Domingo, 28 Noviembre 2021 08:28

Desgobierno y lawfare de Cristina Kirchner - Por Eduardo van der Kooy

Escrito por

Mientras la pelea con el kirchnerismo no cesa, el gobierno de Alberto Fernández deambula e improvisa decisiones ante la crisis económica. La vicepresidenta logró su tercer sobreseimiento del año. 

A dos semanas de la derrota en las legislativas, que imaginó como victoria, al Gobierno de Alberto y Cristina Fernández podría caberle una definición del setentismo, a gusto con su paladar. Habría que acudir, para eso, a uno de los trabajos que supo confeccionar el sociólogo argentino Juan Carlos Portantiero. Desarrolló la idea del llamado “empate hegemónico”. 

Dos fuerzas o grupos políticos con potencias similares incapaces de ejercer el dominio de uno sobre el otro. Portantiero desplegó su teoría sobre la Argentina de aquella época. Indefinida, a juicio suyo, entre el proyecto liberal-exportador y el industrialista. Salvando las distancias entendibles se podría asegurar que, después del repunte electoral en Buenos Aires, se advierte un impasse en la relación de fuerzas del Frente de Todos. En especial, en su dispositivo de poder clave: lo componen el Presidente y su vicepresidenta.

Tampoco son actores excluyentes. Entre uno y otro basculan los intendentes del conurbano, reflotados luego de las PASO, y un puñadito de gobernadores del PJ. Aquellos que no quedaron deshechos después del domingo 14 de noviembre. La interacción equilibrada entre todos produce por el momento una sensación: resulta difícil adivinar el rumbo que tomará el Gobierno para afrontar la gravísima crisis estructural.

A esa paridad aparente ayuda, sin dudas, la prudencia de Cristina. Del otro lado de la orilla del Frente de Todos saben que su irrupción volvería a desnivelar el “empate hegemónico”. Es la carta poderosa que la dama tiene guardada. A diferencia de Alberto y también de su pupilo, Axel Kicillof, no cree que ganar es simplemente no darse por vencido. La metáfora que blandió en el acto que armó en Plaza de Mayo tres días después de la derrota.

La vicepresidenta tiene conciencia de haber perdido. Por esa razón apuró la definición de varias de sus causas por corrupción. Primero, el sobreseimiento por la venta de dólar a futuro; luego, el Memorándum de Entendimiento con Irán. En las últimas horas, por fallo dividido del Tribunal Oral Federal 5, igual beneficio sobre los Sauces y Hotesur. Sospecha de lavado que afecta además a sus hijos.

Alberto y Axel, en cambio, parecen sentirse fortalecidos luego de haber capeado en Buenos Aires la caída frente a Juntos por el Cambio. Como si se hubieran alejado del abismo. El Presidente estuvo con dirigentes de la Confederación General del Trabajo (CGT) a quienes confesó: “La iniciativa está de mi lado”.

Los sindicalistas lo escucharon con una mezcla de satisfacción y extrañeza. Esperaban tal determinismo. Lo toman con pinzas. Ratificaron al mandatario que están dispuestos a acompañarlo. En privado uno de ellos comentó: “Estaremos a su lado. Pero nunca un paso adelante. En cualquier momento gira y volvemos a quedar en el desierto”.

Alberto asoma convencido de que la estrategia de relanzamiento del Gobierno fue un acierto. Kicillof también está contento de haber tomado un sendero similar. Desde el domingo 14 se dedicó a cortejar a los intendentes que lo sacaron del barro. Hizo una cumbre con casi todos ellos en La Plata, donde brindó dos veces por la nueva etapa política que se estaría abriendo. Varios quedaron sorprendidos por la dimensión del optimismo.

Axel fue, incluso, más audaz que Alberto. Exaltó la presunta eficacia electoral de medidas que se adjudicó. Entre ellas, el controvertido regalo a estudiantes de un viaje de egresados. Prometió la confección de un plan provincial para los próximos seis años. Dejó entrever en esa propuesta una señal de resignación: apostaría a su reelección. No al trasvasamiento imaginado por Cristina con el ahora gobernador pujando por la Casa Rosada en 2023, y su hijo Máximo, encumbrado en el trono de Buenos Aires. Quizá le llegó algún correo aleccionador desde el Instituto Patria.

La pretensión de Kicillof quedó indisolublemente ligada a la unión con los intendentes del Conurbano. Varios de los cuales aterrizaron en su Gabinete después de las PASO. Lapidaron así al “kicillofcismo” representado por el ex jefe de Gabinete, Carlos Bianco. Ese sillón está en manos de Martín Insaurralde, ex timón de Lomas de Zamora.

Los alcaldes demandan dos cosas. En este orden: fondos urgentes para desarrollar la obra pública, única carta para contentar a los vecinos; la posibilidad de habilitar el tercer período consecutivo de la reelección vetada por una ley que sancionó la Legislatura en tiempos de María Eugenia Vidal.

Kicillof sabe que debe contemplar la demanda de los alcaldes. Supone, bastante bien, que podrían contar con la anuencia de la oposición que administra 95 intendencias en Buenos Aires. Aunque el camino sería pedregoso. Los intendentes opositores del Conurbano se oponen a dos recursos: la renuncia anticipada de todos que, al no haber cumplido la mitad del mandato, serían habilitados de manera automática para otro turno; tampoco desean que el conflicto sea dirimido por alguna interpretación judicial.

Queda abierta una instancia. La corrección del artículo de la ley sancionada en 2016 que estableció sólo dos mandatos al hilo. Se podría incorporar la aclaración que el primer período, por entonces en curso, no resultaría computado.

El Presidente también otea a los intendentes. Cuenta con alguno de ellos para la etapa de relanzamiento. Tiene a dos ex alcaldes en su Gabinete que le garantizaron el triunfo en sus territorios. Juan Zabaleta, ministro de Desarrollo Social, en Hurlingham. Gabriel Katopodis, ministro de Obras Públicas, en San Martín. Temprano se barajan conjeturas. Si en 2023 las candidaturas presidenciales se definieran en internas, como sugirió el Presidente, Katopodis podría resultar un delfín albertista.

Alberto repara en el apuntalamiento que puedan brindarle los gobernadores del PJ. Esa columna quedó debilitada luego de las elecciones. Sus hombres afines, de distritos con volumen político, no la pasaron bien. Juan Manzur triunfó arañando en Tucumán. Algo similar le ocurrió a Sergio Uñac en San Juan. Omar Perotti fue barrido en Santa Fe y Gustavo Bordet en Entre Ríos.

El impacto negativo se visualiza incluso en el Gabinete. La estrella de Manzur parece eclipsarse con rapidez. El hombre que aterrizó con ínfulas en la Casa Rosada luego de las PASO, sobreactuando la gestión y vendiendo influencias con Washington, se conforma con participaciones módicas. Estuvo en Esteban Echeverría junto al intendente peronista disidente, Fernando Gray, y el ministro de Producción, Matías Kulfas, para dejar inaugurada una tienda.

Aquel “empate hegemónico” está plagado de fricciones. Nadie sabe cómo se terminará definiendo cada una de ellas. Un reflejo del nuevo equilibrio de fuerzas fue el trancazo que Kulfas le metió a Roberto Feletti, el secretario de Comercio. Responde al Instituto Patria. El ministro de Producción parecía desahuciado antes del domingo 14. Le aconsejó públicamente al funcionario cristinista “no pensar en voz alta”.

Feletti promovió el congelamiento de 1.500 productos antes de los comicios. Mantiene los precios cuidados. Pretendió imponer similares restricciones al valor de la carne. Chocó con Julián Domínguez, ministro de Agricultura, y Martín Guzmán, titular de Economía, negociador con el Fondo Monetario Internacional. Caviló más retenciones a las exportaciones. Miguel Pesce, el titular del Banco Central, terció con una resolución improvisada que exhibe la precariedad del país: prohibió las cuotas en las tarjetas de crédito para viajar y consumir en el exterior. Las reservas están exhaustas.

Tanto desorden siembra de incertidumbre el relanzamiento de Alberto basado en dos aspectos: un programa plurianual a ser negociado con Juntos por el Cambio; el acuerdo con el FMI que debería contar también con la anuencia opositora. De aquel programa no habría escrita una línea.

Guzmán promete a Kristalina Georgieva, la jefa del FMI, que en breve existiría el programa. ¿Con congelamientos de precios y tarifas? ¿Con el recorte presupuestario para no abonar en 2022 los juicios por haberes planteados por jubilados? Es la discusión que aflora entre los bandos oficiales entrampados en el “empate hegemónico”.

Jorge Argüello, el embajador en Washington, rastrea el apoyo de la Casa Blanca. Choca con una política exterior que desaíra los pedidos de Estados Unidos. Sobre Nicaragua, Cuba y Venezuela. Se descubre otra novedad: varios embajadores intervienen en asuntos internos de otras naciones. Demuestran que el principio de no injerencia aludido por la Cancillería para no condenar a aquellos socios sería pura excusa.

La llave, como siempre, la tendría Cristina. La vice deja hacer hasta que se defina algún rumbo del Gobierno. Este sábado dijo que Alberto “tiene la lapicera” para la resolución con FMI. Cristina se ocupa de lo único que la agobia. Forzó un fallo favorable del TOF5 que le permite evadir el juicio por Los Sauces y Hotesur. La causa con mayor cantidad de pruebas de corrupción junto a la de los Cuadernos de las Coimas. Diseñó su teoría del lawfare invertida. Desmantelar causas en lugar de promoverlas. Antes de ceder la mayoría en el Senado puso en acción a soldados judiciales. Daniel Obligado, benefactor de Amado Boudou, y Adrián Grünberg, juez de Justicia Legítima. Debe dejar su lugar de subrogante el martes. Salió al rescate de la jefa.

Quedó la mancha del voto en contra de la jueza Adriana Palliotti, a quien intentaron correr en vano de su cargo. Sostuvo que cualquier objeción podría resultar válida. Hasta la consideración de la inocencia. Nunca al margen del juicio oral que estaba convocado. Pero el kirchnerismo acaba de imponer una nueva doctrina jurídica: la del sobreseimiento antes de un juicio.

Otro estorbo fue el veredicto de la Cámara de Casación que, por dos votos a uno, rechazó un pedido anterior de la defensa de la vice para que la causa no llegara a juicio oral. Ese favor lo terminó haciendo el TOF5. La apelación recaerá en la misma Casación. La historia podría prolongarse. Aunque Cristina debe haber ganado mucho tiempo. Tal vez, eterno.

Eduardo van der Kooy

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…