Miércoles, 27 Octubre 2021 09:58

Feletti manda a saltar y Guzmán salta - Por Marcos Novaro

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Se le conoció en estos días una hasta ahora oculta vocación fascistoide a nuestro ministro de Economía: tildó de “antiargentinos” a quienes no confían en los congelamientos. ¿El gobierno se radicaliza o solo hace fulbito de campaña?

El fin de semana pasado, el secretario de Comercio dijo que los empresarios y opositores que rechazaban o criticaban su congelamiento de precios tenían una “actitud anti argentina”. Ni Guillermo Moreno había llevado tan lejos sus diatribas contra el disenso. Tal vez porque tiene un poco más de memoria histórica que quien hoy ocupa su cargo: quienes inventaron esa expresión horrible, antipluralista y rayana con el fascismo, fueron los militares de la última dictadura; para más detalle, lo hicieron con el objetivo de descalificar a quienes denunciaban fuera del país violaciones a los derechos humanos.

La reapropiación de ese “insulto”, que apela a un nacionalismo obtuso y fanático, por parte de un gobierno que se dice defensor de los derechos humanos, ya de por sí resulta indigesta.

Y Feletti encima se explayó: tras afirmar que “hay una elite que juega en contra del país, que va afuera y crea un clima antiargentino frente a los inversores”, quiso cubrirse las espaldas y desestimar la supuesta existencia de disensos en torno a la medida por él promovida, así que agregó que su superior en los papeles y subordinado en la práctica, el ministro Martín Guzmán, “coincide en la visión de que hay una elite que no asume la necesidad de un país viable e integrado”.

Todos los esfuerzos del “tranquilizador” Guzmán, todo lo que viene diciendo sobre el manejo prudente que pretende hacer de las variables macro, y su supuesto enfoque “multicausal” de la inflación, se fueron de este modo, en cuestión de segundos, por la alcantarilla. Porque Feletti lo estaba conminando a saltar, y él saltó.

Hizo suyos hace pocas horas los planteos del secretario, y les sumó otros de su cosecha, también a tono con el ánimo de su supuesto subordinado y en los hechos superior a cargo, y dignos del videlismo: “Juntos por el Cambio formó básicamente una alianza con parte del poder económico en la Argentina y también con el establishment financiero, con el poder financiero internacional. Fue una alianza que fue en contra de los intereses del pueblo. Eso es lo que motiva a gente como a mí, es mi caso, a dar todo para cuidar a la Argentina, porque eso es antiargentina… Si hay pocos que no quieren colaborar con un proceso de desinflación, el gobierno no se puede quedar de brazos cruzados, tiene que aplicar instrumentos… Cuando a la derecha le tiramos la justa, de inmediato sacan a sus perros a ladrar, porque si se supiera de qué se trata esto, no podrían ganar ninguna elección”. Quienes critican son “perros que ladran”, protegiendo intereses espurios, que “no podrían ganar una elección”, no tienen derecho a hacerlo. Menos mal que Guzmán era un moderado, imagínense lo que piensan los que no lo son.

Guzmán fue conminado a desmentir que las palabras del encargado de los precios se pudieran considerar un desliz, y a dejar bien en claro que es el entero gobierno el que está detrás del congelamiento. Así que lo respaldó recurriendo a las versiones más salvajes de la polarización, el miedo y la deslegitimación del adversario. Cumplió su tarea sin chistar, mostrando hasta dónde está dispuesto a ir para mantenerse en el cargo: a dónde le pidan.

No es un caso aislado, ni es el único terreno en que el tono oficial viene endureciéndose. A Tolosa Paz pocos la escuchan, dentro o fuera del oficialismo, pero estos días también dio la nota acusando a los opositores de querer dar un “golpe blando” contra el gobierno democráticamente electo. Pretender ganarle una elección al FdeT parece ser un atrevimiento digno de la cárcel, un acto que merecería ser tachado de “inconstitucional”.

Guzmán respaldó a Feletti recurriendo a las versiones más salvajes de la polarización, el miedo y la deslegitimación del adversario.

Qué nos está indicando esta escalada

Hay quienes ven detrás la anticipación de lo que se viene después del 14 del mes próximo: radicalización kirchnerista en toda la línea, desde la justicia y las relaciones exteriores a la economía.

¿Será así o es solo un recurso de campaña, una apuesta por polarizar la elección para al menos dejar de perder votos? Tal vez algunos de estos personajes de pacotilla que ocupan la escena hoy, como Feletti, Guzmán y Tolosa Paz, lo desconozca, pero es difícil creer que a Cristina Kirchner se le pase por alto el efecto esperable para ella y su sector en caso de continuar por ese camino después del 14: una crisis económica mucho más aguda que la que ya se padece, y la segura y acelerada dispersión del peronismo.

Porque, ¿qué gobernador, intendente o sindicalista seguiría disciplinadamente alineado detrás de este gobierno, si ella lo orientara a librar en serio una guerra contra los empresarios, los opositores y el FMI, contra todos al mismo tiempo? Sería la oportunidad ideal, al contrario, para que se alejaran, y cargaran en las exclusivas espaldas de la vicepresidenta el lastre que significa ya esta muy deslucida gestión para sus respectivos recursos de supervivencia política.

Es decir, se invertiría el juego que ella ha buscado imponer en su relación con el Ejecutivo nacional, en particular con Alberto, y que según confesó involuntariamente en su última carta, pretende prolongar y aún extremar desde que buena parte de la sociedad, incluidos muchos de sus propios votantes, empezaron a darles la espalda.

Cristina no hará nada de eso. Seguramente seguirá jugando fulbito radicalizado para la tribuna, y tal vez en asuntos en que la urgencia se impone, sus causas judiciales ante todo, lo convierta sí en acciones concretas, pero en lo que afecta directamente las chances de supervivencia de este gobierno hasta 2023, no va a ser tan imprudente. Simplemente porque sabe que no va a poder abandonar el barco. Así que está obligada a mantenerlo a flote, y sufrir con él.

Pegándole cachiporrazos a Alberto por “no haberle hecho caso” y mandobles envenenados a la “oposición antipueblo”, a los “empresarios antinacionales” y a los “chupasangre del Fondo”, pero sin chances de hacer mucho más.

Marcos Novaro

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