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Miércoles, 22 Diciembre 2021 09:08

De Kreplak a Bienes Personales: el Gobierno fabrica un discurso “ideológico” frente a necesidades y temores - Por Eduardo Aulicino

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El oficialismo logró imponer su proyecto para modificar el impuesto, con discurso de progresividad. En rigor, no quería tratarlo por cuestiones de caja. También reaparece cierto relato frente a la escalada de casos de coronavirus: una cuestión de clases 

Los contagios de coronavirus vienen creciendo y rozaron los 10 mil casos en un día. El temor en las filas del Gobierno, y en especial de la provincia de Buenos Aires, sobrepasa el análisis racional: entra en contradicción con diversas medidas oficiales, comienza a insinuar el camino de las restricciones y, desde ya, perfila una descarga de culpas. Ese es el trasfondo de las declaraciones del ministro bonaerense Nicolás Kreplak, que quiere ver en todo esto un problema de clases y anticipa nuevos cruces con la Ciudad. Un absurdo con matriz “ideológica”. 

No sólo los temores sino también las necesidades pueden demandar explicaciones con pretensiones conceptuales. Es el caso de la modificación del impuesto a Bienes Personales. El oficialismo había congelado el tema en Diputados, a pedido del ministerio de Economía -y de Olivos, en líneas generales- porque la iniciativa anunciada en plena campaña proyectaba un impacto negativo en la recaudación. Sólo el bochorno de las ausencias -alguna, particularmente llamativa- en el bloque de Juntos por el Cambio terminó salvando al oficialismo de una nueva derrota y le permitió sacar un empate.

El Frente de Todos impuso finalmente una modificación al proyecto original -motorizado por el propio oficialismo en el Senado- y ahora la Cámara alta debe apurarse y votarlo la semana que viene para que tenga efecto. El cambio fue explicado como uno modo de darle sentido progresivo al nuevo texto. Pero en rigor, equilibra los números de perdida de ingresos por la menor afectación de personas y lo hace incrementando y sosteniendo el alcance en otras franjas y rubros, especialmente bienes en el exterior.

La preocupación de Economía está relacionada con una cuestión de caja y nada diferente exponía su mensaje al bloque oficialista. La elevación del mínimo no imponible representaría una baja de ingresos porque aliviaría la situación de más de medio millón de contribuyentes. Fracasado el congelamiento del proyecto -repuesto en la agenda con el voto del conglomerado opositor- el oficialismo jugó con inteligencia para revertir o neutralizar algunos votos. Unos bajo el supuesto de la equidad y la progresividad en materia impositiva, y otros por interés.

El oficialismo pudo celebrar ayer después de la dura derrota en la discusión del Presupuesto 2022. Operó en los pocos días siguientes sobre algunos gobernadores, fuerzas provinciales, la izquierda y algún cabo suelto. Ganó raspando, lo cual indica las limitaciones para avanzar con proyectos conflictivos y no únicamente económicos-las leyes judiciales, por ejemplo-, y logró darle otro sabor en el recinto a un temario que, en rigor, fue impuesto por la oposición al rescatar Bienes Personales.

Eso mismo hizo más sonoro el hecho de las ausencias en JxC. El discurso posterior rescató precisamente el hecho de haber logrado el tratamiento de Bienes Personales. Y lamentó que haya predominado el texto planteado por el oficialismo. Pero hacia el interior de su propia bancada, dominaba el malestar. De las tres ausencias, la de la macrista Camila Crescimbeni había sorprendido por otras razones. Dio positivo su test de covid y las suspicacias apuntaban a la prueba en sí misma. La situación de Álvaro González, también del PRO, era justificada tibiamente por algunos porque el diputado está de viaje en Alemania, según se dijo por razones familiares, y ya no había participado en el debate por el Presupuesto. Tampoco asistió Gabriela Brouwer de Koning, del sector que se escindió del bloque radical. Nadie explicaba los motivos de un viaje al exterior.

Las miradas giran ahora hacia el Senado, que debería sancionar el proyecto la semana que viene. Es algo que molesta especialmente al bloque oficialista, acostumbrado a la comodidad del quórum propio y a imponer criterios, no a moverse por los ritmos impuestos por la Cámara de Diputados.

En paralelo, el foco de atención comenzó a correrse a otro terreno, repetido: el coronavirus. El aumento de casos, más allá de las explicaciones formales del área de Salud, genera preocupación en el Gobierno, que navega en un discurso confuso, con iniciativas como el pase sanitario -cuestionable por varias razones de fondo y de aplicación real-, los actos masivos y las celebraciones propias, las dificultades para avanzar con la vacunación y una exposición y valoración de cifras que deberían ser tomadas con cuidados.

Junto con el desparejo mapa de vacunación, el nivel de testeos sigue siendo bajo. El aumento de contagios escala así en cifras generales y en índice de positividad, sin contemplar la lectura que surge de la baja tasa de letalidad y de las cifras sobre ocupación de camas de terapia intensiva.

Con todo, reaparecen las posiciones de mayor dureza en las filas oficialistas. El mensaje más llamativo fue expresado por Kreplak. El ministro de Salud bonaerense sostuvo que en los sectores sociales de mayores ingresos se registran seis veces más casos que en las franjas de menores recursos. Es un dato refutado por dos razones. La primera, científica: puede ser la foto de un momento y no la descripción de procesos; y la segunda, política: sólo apuntaría a generar grietas, en este caso con sello “ideológico”.

Las declaraciones del ministro -de peso en el gabinete provincial- sugieren cierto reflejo con barniz conceptual -otra cosa es la ideología como sistema de ideas elaboradas-, en la antesala del descargo de responsabilidades o de explicaciones sobre el desarrollo del virus. Está en la línea de la batalla que se pretendía entre la Provincia y la Ciudad, acusada de ser la causa de la expansión del virus.

Nada positivo en otro fin de año con la sociedad agotada por la crisis.

Eduardo Aulicino

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