Miércoles, 03 Noviembre 2021 08:52

El viaje desintoxicante de Alberto Fernández y los sufrimientos políticos que lo esperan a su vuelta - Por Eduardo van der Kooy

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Sin ningún logro destacable, el Presidente celebró su breve encuentro con Joe Biden. Mientras, el kirchnerismo duro arremetía contra el futuro embajador de los Estados Unidos. La recta final de una elección perdida y los misterios del día después.

Aún sin traer en sus valijas algún logro destacable, el viaje de Alberto Fernández por Roma y Glasgow puede haberle servido para una desintoxicación de los sufrimientos políticos que lo acechan en la Argentina casi desde el mismo momento que arribó a la Casa Rosada.

Para infortunio presidencial, aquellos sufrimientos lo aguardan de nuevo al pie de la escalerilla del avión. Asoman la campaña y las elecciones legislativas.

No se podía ser, de verdad, demasiado exigente con el saldo de la excursión de Alberto. Se trata de un mandatario devaluado bajo la sombra del poder férreo de su vicepresidenta, Cristina Fernández. Un dispositivo de difícil comprensión en el exterior, aunque no sea la primera vez que sucede en la Argentina. Paseó la representación, por otra parte, de una nación periférica en el contexto internacional. Que acumula crisis irresueltas y hacen imposible la tarea de la reconstrucción de la confianza. Una vez más está merodeando la posibilidad de un default con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Fuera de ese ámbito, quizás haya sido la foto circunstancial con Joe Biden, el presidente de Estados Unidos, el rédito que le causó mayor satisfacción. En esa relación bilateral se percibe una tensión constante entre aquello que Alberto desearía y los límites que le marca siempre el kirchnerismo. Jorge Argüello, el embajador en Washington, hace un esfuerzo denodado para disimular tanta contradicción. Parece no lograrlo.

Marc Stanley será el futuro embajador en nuestro país. Días pasados realizó un informe ante la Comisión de Senado de EE.UU. que debe convalidar su designación. Sostuvo que está dispuesto a brindar ayuda para el acuerdo con el FMI. En paralelo, consideró necesaria la divulgación de un programa económico que Martín Guzmán, el ministro del área, nunca revela. Describió diplomáticamente a la Argentina como “un autobús turístico al que las ruedas no le estarían funcionando bien”.

Las apreciaciones fueron formuladas mientras Alberto andaba en el exterior. De inmediato, surgió la réplica del senador Oscar Parrilli, dirigente kirchnerista de cercanía inconfundible con Cristina. Le aconsejó abstenerse de “entrometerse en asuntos internos de otro país”. A tono con el tiempo electoral pidió a Stanley que revea esa actitud. Recordó cuando en la década del 40 Juan Domingo Perón confrontó con el diplomático Spruille Braden. “Fue a elecciones apoyando a la oposición -alardeó Parrilli- y como ocurrió con Mauricio Macri en el 2019, le ganamos”.

Tales desafíos pueden explicar, en parte, las razones por las cuales el Presidente no logró un encuentro formal con Biden. También, la distancia entre ambos que afloró en ese cruce fugaz. Alberto pretendió ser amable cuando le dijo: “Su triunfo ha sido muy beneficioso para el mundo”. La respuesta fue para otro lado. “Ustedes tienen un bello país”, sostuvo. Dio por concluido el saludo.

En el mismo contexto podría entenderse la actitud evasiva del demócrata John Kerry, ex secretario de Estado de Barack Obama y ahora asesor especial de Biden en temas de medio ambiente, cuando Alberto pretendió saludarlo en la cumbre climática de Glasgow.

Desencuentro por Nicaragua

No fueron los únicos desencuentros. El Presidente consiguió una bilateral con su par francés, Emanuel Macron, en el marco de la reunión del G20 en Roma. El gobierno argentino informó con generalidades los asuntos abordados durante la conversación. Francia reveló, en cambio, que habían analizado la situación en América Latina. “En particular –precisó- acerca de Venezuela y Nicaragua”. En la nación centroamericana se celebrarán el domingo los comicios presidenciales, en los cuales Daniel Ortega avanza hacia su tercera reelección consecutiva.

La omisión del Presidente argentino no sonó a casualidad. El Gobierno ha evitado condenar en la OEA a la dictadura nicaragüense que en las últimas semanas produjo la detención de ocho candidatos opositores. Entre ellos la principal, Cristiana Chamorro. Hija del ex director asesinado del diario La Prensa, Joaquín Chamorro, y de Violeta, la primera mujer presidente de la región en la década del 90, tras la caída del somocismo.

El planteo de Macron no resultó aislado. Comulga con la postura de la Unión Europea. El jefe diplomático del bloque, Josep Borrell, advirtió ayer que los países integrantes del bloque no enviarán a Nicaragua ninguna misión de observación “porque no podemos esperar que arrojen un resultado legítimo”.

La posición de la UE no difiere en nada de la de Washington. Explica, por otro andarivel, las dificultades del Presidente y de Guzmán en su trabajo más sensible: las negociaciones con el FMI por la deuda de U$S44 mil millones. El peso de EE.UU. es decisivo en el organismo. También la de algunos países europeo, como Alemania, y la de Japón.

Kristalina Georgieva, la búlgara jefa del FMI, no podría ignorar todas aquellas diferencias. De allí la cautela de sus palabras después de las reuniones con Alberto y con Guzmán. No se verifica ningún progreso sustancial en las negociaciones. Están supeditadas al resultado final, tal vez, de las legislativas del 14 de noviembre.

El Gobierno exhibe como un éxito un pedido que llevó al G20 para presionar al FMI. Que el organismo deje de cobrar una sobretasa a los países que van postergando sus pagos. Es cierto que en el documento final figura el tópico. Pero bajo la vaguedad de que seguiría siendo discutido en el futuro por la burocracia de la entidad.

La confirmación de la derrota del Frente de Todos abriría un paréntesis acerca del rumbo que tomará el Gobierno en todos los planos. Incluido el diálogo con el FMI. ¿Una mayor radicalización impuesta por el kirchnerismo? ¿Otro cambio de equipo de ministros que podría terminar con Guzmán fuera de su lugar?

El ministro ha sido el principal contertulio de Georgieva. La Jefa del FMI debe medir pasos y palabras, además, porque quedó debilitada luego del cuestionamiento que se le hizo por haber favorecido a China, en el pasado, cuando ejercía como miembro del Banco Mundial. Todo está por verse, muy pronto.

Eduardo van der Kooy

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