Lunes, 13 Diciembre 2021 09:15

Las charlas de Juan Manzur y Gerardo Morales y el representante de Macri en el Senado - Por Ignacio Zuleta

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El radical estuvo en Santiago del Estero con oficialistas. La batalla por el Presupuesto se recalienta. 

Los tuneleros que trafican posiciones entre el oficialismo y la oposición allanaron el primer tramo del rumbo del nuevo Congreso. La señal más clara ocurrirá cuando esta semana la cámara de Diputados apruebe el proyecto de Ley de Presupuesto. La oposición consentirá esa señal de paz a los mercados facilitando la aprobación. Habrá una coreografía profesional. Dejarán que el oficialismo junte el quórum; Sergio Massa ha dicho en Olivos que lo tiene asegurado con la colaboración de bloques bisagra (provinciales que juntan una decena de bancas). Si faltan algunos, ellos darán el número. 

A la hora de votar, habrá una calesita para que salgan del recinto los diputados que sean necesarios para que haya número. Para lograrlo, Massa bajó amenaza de repartir cargos en comisiones entre los bloques, en lugar de los interbloques. Si hubiera insistido, el reparto era por un d’Hont entre el Frente de Todos como un solo bloque, y los seis que integran el interbloque opositor. Y dejaban a los bloques unipersonales fuera del reparto.

Bajó pronto esa pretensión al escuchar la respuesta de los opositores: entonces vamos a hacer un “Bloque A” que junte a todos los opositores bajo un único techo y nos quedamos con la mayoría, como después de la derrota de 2009. Aquel mecanismo dejó al gobierno de Cristina sin presupuesto en 2010. La tarea de los tuneleros – brigadas difíciles de identificar porque actúan en la clandestinidad y camuflados – evitará que, en este momento de la economía, el Gobierno se quede encima sin presupuesto, aunque la minuta que defenderá Martín Guzmán este lunes en Diputados sea un ejercicio de ficción contable.

Si hubiera que identificar una zona de buceo para ver por dónde transcurre esa negociación hay que mirar hacia el gobierno CABA, que incide en el bloque del PRO y procura pacificar las relaciones con el Gobierno: cumple, por ejemplo, con la devolución de inmuebles que le había traspasado Macri a la Ciudad por decreto, una guerra sorda en la que ondean banderas blancas, que nadie advierte como señal de negociación en momentos cuando los halcones alzan gritos de guerra. Pesa la frase de Julio Cobos, un verdadero “read my lips”: no se puede dejar a un gobierno sin presupuesto.

Alarma 2023 en el peronismo real

Este clima de que hay algo ya acordado con la oposición dominó el sábado en la cumbre del Norte Grande en Santiago del Estero, adonde parlamentaron Juan Manzur, Wado de Pedro y gobernadores del peronismo y de Cambiemos. El Norte Grande es la esperanza “federal” de un gobierno signado por las limitaciones de método del peronismo del AMBA. Hubo dos turnos de debate. Uno entre peronistas solos el viernes por la noche, el otro con la presencia de Gerardo Morales, radical de Jujuy, el sábado en el centro de convenciones de Santiago.

El concilio de peronistas aportó un cuadro problemático para el oficialismo:

  • Si la gestión de Alberto no prospera, hay que prepararse para un triunfo de la oposición en 2023.
  • El Gobierno no termina de remediar sus divisiones internas. El ala “albertista” plantea la necesidad de ahondar las contradicciones con el resto del peronismo, para que se hable de la posibilidad de una reelección del Presidente. El fogonero del albertismo es el ministro de Desarrollo Social, Juan Zabaleta. Estos maquiavelos criollos, según los enviados de Buenos Aires, buscan precipitar una dialéctica con Cristina. Pero ella no se va a meter, solo querrá salvarse de la foto equivocada.
  • Manzur insiste en acercar ministros a un “gabinete federal”. Los asistentes a ese condumio del viernes – Gerardo Zamora, Ricardo Quintela, Jorge Capitanich, Gildo Insfrán, Raúl Jalil - miran para otro lado. No los alienta un Manzur con menos impulso que el que asumió la jefatura de Gabinete para remontar la derrota en las PASO.

Morales, como si ya hubiera ganado

La mesa ampliada con el radical Morales se juntó el sábado y recorrió dos tópicos. El primero, el reclamo del jujeño de que el Gobierno levante el acoso sobre la intendencia de La Rioja que ejerce la radical Inés Brizuela. Ella dice que la quieren destituir. Quintela argumenta que ella no administra bien. Morales presionó a Manzur y De Pedro por una solución. Quedaron en reunirse después del viernes, día cuando asume la presidencia del Comité Nacional de la UCR. Morales les aseguró que tiene los votos para ser elegido y, como un bonus track, los entretuvo con el relato del incidente que tuvo con Martín Lousteau hace una semana en la sede del Comité Nacional.

Incluyó el cuento del vaso que voló hacia el pecho del gobernador de Mendoza Rodolfo Suárez. Pelearon por posiciones enfrentadas en el Congreso de la Juventud Radical, en el cual la candidata de Morales desbancó a las autoridades que respondían al nosiglismo. Morales contó que algunos testigos oficiosos le impidieron rodear una mesa que los separaba: lo iba a cagar a trompadas, pero lo salvó la campana y la estrechez del despacho. Jarana y risas.

Sin federalismo no hay salida

Esta cumbre terminó con otra coincidencia de esa multipartidaria del norte: sin un formato más federal es imposible levantarse de una crisis. La pelea ente los territoriales del peronismo y del radicalismo contra sus socios del AMBA está de nuevo en el eje de la política nacional. La malandanza del gobierno del AMBA, y el trizamiento en la oposición que busca el ala Lousteau-Yacobitti en el radicalismo, agotan las posibilidades de que este polo aporte soluciones.

La diferencia en cuanto a objetivos, intereses y métodos los separa por igual a peronistas y no peronistas. Los territoriales tienen responsabilidades de gobierno y representaciones solventes en las dos cámaras del Congreso. Sus contrapartes del AMBA tienen sellos de goma o marcas de rating por TV y buscan usarlos para contener a los territoriales. En el peronismo, los territoriales son reticentes a asumir compromisos del AMBA, por ejemplo, aceptando ministerios como se los ofertó Manzur el sábado a la noche en Santiago, porque temen repetir las derrotas a las que los arrastraron en el pasado Cafiero (Antonio), Duhalde, Scioli, Fernández.

Les parecen originales los actos con el tercerismo regional que emprende el peronismo del AMBA con Pepe Mugica y Lula, pero redoblan el porteñismo del formato centralista de la trifecta presidencial. Les explicaron esa noche que el interesado en esa fotografía en sepia en la plaza y en la CGT fue el propio de Lula, como parte de un lanzamiento de su campaña para las presidenciales de su país, de la mano de los enemigos que tiene más cerca Jair Bolsonaro: los que están en el gobierno argentino. Los organizadores fueron los brasileños que entornan al candidato y por eso incluyeron entre los invitados a Felipe Solá y a Juan Grabois. Estuvieron en la reunión de la CGT.

Felipe no se habla, ha confesado, con Alberto desde que lo agraviaron con el despido del Gabinete. Los lulistas no olvidan que, en la última Feria del Libro, Solá presentó un libro sobre el “lawfare”. Grabois, de tensas relaciones con el Gobierno, es inolvidable para Lula desde que viajó Brasil a entregarle un rosario cuando estaba preso. Provocó una crisis en el sistema de redes, porque la información de ese incidente tuvo desmentidos y abrió un caso emblemático de “fact cheking” en Facebook de Brasil. Estuvo un rato en el acto y se retiró: voy a entregar los diplomas de Bachillerato Cartonero. Eso es revolución y no lo que tenemos por casa.

El miedo a la cartera de Lilita

En la oposición no le ven mucho sentido a las incursiones territoriales de los caciques del AMBA. A Patricia Bullrich le atribuyen que los legisladores opositores de La Rioja no se terminen de integrar a los bloques del Senado y Diputados, porque ella los desairó en la confección de las listas. Hoy le observan el intento de sumar a la coalición a dirigentes ganadores, sean o no jefes de partido.

Macri mismo propone un derecho de admisión en la mesa nacional de Juntos, reservando sillas sólo a partidos nacionales y jerarquías legislativas – dejando afuera a iniciativas como la de Margarita Stolbizer. En la convocatoria de la mesa de Juntos para el jueves a las 10 AM, tienen sillas reservadas el PRO, la UCR, la Coalición y el Peronismo Republicano de Pichetto-Puerta. Temen que si se suman más sellos ocurra el estallido que terminó en 2013 con UNEN, que juntaba socialistas, radicales, lilistas y hasta Pino Solanas/Donda. Demasiado para un escenario frágil. No sea que Lilita levante de nuevo la cartera y salga del salón como lo hizo aquella vez.

Ojo que de aquel gesto nació Cambiemos y el final del primer cristinismo. En esa crisis entre territoriales y AMBA hay que anotar alguna disidencia que despunta hasta el larretismo porteño: ¿le conviene al jefe de Gobierno abrazarse con Lousteau con tanto énfasis que lo hace pelear con los territoriales del radicalismo de Morales? Lo consuelan con la promesa de que esas inquinas entre radicales que lo comprometen tanto se terminarán el viernes apenas Morales sea elegido como presidente de la UCR.

Un Torello para Macri candidato

Inevitable ver una señal proselitista del Macri portador de candidatura en el ingreso de José Torello como senador nacional. Por primera vez el expresidente tendrá un representante directo y fiel de sus intereses. Pasa a ser el hombre más importante de Macri en el Congreso, en donde hay muchos legisladores que le son leales y reconocen su liderazgo. Torello -a cuyo hermano, el diputado Pablo, Lilita llama “el Torello bueno”- es más.

Como se decía de Bob Haldeman, el asesor de Richard Nixon, su identificación mutua es tal que no se sabe bien dónde termina Macri y dónde empieza Torello. Haldeman alardeaba de esa relación en términos brutales que no se aplican a Torello, cuando decía “Todo presidente necesita un hijo de puta. Yo soy el de Nixon”. No es el caso de Torello, que es un negociador manso que sabe ceder. Pertenece a un sistema como es el de Macri que ha desarrollado un estilo refinado de negociación que le permitió administrar un gobierno de minorías.

La climatología de los debates promete menos agresiones del peronismo hacia Macri, en proporción al achicamiento de la bancada -que con aliados puede llegar a los 39 senadores. Pero si vuelven las andanadas por la herencia recibida habrá un Torello para responder. La salida de Esteban Bullrich y de Laura Rodríguez Machado había dejado a Macri indefenso -eran quienes contestaban a las pullas de José Mayans. Larreta la tiene a Guadalupe Tagliaferri, ahora Macri pone un coronel de peso en representación suya. Justo cuando alza estandartes de candidato -por necesidad de protegerse de acosos judiciales o porque se mira competitivo para 2023. Tanto da.

Torello suma otras efectividades porque conoce bien a la bancada del oficialismo, ya que entre 2015 y 2019 fue el negociador en temas judiciales entre Olivos y el peronismo del Senado. Era el jefe de Asesores de la Presidencia, pero pasaba más tiempo en los pasillos de Tribunales que en la Rosada. En el Consejo de la Magistratura y en algunas cámaras -como la del fuero electoral- era la voz de Macri. La confianza que lo une a Macri la probó en su rol de apoderado nacional del PRO y recaudador de fondos en las campañas. Es un emprendedor que juntó los fondos para comprar la sede nacional del partido, que salió más de una moneda.

Operador clave en la fórmula de 2019

Suma, además de conocimiento personal, una ejecutoría como moderado. Cedió ante el peronismo y se le atribuye haber consentido en que se frustrasen los candidatos de Cambiemos a la Procuración de la Nación (Inés Weinberg, Raúl Plee) o a la Cámara Nacional Electoral (Alejandra Lázaro). Esas propuestas quedaron empastadas cuando estaban a punto de cerrarse acuerdos con la bancada que conducía Miguel Pichetto.

Los socios radicales y del PRO le reprocharon que les diera el hilván decisivo a esas negociaciones. Pero no hay duda de que su conducta expresó lo que quería Macri. Los memoriosos le atribuyen, además, ser el consejero decisivo en el acercamiento de Pichetto a la fórmula presidencial. En el otoño de 2019, mes de abril, Torello y Fabián Rodríguez Simón acompañaron a Pichetto como disertante de las universidades de Yale y Columbia, en conferencias sobre temas de derecho organizadas por organizaciones de abogados -viajaron, entre otros testigos, Guillermo Lipera, Máximo Fonrouge, los asesores Jorge Franco y Guillermo Michel.

En ese viaje Pichetto sorprendió como defensor de la posición argentina ante operadores financieros. Descalificó a Sergio Massa y a Juan Manuel Urtubey al afirmar “los muertos no pagan” -lema de Néstor Kirchner en 2003. “Estos muchachos no entienden nada”, los fulminó. Torello fue quien informó a Macri lo que le había escuchado a este opositor. Apenas se conocieron sus palabras, recibió una andanada de llamados de otros funcionarios del Gobierno, agradeciéndole una changa cuyo valor recién entendieron allí.

En menos de un mes, se precipitó la reelección de Juan Schiaretti en Córdoba con un discurso republicanista; el retorno a Massa al cristinismo y el anuncio de la fórmula Fernández-Fernández. La réplica inmediata fue el anuncio de Macri-Pichetto, todo entre abril y junio de 2019. Esa trama no se entiende sin la tarea de Torello, que jurará por la banca que deja Bullrich en la primera sesión que haga el Senado. Ocurrirá antes de fin de año -22 o 27 de diciembre. Su pliego ya está aprobado y no debe pasar por ninguna comisión. Nace una estrella.

Ignacio Zuleta

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