Domingo, 12 Diciembre 2021 08:17

El peronismo eligió el empedrado del conflicto - Por Ignacio Zuleta

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En el Congreso se abrió la pelea por la integración de las comisiones. Disputas en la provincia de Buenos Aires. 

El oficialismo eligió el empedrado del conflicto para digerir la renovación legislativa. Busca disipar las certidumbres que instaló el 14-N. Necesita algún punto de encuentro con la oposición para tramitar alguna recuperación que modifique la principal certeza: que, si no remedia la balcanización, va a una derrota electoral en 2023. La estrategia es ahondar la confrontación para que de la crispación surja la negociación. 

Eso explica que Martín Soria fuera a la Corte a provocar a los magistrados, que lo despidieron con frialdad después de 20 minutos de catarsis del ministro. Pegarle al chancho hasta que aparezca el dueño, decía Néstor cuando explicaba su vocación por la camorra y la política de arrebato. La Corte respondió con claridad ese dardo, la sentencia que ordena el pago de $86.000 millones a Santa Fe. Le salió caro.

También puede salirle caro al oficialismo, si insiste en modificar el sistema de integración de las comisiones en Diputados. Sergio Massa deslizó su preferencia por una distribución según bloques y no interbloques, como hasta ahora. El Frente de Todos es un bloque de 118 bancas, Cambiemos son 116 en seis bloques.

Si el D’Hont para reparto de cargos en las comisiones se hace con cantidad de sellos, el oficialismo se queda con todas las presidencias e impide que una tercera fuerza como el bloque Camaño – que reúne a lavagnistas, peronistas no K, cordobeses, etc. – se quede sin representación. Lo discutieron las negociadoras del oficialismo y la oposición, Paula Penacca y Silvia Lospennato. Respuesta: si insisten en reparto por bloque y no por interbloques, la oposición armará, como en 2010, un “grupo A” con todos los adversarios del oficialismo y le arrebatarán el control de la cámara y las comisiones. Todos los bloques juntos son más que los 118 del peronismo.

Si eso ocurre, se repetirá la historia de 2010. Después de la derrota del peronismo en 2009, el llamado “Grupo A” impuso su número y llegó a dejar al gobierno de Cristina sin presupuesto por el 2010. ¿No será que el envión del oficialismo persigue lo mismo y facilitarle la vida a Guzmán al gobernar sin presupuesto? Esto también es pegarle al chancho.

Kicillof: desdoblar para salvarse, como quiso Vidal

En la provincia de Buenos Aires el resultado de una legislatura casi empatada abre un round de negociaciones entre el peronismo y la oposición sobre temas viables e inviables.

Entre los asuntos inviables, prevén el fracaso del intento de negociar una salida de Julio Conte-Grand. Procurador General de la Suprema Corte de Justicia desde la era Vidal, a cambio de designaciones en el Bapro, órganos de control, y empresas públicas, etc. Esta conversación ocurrirá antes de fin de mes, cuando se trate el presupuesto provincial.

El gobierno de Kicillof tiene como objetivo supremo voltearlo a Conte Grand. La oposición lo defenderá contra viento y marea. Entre los asuntos viables figura una negociación de una ley de desdoblamiento de las fechas electorales de Buenos Aires y las nacionales, a cambio de otra que levante el veto a las reelecciones de intendentes.

El PRO provincial rechaza este cambio, que puede facilitarse por la vía judicial. Los radicales están menos convencidos, porque hay una veintena de alcaldes que se tendría que ir a la casa en 2023. Les interesa. Como le interesa al gobierno una posibilidad de desdoblar las elecciones de Buenos Aires, para desenganchar a Kicillof de la suerte del gobierno nacional. Basta una modificación de la ley que ordene unificar las fechas.

Se repite el debate que ocurrió durante el gobierno de Vidal. Se le atribuyó a ella un intento de desdoblamiento. Hubiera, según sus acólitos, ganado la provincia y habilitado después una reelección de Mauricio Macri. De Olivos le dijeron que no porque podían perder los dos. Los hechos señalan que la derrota de Vidal por más de 14 puntos arrastró a Macri en la caída, que perdió por menos porcentual de votos. La historia escribe que fue Vidal quien hundió a Macri y no al revés. Son ya debates académicos pero el peronismo provincial tiene ahora la tentación de desdoblar para salvarse de un destino ciertamente incierto del peronismo nacional.

Certidumbres 2023

Lejos de plantar incertidumbre, el resultado electoral ha despejado incógnitas frente al país que se viene. Antes que nada, que oficialismo y oposición, diría Duhalde, están condenados a la unidad. El peronismo perdió las elecciones porque no pudo sostener la unidad que le había valido el triunfo en 2019.

La caída en Buenos Aires se precipitó porque el votante del peronismo se retiró de las urnas: manifestó que no tendía identificación con el elenco de punteros. En cualquier partido eso es una prueba de división. Sin ese poder de convocatoria, se liberó el rechazo del voto a la gestión del bienio perdido.

Entre 2019 y 2021 el peronismo fracasó en el manejo de la economía y el tratamiento de la peste. El voto ausente del peronismo tradujo el rechazo al sistema de sociedad del control que intentó instaurar la administración de Kicillof. Y a la hora de votar, ninguno de los caciques del peronismo fue eficaz para convocar al voto. Perdieron por no mantener la unidad, y esa desunión puede aumentar hacia 2023.

Entre las certidumbres que expresa el voto del 14-N figuran varios puntos de la agenda en debate:

  • el rechazo al control de las restricciones de circulación;
  • el rechazo al cierre de la economía y los cepos;
  • el rechazo a la concentración del debate público en la agenda judicial de los políticos.

Para recuperar las adhesiones perdidas el 14-N el peronismo tiene que revisar su gestión, para construir mecanismos de identificación con el voto propio. El sistema político argentino cumplió 38 años de estabilidad, el más largo desde la vigencia de la ley Sanz Peña. Su característica principal es que hace 105 años el 80% de los votos se sindica en alguna de las dos familias políticas, que son las que representan hoy las coaliciones del peronismo y el no peronismo.

Esta estabilidad se manifiesta en que los segmentos del voto se mantienen en sus niveles. En los 38 años de democracia el no peronismo alcanza un promedio de 40% de los votos. El resto se reparte, y cuando el peronismo corre unido, tiene chance de ganar. Cuando se divide, tiene más chance de ganar el no peronismo.

Los banderazos no afectan a las urnas

La inestabilidad dificulta mucho los escuerzos de las campañas. Y más si buscan la solución en mecanismos de marketing que apenas acarician la realidad como algaradas callejeras. Es una apuesta a la magia de las muchedumbres, que ilusionan a los peronistas y no peronistas, pero que finalmente no indicen mucho en los votos. El modelo del entusiasmo ganador que emplea el peronismo para celebrar el resultado como si fuera un triunfo, es una imitación de la reacción del Cambiemos en 2019 a la derrota en las PASO.

Los 30 actos en 30 ciudades de aquella campaña le permitieron a la fórmula Macri-Pichetto pasar de 31,80% de los votos en las PASO, a 40,28% en las generales. NO cambio nada. Perdió en primera vuelta frente a los Fernández, que apenas aumentaron el 47,79% a 48,24&. Conclusión: los banderazos y las plazas son oportunidades inspiradoras, pero no modifican el resultado de las urnas.

El peronismo busca en el espacio (de la plaza) lo que perdió en el tiempo: la unidad que lo hizo ganador en 2019 y que disipó en 2021, para perder como en la guerra. Acaso esa estrategia contradice la enseñanza del sabio Amos Oz cuando dice “Lo que se perdió en el tiempo no lo busques en el espacio”. El tiempo fue la gestión, el espacio es la Plaza de Mayo, que entretiene, pero no arregla nada. Nadie sabe de antemano qué y por qué vota la gente esto o lo otro. Menos lo saben los partidos que ensayan enmendar la derrota en las urnas con un paseo rentado por las calles de la ciudad. Es curar de palabra un cáncer. Acariciar la tragedia con modos amables e ineficaces. Ser procaz – que siempre conviene para impresionar al soberano un domingo – y salir a la plaza después de una paliza electoral es como arreglar la economía orinando sobre los muros del Banco Central – la imagen es de Azorín joven, el anarquista que era más ingenioso que el Azorín conservador de sus últimos días. Vale la estampa de la plaza, como algún otro gesto de la oposición, para entender que para el oficialismo y la oposición la unidad es la llave de cualquier destino.

La oposición blindó una foto de unidad

La oposición tiene más ventajas para resistir en la unidad. Protagonizan rencillas que no resienten la convicción de la unidad. Algunos se pasman con la interna de los radicales, aunque es una inocentada si se la compara con los reproches de Elisa Carrió al PRO o las querellas sordas entre Macri, Larreta, Vidal, Bullrich, Santilli, etc. La plaza mostró el ademán necesario para mantener la unidad.

También la oposición dio un ejemplo de unidad que la muestra más resistente de lo que se cree. Por ejemplo, en el almuerzo entre los caciques de Juntos por el Cambio y el presidente del Partido Popular de España, Pablo Casado. El PP tiene, como el PRO, una referencia en ligas del conservadorismo y el liberalismo internacional.

Pero en esa mesa Macri y Bullrich se sentaron junto a Alfredo Cornejo y Jesús Rodríguez, de la UCR; que está afiliada a la Internacional del Socialismo, sello que respalda al gobierno de España del cual Casado es oposición. Para que entendiera mejor esa convivencia, Macri sentó de un lado a Cornejo y del otro a Miguel Pichetto, fogonero del Peronismo Republicano.

Para terminar de desconcertarlo, pusieron en la cabecera - venía, tarde, de jurar la banca - a Ricardo López Murphy. Presencia emblemática, porque Casado es portador sano de derecha, pero tiene el acoso de la liga ultra de Vox, a quien se acercan algunos dirigentes que compiten con él, como la presidente de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Exhibirlo a López Murphy en el escenario es una señal de que representa la ortodoxia económica que puede frenar un drenaje de adhesiones hacia el ala indignada de los Milei y los Espert.

López Murphy, un bull dog para frenar drenajes

El nombre de López Murphy estuvo en todas las conversaciones del fin de semana. Mario Negri, jefe del interbloque, le ofreció una silla por el radicalismo en la comisión de Presupuesto y Hacienda. Entusiasmó a Larreta, pero el exministro prefiere asistir a las sesiones de esa comisión y ejercer la voz, pero no el voto. Prefiere actuar en otras comisiones.

La actualidad del debate viene porque esta semana el gobierno quiere mostrar a Martín Guzmán y precipitar una aprobación exprés del Presupuesto. El ala de Cambiemos tiene un seleccionado de economistas: Luciano Laspina – que seguirá de vice de la comisión que presidirá Carlos Heller -, López Murphy, Rogelio Frigerio, Martín Tetaz.

El debate sobre el rol de López Murphy es parte de un armado novedoso de Negri, que confía en que la bancada del nosiglismo que bastonea Emiliano Yacobitti se desgrane. El jueves los comités provinciales de Neuquén, La Pampa y Entre Ríos le reclamaron a los diputados radicales electos que se integren a la banca de Negri. Eso incluye la creación de un cuerpo de asesores del bloque, con estrellas de la legislatura saliente como Gustavo Menna, Luis Pastori y Brenda Austin, para vigilar desde un “bloque sombra” asuntos constitucionales, económicos y ambientales, temas en los que destacan estos diputados que terminaron el mandato el viernes pasado.

Los federales, en cumbre de contrafrente

El peronismo federal, más poderoso y próspero que el del AMBA, busca otras referencias, algunas con aliados de la oposición. Mientras el AMBA intentaba ocupar el centro porteño con los Fernández en el escenario, los gobernadores del Norte Grande se reunieron este sábado en Santiago del Estero. Ese sello junta una decena de mandatarios del peronismo y de la oposición, entre ellos Gustavo Bordet y Gerardo Morales.

La campaña electoral paralizó los concilios multipartidarios en donde se discuten intereses territoriales de contrafrente, que están por encima o por debajo de las diferencias partidarias. Pasadas las elecciones retoman una agenda que interesa en provincias en donde el voto se repartió de manera singular: ganó Cambiemos en algunas, pero en otras los peronistas retuvieron la mayoría.

Es el caso de Tucumán, querencia de Juan Manzur, y en quien confían los del Norte Grande para lograr alguna ventaja que compense las desigualdades de trato del peronismo del AMBA, angurriento, que se queda con todo y, para peor, los arrastra a los peronistas federales a la derrota.

Otro que retuvo poder fue Jorge Capitanich, que coordina hasta este sábado a la decena de gobernadores. Le entrega la jefatura pro tempore a Gerardo Zamora, un trasversal a la carta – radical que juega con el peronismo. Capitanich y agrega una ficha: ya es un postulante a presidente. "El peronismo del Norte debe tener un candidato a presidente", ha dicho. En el AMBA, que no olvida agravios, lo anotaron.

Ignacio Zuleta

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