Viernes, 11 Febrero 2022 09:25

La grieta en el Frente de Todos está en la base de sus votantes - Por Ignacio Miri

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El miércoles, a su regreso de Barbados, Alberto Fernández volvió a hablar por teléfono con Cristina Kirchner. Las diferencias por el acuerdo con el Fondo siguen. 

Desde mayo de 2019, cuando Cristina Kirchner postuló a Alberto Fernández como su candidato a la presidencia y abrió el camino para la reunificación del peronismo, quedó planteada la confrontación entre dos coaliciones con vocación mayoritaria destinadas a captar -entre las dos- prácticamente todos los votos de la Argentina. Esa polarización se comprobó en 2019 y también en 2021. 

A su vez, a pesar de las diferencias internas que existen en los dos espacios, tanto el Frente de Todos como Juntos por el Cambio mantuvieron su integración: en ninguna de las coaliciones hubo rupturas ni fugas de dirigentes relevantes. Hasta hoy, los conflictos siempre se resolvieron dentro de los límites de cada bloque.

Sin embargo, el año pasado, en dos distritos tan importantes como la Provincia de Buenos Aires y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, aparecieron opciones que capturaron votos que, en principio, parecían destinados a Juntos por el Cambio. Aunque es muy probable que tanto Javier Milei como José Luis Espert representen otras demandas además de las que ellos mismos manifiestan, se puede decir que en la elección de 2021 no se fueron dirigentes liberales de Juntos por el Cambio, pero sí surgieron otros que llamaron la atención de los votantes que tienen esas ideas y que votaban a Mauricio Macri.

Ahora, esa fractura podría aparecer en el oficialismo. La manifestación más visible fue la renuncia de Máximo Kirchner a la jefatura del bloque en Diputados, pero, en rigor, esa fuga es apenas el nudo más nuevo de un larguísimo hilo de desacuerdos y críticas al gobierno de Alberto Fernández que acumula en su memoria la Vicepresidenta de la Nación.

Cristina dejó muy claro en varias oportunidades que el Gobierno no le gusta y el corrimiento de su hijo es la manifestación definitiva de que la familia prefiere que su apellido se despegue lo máximo posible de la gestión de Fernández. Como suele ocurrir en estos casos, la vicepresidenta opta por privilegiar la fidelidad de sus votantes: ella sabe que refleja la aversión al FMI que existe en una parte de la sociedad argentina, una prédica que tiene raíces más antiguas que el propio kirchnerismo.

En la Casa Rosada ya asumen que, en marzo, cuando el Presidente de la Nación envíe al Congreso el proyecto del acuerdo con el FMI, una porción del oficialismo votará en contra. Por eso, lo que están haciendo es tratar de controlar el daño.

El miércoles, a su regreso de Barbados, el Presidente habló por teléfono con Cristina. Fue la continuación del diálogo que habían tenido cuando Fernández estaba en Beijing, y la vicepresidenta mantuvo su postura frente al entendimiento con el Fondo.

Cerca del Presidente sostienen que, ante el desaire asegurado, sólo pueden aspirar a que la cantidad de votos en contra en el Congreso se restrinja a los legisladores camporistas, Máximo Kirchner incluido. En este caso, además, el Gobierno espera que su voto en contra sea una manifestación silenciosa. “Una cosa es que en la tapa de los diarios la noticia sea que el Presidente consiguió que el Congreso apruebe el acuerdo, otra es si treinta o más diputados del Frente de Todos votan en contra y otra si Máximo se para en la banca y da un discurso feroz en contra del acuerdo. En este caso, todo va a ser más complicado”, evaluó esta semana un ministro del gabinete. “Nosotros necesitamos que después del acuerdo venga la plata, no más problemas”, imploró.

Ignacio Miri

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