desde diciembre –no siempre con la asistencia del jefe de Estado- se repitió treinta y cinco veces. Tuvo el tino, esta vez, de no hablar. Sus intervenciones de la semana anterior le habían acarreado demasiados problemas internos y externos.

Aquella irrupción de Cristina encerró varios significados. El retorno de la líder natural del oficialismo que resolvió dar el puntapié inicial en la campaña en uno de los dos distritos que le importan. En Buenos Aires (el otro es Santa Cruz), afinca la descendencia de su proyecto político a través de discípulos (Axel Kicillof) y de La Cámpora. Volvió, además, en un momento oscuro del Gobierno dispuesta, al menos, a contener a la clientela K que a estaría impaciente por el derrotero de Alberto. Al igual que en su primera aparición desde el retorno al poder (octubre de 2020), cuando dijo que “hay funcionarios que no funcionan”, también en esta ocasión deslizó mensajes cuyo destinatario fue el Presidente.

El más importante de ellos: la necesidad de reformular el sistema de Salud que en la Argentina está compuesto por tres patas. El sector público, el sector privado y las obras sociales sindicales. Potenciales conflictos incómodos para un tiempo de campaña. Tal vez, la vicepresidenta tenga esos temas en agenda una vez que pueda consumar la victoria en las legislativas de noviembre.

Se podría convenir algo. Aún con enormes dificultades, bajo la situación de estrés y de ciertos colapsos que provoca la pandemia, el sistema de salud no ha sido el sector más débil en esta emergencia. Pareció bastante peor la gestión política del oficialismo reflejada en el desorden y la falta de previsión para afrontar la tarea trascendente: la adquisición de vacunas y la campaña para lograr la inmunización rápida de la población. La vicepresidenta también tuvo que ver con tal desmanejo.

Nunca sorprende la capacidad de Cristina para eludir responsabilidades. Tampoco para falsificar el sentido de las cosas. Apareció en La Plata como si se tratara de un acto más, para inaugurar el edificio del Hospital de Niños de esa ciudad. Retomó, como suele hacerlo en circunstancias de campaña, un tono menos hostil que incluyó un llamado a la unidad. Pidió concretamente, dirigiéndose a la oposición, que la política no invada la lucha contra la pandemia y la campaña de vacunación.

El lugar, el momento y la forma de su pedido trazaron la primera contradicción. La presencia del propio Presidente recibiendo vacunas, la segunda. El spot subido ayer en la cuenta oficial de la Casa Rosada fue la corroboración de todo lo anterior. “Argentina te cuida”, rezó la publicidad mientras se sucedían imágenes de aviones de Aerolíneas Argentinas aterrizando en el Aeropuerto. De los cuales eran descargadas vacunas rusas Sputnik V. Curioso: también se han recibido de China (Sinopharm) y de Oxford (AstraZeneca). En la publicidad no quedó constancia.

El video tuvo un formato que apuntó a la construcción de una presunta épica oficial en la lucha contra la pandemia. Un sello K. De allí la musicalización realizada con el Himno a la Alegría, de Ludwig van Beethoven. Incongruencia para una tragedia que en nuestro país supera los 86 mil muertos. Quizás tenga explicación si se repara en una de las frases de cierre de la vicepresidenta en aquel acto de campaña: “Con las vacunas volveremos a ser felices”, profetizó.

La vicepresidenta sólo se apartó del modo zen de su discurso en dos ocasiones. Al hablar del sistema de salud. Y al referirse a los medios de comunicación. Los culpó de publicar informaciones falsas o mal intencionadas sobre la pandemia y las vacunas. Hizo, por supuesto, un apartado con Clarín. Es lógico: de ninguna adicción se vuelve con facilidad. Para ubicarse como víctima de los medios –le encanta- recurrió, en parte, a un episodio por el cual fue de verdad perjudicada. Un diario italiano publicó luego de un viaje suyo a Roma que había gastado 100.000 euros en la adquisición de joyas. Se demostró la falsedad. La información resultó rectificada.

Cristina prefirió omitir otro detalle. Aquel viaje sucedió en junio del 2015 con motivo de un premio que recibió de la Oficina de las Naciones Unidad para la Alimentación y la Agricultura (FAO). En su mensaje de agradecimiento, sin inmutarse, la entonces presidenta aseguró que dejaría su gobierno en un país con 5% de pobreza y 1,27% de indigencia. Kicillof, su ministro de Economía, había dejado de medir los niveles de pobreza porque consideraba que era “estigmatizante”. Cuando Mauricio Macri llegó a la Casa Rosada las estadísticas privadas ubicaban en 29% a la gente pobre.

El Presidente, descolocado

El peso creciente de Cristina en las políticas del Gobierno son las que, muchas veces, descolocan al Presidente. No lo exculpan de sus equívocos. Este martes debió cancelar de repente un acto en Pergamino para evitar una protesta de productores. La estrategia sobre el sector agrícola, después del sofocón inicial con Vicentín, ha tomado el rumbo que prefiere el kirchnerismo. También Kicillof padeció un momento ingrato en Junín: habló entre bocinazos de reclamo. Acortó el discurso y se fue.

Algo muy similar ocurre con la política exterior. Después de evitar el juicio por violaciones a los derechos humanos a Nicolás Maduro que sustancia el Tribunal Penal Internacional de La Haya y condenar en la ONU a Israel, por idénticos motivos, en el conflicto con Palestina, en las últimas horas el Gobierno se abstuvo de condenar en la OEA el masivo arresto de opositores que ocurre en Nicaragua. Donde reina Daniel Ortega desde hace 14 años ininterrumpidos. Tuvo otros cinco en la década del 80.

El canciller, Felipe Solá, venía realizando gestiones discretas con Washington, para que el líder sandinista liberara a alguno de los presos. Y evitarle al Gobierno otra incomodidad internacional. Nada de eso sucedió todavía. La postura argentina tuvo entonces, como siempre, la impronta de la vicepresidenta.

Eduardo van der Kooy

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…