Domingo, 28 Noviembre 2021 08:15

Se vence la Corte, una postal de la desolación - Por Ignacio Zuleta

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Se cumple el plazo para que el presidente Alberto Fernández nomine a un nuevo integrante para el tribunal. 

Este martes 30 se cumple el plazo de 30 días que tiene Alberto Fernández para proponer un nuevo integrante de la Suprema Corte que reemplace a Elena Highton, que cesó hace un mes. Lo impone un decreto que firmó Néstor Kirchner, que si no se cumple no tiene penalidad. Este incumplimiento en todo caso pone más de relieve la extrema debilidad del Presidente. 

No es algo novedoso, porque su gobierno ya nació débil. Esta exigencia institucional agrava su soledad, con un Senado en donde no lo representa ningún legislador, y una oposición con la que ha roto relaciones a todos los niveles.

Ni aunque pacificase las relaciones con sus socios -Cristina, Sergio, la liga federal de gobernadores- alcanzaría los 2/3 de los votos para imponer un candidato. Le queda un solo consuelo: nominar a alguien que sabe que no tendrá los votos, para no incumplir aquel decreto que inspiraron él, cuando era jefe de gabinete de Néstor y su asesorísimo de hoy, Gustavo Béliz, entonces ministro de Justicia.

¿Existe ese personaje? Viene a la mente el recuerdo de Augusto Codecá, héroe del clásico filme “Se necesita alguien con cara de infeliz” (1954). La hostilidad entre oficialismo y oposición impide hoy que alguien levante el teléfono y plantee algún acuerdo que habilite la cobertura de cargos que requieren mayoría especial: Corte Suprema, Procurador, Defensor Público, etc.

Tampoco hay figuras que hoy se pongan por encima de la pelea partidaria, como lo que significó una Carmen Argibay cuando fue nominada en el año 2004. Su prestigio estaba por encima de los reproches partidarios. La única figura que en los últimos años pudo sumar apoyos de oficialismo y oposición fue Miguel Pichetto. Hoy, sentado en la mesa de Cambiemos, es impensable que recupere aquel consenso que lo tenía como candidato a la Corte.

Sin espacio ni para "la Gran Macri"

Para colmo, Alberto cerró solito la posibilidad de hacer la gran Macri: designar al reemplazante de Highton por decreto, y negociar el nombre con el postulante con un pie adentro del tribunal.

A Macri le funcionó esa audacia y logró, recorriendo un desfiladero institucional, que asumiesen en 2016 Carlos Rosenkrantz y Horacio Rosatti, los dos hoy en cúpula de la Corte. Hubiera podido hacerlo si no hubiera prorrogado las sesiones ordinarias.

La facultad de designar jueces por decreto es una atribución que tiene el presidente cuando el Congreso está cerrado. Lo prevé la Constitución de los EE.UU. y la de la Argentina. La aplicó Raúl Alfonsín en varias oportunidades.

En el caso de Macri fue un golpe de autoridad que intentó, por consejo de su asesor Fabián Rodríguez Simón, para empardar el alarde de Cristina de promover a dos candidatos entre la primera y la segunda vuelta electoral de 2015: Eugenio Sarrabayrouse y Domingo Sesín. También para equilibrar sus relaciones con una Corte que, dos días después de su triunfo del 22 de noviembre en el ballotage contra Daniel Scioli, dijo que era inconstitucional la deducción del 15% de la masa de impuestos coparticipables que realizaba el Estado Nacional, sin el acuerdo de las provincias, para financiar al ANSES.

Fue un cañonazo a su gestión del cual nunca se recuperó. Esa facultad la había tenido Cristina en enero de 2015 para nombrar por decreto a Roberto Carlés, pero temió el costo político de la medida. Se la había aconsejado Eduardo Barcesat como una salida a un momento de debilidad política. La debilidad que llevó al peronismo a la derrota en noviembre de aquel año.

La Corte prepara su reforma judicial

La Corte responde a esta debilidad del gobierno con ejercicios precompetitivos. En estas horas define la lista corta de temas a tratar el próximo año. Entre los de gravedad institucional, encabeza la lista decidir si es constitucional la integración del actual Consejo de la Magistratura.

En los tres poderes todos apuestan a que declararán la ilegalidad de la ley que modificó la representación, y que el actual formato tendrá cambios. Será el primer paso de una reforma judicial de signo contrario al que intenta el peronismo desde antes de 2015.

Los más optimistas afirman que los votos ya están, pero en la Corte hay silencio sobre los tiempos en que ocurrirá. La expectativa común indica que el debate de 2022 será sobre la nueva conformación del Consejo. Si un fallo repone el régimen anterior, habrá una vuelta a los 20 integrantes – hoy son 13 – con más equilibrio entre la política y los estamentos profesionales- jueces, abogados y académicos. Lo más importante es que la Corte recuperará la presidencia del Consejo. Una revolución en cámara lenta.

El recurso está en la Corte desde finales de 2015. Los dos últimos gobiernos – Macri y Alberto – frenaron su tratamiento con promesas de que presentarían un nuevo proyecto de ley. No ocurrió nunca.

Los cristinistas contraatacan

La Corte tiene el criterio de que los problemas políticos los tiene que resolver la política y no la justicia, pero después de 15 años, se dispone a remediarlo. La pregunta es si un fallo de inconstitucionalidad hará cesar al actual Consejo o si le pedirán al Congreso que, en un lapso determinado, sancione una nueva ley.

Si eso ocurre será la lápida de los deseos del peronismo de reformar la justicia, y cerrará el ciclo que abrió la ley 26885 de mayo de 2013 - "Democratización de la justicia" - que la Corte tumbó en junio de aquel mismo año, en la antesala del ocaso del cristinismo.

El debate se reanimó el jueves pasado, cuando se conocieron los resultados de las elecciones en la Asociación de Magistrados. Fue reelecta la lista Bordó, pero la Celeste, identificada con el peronismo, mejoró su porcentaje frente a elecciones anteriores (885 a 816). Otra derrota que el gobierno festeja porque le funcionaron, entre los magistrados de Justicia Legítima de la Celeste, los beneficios en materia de designaciones que reciben del oficialismo. El crimen paga. Este resultado es una señal frente a la renovación de la representación de ese estamento en el Consejo de la Magistratura que tendrá lugar en diciembre del 2022.

El armado de otro Frente Federal

El armado de 2022 a la luz del nuevo Congreso concentra la discusión en los partidos, que se entregan a seminarios, congresos y conspiraciones – el PRO en Córdoba con la Fundación Pensar, la Coalición de Carrió este sábado en Open Door para el festejo con aliados de los 20 años, con documentos fundacionales y fiesta gitana asegurada.

Lejos de la luz pública, hubo negociaciones opositoras en la casa de Miguel Pichetto en el barrio de Acassuso. Convocó el miércoles a un cuarteto que busca recomponer relaciones para los nuevos tiempos.

Estaban el dueño de casa, Juan Carlos Romero y dos presidentes, Ramon Puerta y Adolfo Rodríguez Saá. Este mantiene su legendaria condición de mutante, pero niega las noticias de una reconciliación con su hermano Alberto para aferrar una sucesión con el apellido familiar en la gobernación de San Luis.

Para desmarcar aceptó la invitación a esa cena, en la que se buscaban coincidencias para reconstruir el arco opositor en el Senado, afectado por la muerte de Carlos Menem y de Carlos Reutemann, y por los corcoveos de la neuquina Lucila Crexell. Romero, Puerta y Adolfo integraron en 2001 el Frente Federal de Gobernadores, que cabalgó la transición entre la Alianza y el duhaldismo. Fruto de aquel parto fue la aparición de Néstor Kirchner, que integraba ese frente y logró el apoyo de Duhalde.

Pichetto lanza su programa anti-pobrista

Veinte años después, el Peronismo Republicano intenta armarse sobre aquella base territorial, a la luz de la declinación del peronismo del AMBA. Este peronismo pierde el quórum en el Senado, que es el ancla principal de Cristina de Kirchner, jefa del peronismo bonaerense.

Alberto gestionó con tan poca fortuna las elecciones del 14 de noviembre, que arrastró al peronismo de todo el país a una derrota inimaginable hace dos años, cuando la diferencia frente a Cambiemos era más que notable. La clave de esta derrota es que los dos años de gestión albertista ahondaron mucho más las divisiones prevalentes del peronismo.

El peronismo, debilitado por un liderazgo golpeado por la derrota, alimenta la operación ambulancia del Peronismo Republicano, que encendió las sirenas en esa discreta cena chez Pichetto. Quedaron de explorar juntos esa posibilidad que, en los papeles, prevé la creación del partido PR – Peronismo Republicano – para incorporarse a la coalición de Juntos por el Cambio.

Pichetto insiste que el pedal para eso es discutir un programa de gobierno para 2023. Él hace el aporte, según contó esa noche, con un libro que esta semana estará en las mejores librerías (y en las peores también). Se titula “¿Capitalismo o Pobrismo? Esa es la cuestión” y será el justificativo para una campaña nacional de Pichetto que abarcará los meses del verano.

Deslizamientos opositores en el nuevo Senado

La recomposición del bloque opositor es un enigma porque hay una renovación notable del elenco. Humberto Schiavoni tiene asegurada la presidencia del bloque PRO. Luis Naidenoff la del bloque radical y arriesga la del interbloque, que puede ir a Alfredo Cornejo. Si cobra por el triunfo mendocino, uno de los más notables por sobre el peronismo, va a querer cobrar también Carolina Losada.

Guadalupe Tagliaferri, larretista porteña, se asegura la vice 2ª. de la Cámara, que deja Rodríguez Machado. Losada encabezó una lista que le da, después muchos años, dos senadores a Santa Fe. Hay que anotarla en la carrera por la vice 1ª. de la Cámara, hoy en manos de Martín Lousteau.

La senadora pertenece a una etnia que incluye a su hermana Georgina, que es delegada al Comité Nacional de la UCR – el órgano que elige presidente del partido – y que milita por los “federales” de Morales. Lousteau hace lo que puede para retener la vicepresidencia 1ª. Le cuesta porque representa al radicalismo del AMBA y el bloque está más identificado con los federales. Una de las lecciones que da la política es la necesidad de aceptar que el destino de uno depende de los demás. La política es la tumba del voluntarismo.

Guerras por debajo del radar

En esos reacomodamientos hay que compensar pérdidas. Dejan las bancas un lote de abogados que cubría las principales comisiones, como Ernesto Martínez de Juntos por Cambio (Córdoba), autor del discurso más sólido en la sesión que aprobó la despenalización del aborto - votó verde -; Pedro Braillard Poccard (que va a la vice gobernación de Corrientes); Laura Rodríguez Machado o Rubén Poggi (pasan a diputados).

También salen emblemáticos como Silvia Elías de Pérez, Oscar Castillo, Juan Carlos Marino. Entran Cornejo y Luis Juez, que pueden jugar en toda la cancha, pero que van a privilegiar sus proyectos para ser gobernadores de Mendoza y Córdoba en 2023.

Estos reacomodamientos impactan en las efectividades conducentes que desnudan las patéticas miserabilidades – para emplear el léxico yrigoyeniano: hay guerra por debajo del radar, por comisiones y contratos, algunos reclamados "desde la política" (o sea jefes de partido que no tienen banca en la Cámara) para acomodar a gente que espera cobrar de alguna manera el triunfo en las elecciones del 14 de noviembre. Entre esos pases se anota el de la diputada Carmen Polledo. Termina su banca y asumirá como Subsecretaria de Relaciones Institucionales del gabinete de Larreta, que reúne estrellas como la del primo Jorge.

Ignacio Zuleta

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