Domingo, 19 Diciembre 2021 08:10

El nuevo Congreso arrincona al peronismo del AMBA - Por Ignacio Zuleta

Escrito por

La anemia política en Diputados le genera una nueva derrota al oficialismo. 

Otra semana negra exhibió las debilidades de un oficialismo con “raquitismo político”, según el dictamen implacable de uno de los gobernadores del Norte Grande que, además, reclama protagonismo para el peronismo federal (Jorge Capitanich). 

El cataclismo del presupuesto embarra el proyecto de un gobierno que hace de la economía una agenda de gobierno. Es lo que peor hace, pero la explicación es simple. La política manda sobre la economía y si no tenés política la economía fracasa.

El rulo final de la larga sesión aportó un error definitivo: cuando la oposición parecía dispuesta a devolver el proyecto a comisión, Máximo Kirchner tomó la palabra para una sarta de insultos a sus adversarios. Prefirió camorrear a los contradictores. Precipitó el final, casi con las mismas palabras que había usado en 2008 Miguel Pichetto para sepultar la 125 en el Senado: terminemos con esto, votemos.

Lo inspiró quizás un preámbulo, también para la nostalgia, de Julio Cobos, estilista del voto no-positivo. Para agregar morbo, sacrificaron a amigos del oficialismo como el rionegrino Luis Di Giacomo, que prestó el servicio de promover el intento de que el proyecto volviese a comisión. Es un aliado externo del gobierno a quien siguió la moción de Cecilia Moreau. Fue rechazado y eximió al gobierno de otra derrota. Se trataba de sacar del escenario a Maxi y a Carlos Heller. Mezquindades.

Alguna vez se conocerá la tarifa (política) de Di Giacomo para estas changas. Fue el mismo que propuso la derogación de las PASO por pedido de Sergio Massa para despegarlo del costo político del rechazo. Es el responsable de esta derrota que es parte de un rosario de fracasos: elecciones, caída del quórum en ley de etiquetado, votación del fast track para baja de Ganancias y el presupuesto. La serie de cuatro derrotas hilvana evocaciones, equivalen a Vilcapugio, Ayohuma, Huaqui y Cancha Rayada. Maxi lo hizo.

Ese cataclismo compromete al peronismo del AMBA – Alberto, Massa, los Kirchner madre e hijo, que debe acomodarse a una nueva realidad. ya preveía. Mala señal para el debut del Congreso elegido el 24 de noviembre.

La oposición le ganó a un peronismo dividido

A eso se agregó la carrera de vallas en Diputados. Allí el oficialismo, desflecado, perdió una votación simbólica que obliga a la Cámara a acelerar el tratamiento de un proyecto de baja del impuesto a los Bienes Personales.

El escenario no puede ser más viscoso en el peronismo, y esta vez es víctima de su metodología habitual de exhibir las contradicciones de sus adversarios. La baja de Ganancias es un proyecto del ex senador peronista Carlos Caserio, que el peronismo ahora rechaza. La oposición juguetea ahora con la contradicción del peronismo y este sufre porque ahonda sus divisiones.

Desde el poder se filtran las historias sobre la división de la oposición, basadas sobre las anécdotas de la pelea entre radicales por el control de los bloques o del partido. Y de las pujas en el PRO entre el larretismo, el vidalismo, el bullrichismo y el macrismo. Son anécdotas de superficie, porque una fuerza no se divide por las peleas entre los dirigentes. Eso ocurre cuando el voto es el que se parte. Y en la oposición de Cambiemos ese voto se ha mantenido unido desde 2015 y sólo crece, aunque pierda algunas elecciones.

En el peronismo en cambio, la división entre dirigentes ha permeado hacia abajo y divide el voto. En la base está trizado, como allí está unida la oposición. La derrota del 24 de noviembre le significó al peronismo la pérdida de más de 5 millones de votos. Eso implica una división abajo, en el electorado, que esmerila las posibilidades de mantener el poder en 2023.

El final del sueño de una justicia militante

El fallo de la Suprema Corte, otro eslabón de la semana negra termina con el sueño del peronismo de dominar la justicia con una mayoría en el Consejo de la Magistratura. El daño de la sentencia que voltea la constitucionalidad del Consejo de la Magistratura obliga al gobierno a enfrentar antes del 16 de abril – 120 días desde la notificación del fallo – una elección nacional para ampliar la integración. Un desafío en tiempos tumultuosos que implicará un test de prestigio.

El peronismo y el no peronismo son los únicos que pueden armar elecciones de representantes de abogados en las 24 provincias. Un examen inconveniente después de la derrota del 24 de noviembre. Esa sentencia por unanimidad de los cuatro jueces es una lápida a casi dos décadas de intentos del peronismo de controlar la justicia.

El 16 de abril, a menos que haya una nueva ley del Consejo, el presidente de la Suprema Corte – hoy Horacio Rosatti – asumirá la presidencia del organismo. Sólo podría frenarse si el Congreso aprobase una nueva ley que reivindicase el equilibro de los estamentos que integran el Consejo. Hoy no existe ninguna base sobre la cual se pueda construir un consenso entre oficialismo y oposición en materia judicial. La fecha 16 de abril marca el fin de la historia para el peronismo judicial. La sentencia se conoció cuando comenzaba el jueves una reunión de Labor del Consejo. En el acto esta se suspendió. La Corte impuso su rol de control de legalidad y avanzó varios metros hacia la función ejecutiva y legislativa el ordenar el cambio con plazo fijo, so pena de nulidad. Es una prueba de poder que hay que anotar.

En marzo, UCR con bloque único

También es una cuestión de territorialidad el final del debate sobre la nueva cúpula del radicalismo, que hay que anotar como otro avance del federalismo. Gerardo Morales llegó a la reunión del Comité Nacional que lo elegiría el nuevo jefe del partido, con una mayoría de apoyos de 66 delegados por sobre el total de 94.

Dedicó el último tramo a convencer a los contradictores de su candidatura - por “porteños” del AMBA que alzaron hasta último momento la candidatura de Martín Lousteau- de que no fueran a un conteo de votos, que esmerilaría más el perfil de Lousteau. Era una gentileza, habida cuenta el mimo con el que protege el senador su perfil y su tocado. Es una figura de prestigio que en los últimos meses ha disipado su principal capital con una sucesión de desaciertos estratégicos.

Buscó presentarse como la renovación y quedó vinculado a la derrota de su sector en las cuatro copas que se disputaron en el partido: bloque de diputados, de senadores, Juventud y Comité Nacional. Gerardo recibió en la casa de Jujuy el negociador del sector Lousteau de última instancia, el binguero macrista Daniel Angelici. Lo acercó Ernesto Sanz, que integró el equipo de negociadores de Morales, junto a Ángel Rozas y el senador por Corrientes Eduardo Vischi – ligado a Gustavo Valdés.

El mensaje a los adversarios fue: “No quiero contar los votos, necesito legitimidad como presidente del partido para respaldar en 2023 a un candidato a presidente de la Nación de la Unión Cívica Radical, sea yo o quien sea”.

Angelici escuchó y admitió que sus socios estaban reclamando posiciones en un Comité Nacional “integrado” por encima de los votos que tenían – 28 sobre 94. La reticencia a admitir la minoría forzó una segunda reunión en la noche del jueves entre el trío de negociadores, por un lado, y del otro lado Angelici, Lousteau y Emiliano Yacobitti. Para hacerles un desfile de armas, los citaron en el recoleto Centuria Hotel, Suipacha al 100. Allí estaban alojados la mayoría de los delegados del moralismo, vigilados por Willy Horst, lugarteniente mayor de Morales.

Le mostraron el regimiento a los visitantes, y les impusieron una condición para cederles sillas en el nuevo Comité Nacional “integrado”: que en marzo haya un solo bloque en la Cámara de Diputados. Se terminaron de convencer y entraron derrotados a la reunión donde se elegiría al jujeño como nuevo jefe radical.

Massa delató a los traidores

El aroma de derrota en la tribu Lousteau la hizo presa hasta de los desaires del oficialismo en el Congreso. En la noche del miércoles, Sergio Massa mantuvo una charla con los jefes de los bloques de Diputados para testearlos sobre el voto del presupuesto. Los representantes de Juntos por el Cambio parecían cerca de dar el quórum y abstenerse en la votación, para evitar que el peronismo los señalase como destituyentes.

Massa los presionó con una delación: miren que por acá han pasado algunos de ustedes que se han llevado partidas para las universidades. Con ese dato Mario Negri y Juan Manuel López – UCR y Coalición – resolvieron la estrategia que desplegaron el jueves: dar quórum, pero cerrar el voto negativo al proyecto de presupuesto.

​El acting estuvo a cargo de Negri, que pidió desde la banca un cuarto intermedio con el propósito explícito de poner en la superficie el giro táctico y el mensaje: les vamos a votar en contra, reflexionen en este cuarto intermedio y cambien el proyecto, porque ya tenemos 132 para tumbarlo.

En ese cuarto intermedio Massa insistió en que no iban a cambiar nada. Argumentó que el FMI pedía este proyecto de presupuesto como piso para un acuerdo en diciembre. No convenció a la oposición, que regresó a la sesión con 132 votos firmes para rechazar el presupuesto, contra los 124 del peronismo. Desde ese momento todo quedó a merced de la tarea de persuasión secreta del gobierno y de algunos gobernadores para sacar diputados del recinto e intentar la aprobación final.

Duro aprendizaje de los códigos

El minué reveló varias constancias. Una, que Massa no es el mejor interlocutor para acordar nada porque te entrega, como lo hizo con los radicales de Evolución a quienes mandó al frente en esa charla del miércoles.

Fue quizás una devolución de gentilezas después del cruce entre Carlos Heller y el radical Martín Tetaz en la reunión de la comisión de Presupuesto y Hacienda del miércoles. Tetaz reveló que en una charla informal Heller le había dicho que las reformas para ganar votos al presupuesto implicaban un aumento del gasto de $ 180.000 millones.

Heller, que ha sido educado en las rispideces del estalinismo, lo congeló con la respuesta: “Debería decirle, discúlpeme que se lo diga al aire, porque usted lo ha hecho, que las conversaciones en off no son para citar cuando se pide la palabra. Es la última vez que yo aceptaré hablar en off con usted, porque se ve que no tiene claro cómo funciona el off. El off es una cosa de confidencia que no se usa tres minutos después como un argumento en el medio de un debate”.

Es duro el aprendizaje de los códigos legislativos. Una materia previa para los narcisos de papel que llegan a las bancas desde el planeta mediático. El encanto de las multitudes dura menos que la liviana melodía (Borges). Un Lousteau que caminaba con la magia de un Harry Potter pasó en pocas semanas a estar en la foto de los viejos rosqueros. Y perdió su cargo más notable, la vicepresidencia del Senado, en manos de otra construcción mediática, la bella Losada.

Negri, liderazgo por encima del cargo

Otra constancia que deja la experiencia es la diferencia entre liderazgo y jefatura. Negri, a quien una minoría de su partido le niega apoyos para ejercer la jefatura del interbloque, ejerció esa función de facto. Condujo la estrategia como si siguiera en el cargo, con lo cual mostró autoridad y liderazgo, que son las razones por las cuales el sector Yacobitti-Lousteau le niega precedencias.

En un tramo de la sesión se evidenció ese liderazgo, cuando la bancada opositora ganó la votación para que se acelere la sanción de la baja del impuesto a los Bienes Personales.

Silvia Lospennato mocionó por el fast-track para que convierta en ley una sanción del Senado apoyándose en un dictamen de Elisa Carrió de 2010 y otro de Negri de 2014 según el cual la cámara puede ejercer las mismas potestades que el presidente del cuerpo. Massa no quería que se tratase el proyecto.

Negri ironizó que el gobierno demora la sanción del Senado para que los nuevos contribuyentes paguen, y ganarse así un año de recaudación de Bienes Personales. “No se suban al campanario – bromeó – que la campana se puede tocar de acá abajo”. La cámara votó por acelerar el tratamiento en comisión, ejerciendo las atribuciones del reticente Massa. Negri y Carrió fueron los ejes en ese momento del debate; Negri no es jefe del interbloque, pero actuó como si lo fuera, y Carrió ni es diputada, pero sigue gravitando a la distancia, con liderazgo por sobre su bancada.

Ignacio Zuleta

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…