Lunes, 17 Enero 2022 15:47

Tempo optimista de la oposición, los buscapiés de Alberto a Washington y el lejano 2023 de Cristina - Por Ignacio Zuleta

Escrito por

Se abrió el camino a un entendimiento entre Gerardo Morales y Horacio Rodríguez Larreta. El oficialismo, en tempo lacrimoso: a la vice la muestran superpoderosa, pero no le sale nada.

La oposición busca una mesa más chica 

El tempo de la oposición es optimista. Un andante con moto, diríase si la política fuera una sinfonía; de paso: Walt Whitman vaticinó que “cuando el hombre sea libre, la política será una canción”, pero falta todavía.

Ese optimismo y ese tempo le puso humor a la cita de Gerardo Morales con Horacio Rodríguez Larreta, que trascurrió en esa mini “Puerta de hierro” para el jefe radical, que empieza a ser la sede de la casa de Jujuy, en el corazón del Barrio Norte.

El justificativo fue organizar una visita ecológica del cacique porteño a esa provincia fetiche para la oposición de Cambiemos. Fue escenario de lanzamientos, conspiraciones y cierres de campaña bajo el embrujo de deidades terrenales como la Pacha Mama. Unas mancias que han compartido radicales y macristas, y que siguen con simpatía desde la Coalición, siempre ligada a una fe más ortodoxa, aunque respetuosa de las devociones religiosas populares.

Basta para entender con releer el relato autobiográfico de Elisa Carrió sobre su enlightment ante la Virgen del Valle de Catamarca. El encuentro entre Gerardo y Horacio tenía como pretexto honrar los dos materiales que forman el canto del jujeño: el litio y el cannabis. Pero de esa sesión salió un programa que prepara, en tiempo y forma, un camino de entendimiento entre los dos dirigentes más aperturistas de la oposición.

Elasticidades de ayer, hoy y de siempre

Con argumentos diversos, los dos creen que un proyecto alternativo al del oficialismo sólo puede convencer al público mayoritario si amplia el espectro hacia zonas hoy representadas por el peronismo. Para simplificar brutalmente, no cierran el camino a un entendimiento hacia ese peronismo que en 2015 estuvo detrás de Sergio Massa. Morales defendió en aquel año, en la convención radical de Gualeguaychú, una alianza con el massismo, una formación de tal capacidad elástica que lo ayuda a ganar en Jujuy.

Larreta tiene relaciones de buena fe con Massa, aún después de que el jefe de los Diputados migrase al cristinismo en 2019. Le conoce esa elasticidad que le permitió ser el mejor aliado de María Eugenia Vidal en Buenos Aires entre 2015 y 2017. No creen que el peronismo esté condenado al cristinismo, y que con la declinación del referato de la vicepresidente (que no tiene herederos), podrán pasar con la canasta a recoger adhesiones.

Cómo el macrismo cristiniza la agenda

En el diseño estratégico completan la pinza que forman con el macrismo ortodoxo que cree lo contrario: que el peronismo es el cristinismo. Su estrategia es alimentar esa identidad para ganarles mejor. La hipótesis pudo funcionar en 2015 y 2017, pero no funcionó en 2019. Se basa en que los sectores medios efectivamente rechazan a Cristina y todo lo que toca, y que no les costará un gran esfuerzo aprovechar esa fractura para acercar votos.

Se trata de afirmar la identidad de Cambiemos como fuerza de centro derecha, echando al peronismo a las tinieblas exteriores de las izquierdas. En este sector cercano a Macri-Bullrich-Pichetto creen que el futuro de la actual oposición está en acentuar su sesgo de capitalismo moderno y la ortodoxia económica. Esta opción, creen en cambio Morales-Larreta, le impide a Cambiemos saltar de minoría a mayoría.

Tonterías que distraen

Los primeros frutos de esa mezcla de litio y cannabis, dos emblemas de la apertura de las puertas de la percepción – se verán desde la primera semana de febrero en el debate de nuevos formatos de Cambiemos. 1) La conformación de una mesa de decisiones más chica que la actual. Hoy las reuniones suelen convocar a una veintena de dirigentes en sesiones en las que cada uno está Whatsapeando con el periodista amigo. Los debates saltan de inmediato a las redes y a las pantallas.

La mesa, coincidieron, es mejor que sea de tres o cuatro, con representación de sus partidos y los bloques, pero que pueda resolver problemas sin armar bolas de nieves que complican todo. Este lunes, por ejemplo, la mesa tiene que resolver qué hacer ante el debate a que los somete el gobierno sobre la sede del encuentro con Martín Guzmán. Tamaña tontería vine ocupando hace dos semanas a hombres grandes y caros, como si la localía resolviese algo importante de las relaciones con el FMI.

La amplitud actual de la mesa de Cambiemos produjo una inflación de la lista de invitados, que este domingo hizo llegar Morales a Massa para que la llevase a su charla con Alberto Fernández. Por la oposición figuran en esa nómina no sólo los 4 gobernadores de JxC, sino los jefes de bloques del Senado y Diputados, incluyendo a Mario Negri, Cristian Ritondo, Juan Manuel López, Ricardo López Murphy, Rodrigo de Loredo, Margarita Stolbizer, Humberto Schiavoni, Luis Naidenoff, Alfredo Cornejo y Juan Carlos Romero. Si viviera, figuraría hasta el legendario “Fogonazo”, el fotógrafo personal de Alfonsín. Ojo, que toda mesa que se achica produce agravios insostenibles. Sumar es fácil. Restar duele.

Sin aviones, no hay paraíso

2) Un formato más operativo incluye algunas decisiones de real estate, como la apertura de una sede propia para Juntos por el Cambio del nivel y envergadura de una sede partidaria, con espacio para equipos técnicos permanentes, de procesamiento de bases de datos y, lo más importante, "un par de gerentes". O sea, responsables del manejo de los fondos de la coalición que, en realidad, hoy depende de la munificencia de los gobernadores que sufragan gastos de la mesa con su propia caja.

Hoy la localía favorece al PRO, que pone muchas veces la sede de la calle Balcarce, que logró comprar el senador electo (y aún no juramentado) José Torello, con fondos partidarios. Vienen años de campaña, y ya se sabe que en esos procesos las fórmulas y candidatos pasan a ser, muchas veces, vicarios de quienes les prestan los aviones. Y en política, sin aviones no hay paraíso.

El poder del oficialismo, otro mito urbano

El tempo del movimiento – para no salirnos de la sinfonía – para el oficialismo está más cerca del adagio, piangevole o lacrimoso. Viene de perder las elecciones, lo jibarizaron en las Cámaras del Congreso, se quedó sin Presupuesto, tiene la reforma judicial hundida en el fango de manera casi definitiva y puede perder el control del sistema judicial en tres meses por un fallo de la Corte.

No puede arrancar los motores, agarrotados por la crisis económica que no se va, y por la pandemia que va y viene; tiene que recomponer la unidad que le permitió ganar en 2019, pero que le duró menos de dos años.

Lo sostiene la necesidad de la oposición de sobredimensionar la fuerza de sus contrincantes, que de todas formas no dejan de dar señales de debilidad. Cristina – a la que describen sus voceros como la chica superpoderosa – no puede mostrar éxitos en ningún terreno político. Solo quejas. La oposición la señala como responsable de todo lo que hace el gobierno, pero ese inventario no suma ninguna realización. Dicho rápido, no le sale nada.

Alberto hace ejercicios de bilocación y manda buscapiés a Washington con Santiago Cafiero, mientras él saca turno para inclinarse ante rusos y chinos. Los ansiosos le buscan alguna estrategia a estos ademanes. Difícil que alguien la encuentre. Esa melancolía ante lo que viene disuena ante el optimismo de la oposición, que se maneja convencida de que, si no cambian las condiciones, puede ganar las elecciones de 2023. El peronismo se resiste a admitir tan fácilmente la rendición, pese a que todavía no encuentra las razones de haber perdido más de 5 millones de votos en una derrota nacional sin precedentes. Massa, el tercero de la trifecta presidencial, está en el punto más bajo de su poder; le cuesta hasta poner la cancha para que se vean Guzmán y Cambiemos para lamer heridas del FMI.

Para Cristina, el 2023 está más que lejos

Algunos van a buscar luz en donde no la hay. Jorge Capitanich, a quien describimos en esta columna como quien tiene la carpeta más completa con las iniciativas del oficialismo, estuvo en El Calafate con Cristina para discutir el 2023. Primera señal de ella: admite que todo quien gobierna quiere ser reelegido. El comentario es un gesto de un rostro con recursos expresivos.

El visitante le puso humor y contó que hace un mes, cuando Gerardo Zamora asumió como presidente del grupo de provincias del llamado Norte Grande, aclaró: acepto este cargo, pero no por un solo mandato. Aclaró que en el ADN de todo gobernador está ir a la reelección. El santiagueño Zamora va por su tercer mandato y los hubiera querido consecutivos si se lo hubiera permitido la Suprema Corte. Sobre el compromiso de 2023 Cristina entiende en esas conversaciones que no hay nada escrito en piedra.

Es prematuro hacer ni decir nada, porque todo puede cambiar. La vicepresidente cree, como muchos políticos, que la agenda económica es central para el destino del gobierno. Es una hipótesis incomprobable, y ella es un ejemplo.

Ganó por 54 puntos en 2011 con una crisis económica que pudo voltearla. Tanto, que, al mes de reasumir, debió imponer el cepo al dólar. Ganó por la política. En 2015 su partido perdió con el mejor candidato posible porque la agenda política dominó sobre la económica.

El FMI es algo para usar, no para consumir

Esta percepción la hace sobrestimar las consecuencias del acuerdo con el FMI. Coincide con la opinión de Capitanich sobre que aun con el mejor acuerdo posible, el futuro cercano del país estará muy condicionado.

En esas reuniones no se le oye ninguna expresión de rechazo al mejor acuerdo posible. Tampoco nadie sale convencido de que lo apoyará. Nunca quiso estar en la foto de firmar un acuerdo, porque tiene una imagen setentista del FMI: cree que es veneno para la acción política, y mostrarse de ese lado es resignar futuro. Es simple, el FMI es un rótulo para la acción política y el discurso, un arma arrojadiza que no tiene nada que ver con montos, plazos, etc. La va a usar según su conveniencia. Como en la fábula sobre quien invierte en arenques a futuro: no son para comer.

40 años para festejar

Con el visitante coincide en el escenario sombrío. Capitanich ha desarrollado una explicación que dejó también en El Calafate sobre sobre los 40 años de democracia. El principal activo de este ciclo es la estabilidad del sistema político, que ha resistido hasta dos entregas adelantadas del gobierno, sin interrupción.

Estos 40 años son el ciclo más estable desde la sanción del sistema electoral de la Ley Sáenz Peña, y cerró en 1983 un siglo de turbulencias. Este activo institucional no ha tenido correlación con la estabilidad macroeconómica, que no ha acompañado a la estabilidad política. Podría agregarse que tampoco esa inestabilidad macroeconómica tuvo la fuerza para voltear la estabilidad política. Una hipótesis es que la Argentina tiene recursos para pagar sus fiestas.

El tercer elemento de este cuadro es la necesidad del sistema de generar procesos de redistribución que protejan al sistema político y lo resguarden del desprestigio. La especulación es que la inadecuación del sistema político y el macroeconómico no durará para siempre, y el desprestigio puede imponer fragilidad a lo que parece sólido desde 1983.

Magistratura: ejecución en cuotas de la mayoría oficial

Con estas coincidencias regresó de El Calafate el gobernador Capitanich, el más escuchado por Cristina desde hace 20 años, cuando compartieron bancas en el Senado. La vicepresidente tiene una agenda personal tumultuosa. Este martes el Consejo de la Magistratura aprobará el reglamento para las elecciones de representantes de los abogados, en un nuevo “equilibrio” que dictaminó la Suprema Corte. El Reglamento de los jueces rige desde la semana pasada. Con eso queda lista la incorporación de nuevos integrantes para la primera semana de abril. Encima en ese mes, si no acuerdan con la oposición una nueva ley, el Presidente de la Corte será también el titular del Consejo. Para ella, que tiene una agenda judicial séptica, es una ejecución en cámara lenta, y ni sus socios del gobierno hacen nada para frenarle los agravios.

Ignacio Zuleta

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…