Miércoles, 13 Octubre 2021 08:50

¿Volvimos mejores o volvimos solamente? - Por Ricardo Roa

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Aníbal Fernández seguía lo que pasaba dentro de la ORT. Con la vista gorda de Alberto, trata de zafar.

No se esfuerce, Don Aníbal. Nadie va a creerle ahora que usted no sabía que las hijas del dibujante Nik van al colegio ORT. El lunes le mandó un mensaje que no deja ninguna duda: “¿La conocés? (a la escuela ORT) Sí que la conocés... ¿O querés que te haga un dibujito?... Repito: ¿La conocés?”.

No sólo Aníbal Fernández miente cuando sostiene que ignoraba que las hijas de Nik estudian en la ORT. Es más: da una prueba de que estaba siguiendo lo que pasaba dentro del colegio. Le agregó a su tuit un dibujo que Nik había mandado para una actividad interna de la escuela.

¿De dónde sacó Aníbal ese dibujo? La explicación que da: “Tengo amigos profesores en la ORT”. Amigos profesores de la ORT que le consiguen dibujos de Nik para que, llegado el caso, Fernández los use contra Nik.

Es mucho decir que son espías de Fernández. Pero se le parecen. Fernández es el ministro de Seguridad del gobierno nacional. En ese papel, nadie tiene un rango superior al suyo. Es un ministro de la democracia con prácticas de un ministro de la dictadura. O de algo más: ¿para qué lo intimida a Nik haciendo público a qué colegio van sus hijas? Eso es bien peligroso: a cualquier fanático se le podría ocurrir ir contra las chicas. Un ministro de Seguridad sabe que eso puede pasar cuando alguien hace lo que hizo Fernández.

Se dio cuenta tarde o alguien se lo advirtió y por eso sale a decir que no sabía que las chicas iban a la ORT. Eso está más que claro por más que ahora diga, con la metida de pata hecha: “¿Cómo puedo yo saber si sus hijas van a esa escuela?”. Con lo que le cuentan sus amigos profesores.

Nik tuiteó críticas a los regalos electoralistas y Fernández replicó: “(Nik) vive agraviándonos...” (se entiende que al gobierno del que el reministeriable Fernández forma parte desde hace un par de semanas). “Pero si (Nik) lo tomó como una amenaza, le pido perdón”. Estamos ante un nuevo grave problema si un ministro de Seguridad, encima abogado, no sabe distinguir lo que es una amenaza. ¿Se tratará de una sensación de amenaza?

Fernández es un profesional de la patota. Reparte agravios como quien de campaña regala platita o viajes de egresados a los que les cerraron las escuelas y ahora pretenden comprarle el voto. Regalos con plata del Estado que, al fin, es de los mismos a los que les hacen los regalos y que se pagan dos veces, la otra, con inflación.

Pero ¿qué es más grave: la amenaza o la vista gorda frente a la amenaza? Cristina se hizo la distraída y el presidente Fernández dijo que con las disculpas de su ministro “es un tema terminado”. ¿El puede declarar terminado semejante tema? Mal que le pese, eso no está entre sus atribuciones. Manzur trató de buscar un lugarcito en el medio: “(Lo de Aníbal) fue muy desafortunado”, dijo. Por de pronto no le cree y trata de huir de un nuevo incendio. Mucho más digno fue el candidato oficialista Leandro Santoro, vacunado contra la anibalitis. Dijo: “No me gustó. Cualquier referencia a los hijos es inaceptable”.

El país se está acostumbrando a estas aberraciones y el gobierno sigue discurseando que volvimos mejores. No se nota. Lo que se nota es el volvimos. ¿Y qué más dijo Aníbal sobre Nik y la ORT?: “¿Cómo van a ser antisemitas mis expresiones? La semana pasada estuve con un rabino y tengo muchos amigos judíos”. Sólo le faltó decir que también tiene un amigo gay. Tal vez sea sólo cuestión de esperar.

Ricardo Roa

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