Domingo, 13 Febrero 2022 08:24

Consejo de la Magistratura: un default judicial a la vista – Por Ignacio Zuleta

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Se vence el plazo para recomponer la integración del Consejo. Podría salir por ley o por una reforma interna. 

El gobierno hace todos los gestos para evitar un default de la deuda con del FMI. Pero no está claro que busque evitar un default judicial que puede ocurrir en 15 de abril, dentro de dos meses, si el Consejo de la Magistratura incumple la orden de la Corte de recomponer su integración. 

Puede remediarse por dos vías, una ley o una reforma interna que sume más integrantes. Hasta ahora el gobierno no mueve fichas para ninguna de las dos vías.

Si el país entra en abril en default judicial, no se podrán ni pagar los sueldos de la justicia. La Corte dictaminó que si no se reforma el Consejo desde esa fecha sus actos serán nulos: el jubileo de los réprobos, la abolición de la justicia. Viva la Pepa.

¿Busca eso el gobierno? Podría interesarle que se frenasen causas penales sobre ex funcionarios. Pero implicaría también una capitulación ante los adversarios de los proyectos de reforma judicial, que el peronismo ha intentado en los últimos 20 años.

Como en el caso del default de la deuda, lo único que muestra el oficialismo es el interés en atribuirle la responsabilidad a la oposición. Si no hay acuerdo con el FMI, será porque la oposición le resta su apoyo en el Congreso. Si hay default judicial, será porque la oposición cuestiona la integración del Consejo, desequilibrado que rige desde la reforma cristinista de 2006, que la Corte declaró inconstitucional.

La debilidad de desperdiciar las extraordinarias

El silencio del oficialismo sobre la fecha de sesiones extraordinarias termina siendo el retrato de su debilidad. Ese período legislativo es el que le permite a todo gobierno imponer los proyectos de debates. Es un alto el fuego durante el cual recupera atribuciones, que las refriegas del año legislativo que le impiden ejercer. Puede mostrar el poder de su iniciativa frente a propios y adversarios.

Ahora, si elude las extraordinarias, está demostrando: 1) que no tiene proyectos; 2) que no tiene el poder para hacerlos debatir y, eventualmente, aprobarlos.

El Senado es donde el peronismo tiene más fuerza. Llega a los 38 votos, uno más que el quórum, y podría hacer algunos alardes.

La conducción cristinista está golpeada por la decisión de Olivos – Alberto, Massa -de avanzar en un entendimiento con el FMI que el sector K rechaza.

En el menú de extraordinarias el oficialismo se juega con el proyecto de reforma del Consejo de la Magistratura. Lo redactó Olivos como respuesta al mandato de la Corte de compensar desequilibrios entre el estamento político y los jueces, abogados y académicos.

Pero sólo le interesa un punto: evitar que un juez de la Suprema Corte asuma la presidencia del Consejo – fuera el titular de ese tribunal u otro de sus integrantes. En lugar de preparar el clima para una sesión que le permita por lo menos lograr la sanción parcial de la iniciativa, la señal de Cristina de Kirchner ha sido la de postergar cualquier debate.

Primero, mandó la señal informal de que esa iniciativa no es prioritaria. Un disparo a Olivos, porque el proyecto lo firma Alberto y lo redactó Vilma Ibarra.

Segundo, tiró una granada racimo sobre la oposición. Cortaron los contratos de un lote de asesores del bloque UCR, sin siquiera consultar con sus autoridades, en este caso la máxima figura del partido en la cámara, Alfredo Cornejo. Ocurrió a la mala: lo había adelantado este diario (“Entretelas de la política”, Clarín del 30 de enero) pero las víctimas se enteraron cuando fueron a cobrar.

En política – guste más o guste menos – eso no se hace. Es una declaración de guerra para evitar cualquier entendimiento para un tratamiento pacífico del proyecto. Si fuera por este impulso, el gobierno está buscando desmontar el mecanismo para tener una ley de reforma antes del 15 de abril, plazo que dio a Corte para que se reequilibre el Consejo.

Otra bomba contra Larreta; puede rebotar

La pausa en el Congreso enciende luces sobre otros concilios. El más notorio es el llamado de Nación – Alexis Guerrera, ministro de Transportes – a conversar con funcionarios de Larreta sobre el traspaso de servicios de colectivos a la CABA.

Se trata de derivar la responsabilidad sobre las tarifas del servicio, hoy en manos de la Nación. Es un efecto del principal proyecto del peronismo desde que asumió en 2019: pulverizar las rentas del único distrito que gobierna el PRO en la persona de uno de sus candidatos a presidente.

Ya le quitaron fondos para la policía y para otros destinos. La hipótesis es que si le sacan plata a Larreta lo van a destruir. Una nueva apuesta a idea de que billetera mata a galán, que, si golpean el monedero del candidato y de la coalición opositora, van a perjudicar su performance electoral.

Es una hipótesis muy simpática para – diría Alberto – el mainstream de la política. Pero difícil de demostrar en los hechos. En 2020 la Nación le dio un cañonazo a las rentas de la ciudad, pero rebotó. Larreta ganó las elecciones legislativas por un amplio margen.

Una de dos: o Larreta tiene tanta plata que se la pueden recortar y después le crece; o no es cierto que quitándole dinero lo van a perjudicar. Mientras no se demuestre lo contrario, las razones del voto no están ligadas de manera causal con la plata. Por lo menos en el electorado de una ciudad como la CABA.

Los gobernadores peronistas han apoyado la quita de fondos a la ciudad antes y ahora. Ellos no reciben el subsidio al Transporte que reciben la CABA o Buenos Aires – como tampoco las ayudas para subsidiar la energía.

Esta mirada compromete a los gobernadores de Cambiemos, que tienen boletos de $ 40 y $ 50, y les cuesta defenderlo a Larreta. Por ese motivo en la reunión de la mesa nacional del jueves el tema casi no se tocó. Que cada palo aguante su vela, como dicen en la marinería.

La Nación tiene acá la oportunidad de hacerle una sonrisa al FMI – con el que se comprometió a bajar subsidios. Pero también para echarle la responsabilidad a la oposición. Cree que el electorado porteño dejará de votarlo a Larreta porque le suben el boleto. Una ingenuidad, después de que el gobierno nacional pegó hace más de 15 años grandes carteles en las ventanillas de los colectivos que circulan por la ciudad con leyendas en las que se atribuye el subsidio. Larreta podrá aprovechar esos espacios para decirles a los usuarios que el subsidio se los quita también la Nación.

Los hay de teflón y los hay de velcro

En el proyecto de presupuesto 2022, las partidas para el subsidio al transporte se duplicaban. Como la oposición – más la torpeza del oficialismo – dejó al país sin presupuesto, la Nación la apunta como responsable. Ingenuidades del marketing.

En 2021, el subsidio al boleto en la CABA era de $ 16.000 millones, que sufragaron Nación ($ 9.000 millones) y la ciudad ($ 7.000 millones). Con la inflación el monto llegaría este año a los $24.000 millones ($13.000 millones para la Nación, $11.000 millones la ciudad).

Los gobernadores miran a Kicillof con el mismo recelo que a Larreta: en 2021 la provincia de Buenos Aires recibió un subsidio para ese rubro de $ 80.000 millones, de los cuales la provincia no puso un peso. Todo lo bancó la Nación con cargo a la democracia ateniense (los célebres ATN, de que dispone el jefe de gabinete como quiere).

Pese a ese regalo, Kicillof perdió las elecciones y se las hizo perder al resto del peronismo. En política hay políticos de velcro y político de teflón. Larreta, por ahora, es de teflón, no se le pega ningún problema. Sus adversarios son de velcro, se les pegan todos, tengan o no plata. Esos son los verdaderos misterios de la política, que tiene tanto de magia como de ciencia: ¿cómo es que el peronismo pierde elecciones arrojando billetes desde un helicóptero entre las PASO y las generales, y Larreta – con el presupuesto recortado – les gana?

Tras las derrotas, Máximo a examen en la Provincia

Aunque es imperceptible ante los embates sobre el gobierno de movimientos tectónicos – la pelea por el liderazgo en la cúpula – y los ventarrones – la crisis económica, la peste que no se termina – esta semana se dispara un mecanismo que tiene consecuencia directa en su futuro electoral de 2023.

El jueves próximo vence el cierre de listas para las elecciones internas en el PJ de Buenos Aires para elegir autoridades, consejeros y congresales provinciales en los 135 partidos de la provincia. Esas elecciones se harán el 27 de marzo y serán un test para la tumultuosa conducción de Maxi Kirchner.

El hijo de la vicepresidente viene de perder las elecciones del 22 de noviembre y de resignar la presidencia del bloque. Un sector de su tribu intentó postergar estas elecciones que serán un examen de liderazgo, pero no lo acompañaron los dirigentes locales. Tampoco quienes lo desalentaron de hacer una campaña caminando la provincia para vender el producto “Cámpora”. Mejor hacer la elección ahora, más tarde puede ser peor.

La crisis de la marca “Cámpora”

Para evitar la gravedad del test, el cristinismo bajó la orden de que sus militantes vayan en cada partido de la provincia con marcas diferenciadas. No habrá una marca partidaria que identifique al sector en todos los distritos – por ejemplo, La Cámpora. Es la manera de pulverizar el branding y evitar que sus opositores hagan músculo trabajando juntos en una marca que se repita en toda la provincia.

El cristinismo tiene identidad en el partido, pero el no cristinismo está fragmentado. Sólo el intendente de Esteban Echeverría, Fernando Gray, le presentó batalla para impedir que Maxi adelantase su asunción como presidente del PJ. En estas horas recorre los distritos no gobernados por el peronismo, que cree están más abiertos a enfilarse contra el cristinismo que les hizo perder en sus parroquias.

El sector de Maxi teme una fuerte confrontación en Mar del Plata por parte de la actual conducción del PJ de Juan Manuel Rapacioli, contra la titular del ANSeS Fernanda Raverta, que viene de ser derrotada en 2019 en las elecciones municipales y en las legislativas del 2021. Como es un distrito gobernado por Cambiemos, se minimiza el efecto en el panorama general.

Más delicado para el oficialismo partidario en un distrito como La Matanza. Allí manda Fernando Espinoza, a quien le dará pelea el secretario local de la UOM Hugo Melo, que marca diferencias con la conducción nacional del gremio de Antonio Caló.

El interés de estas internas es que ocurren en el nivel más bajo de la representación política de un distrito en que el peronismo viene de perder, y en donde radica el poder del cristinismo. Es en ese nivel donde se arruinan o se recomponen las relaciones políticas. Es política de moneda chica, pero allí arranca la verdadera representación política. Por eso hay que ponerle un ojo al trámite.

Dónde golpea más la caída del salario

Los analistas de los motivos del voto – un misterio como todos los rubros del marketing - suelen insistir en el efecto que tiene en esas decisiones el valor de compra de los salarios frente a la inflación.

Marcos Peña solía acompañar sus explicaciones con una tablita que mostraba cómo el gobierno mejoraba en prestigio cuando aumentaba el valor del salario real. La misma explicación ha dado en varios turnos el peronismo. Esa hipótesis sostiene que hay un efecto de la situación económica sobre la suerte política.

No hay prueba lineal, porque la coalición Cambiemos ha ganado votos - aun perdiendo elecciones - en la categoría presidencial, pese a la pérdida de valor de los salarios. Hay un voto blindado ante la situación económica, que mantiene el 40% de apoyo al no peronismo de Cambiemos.

Para quienes arman carpetas interpretativas para 2023, les sirve el resultado del informe de esta semana de Nadin Argañaraz, economista del IARAF: en los últimos 4 años los trabajadores del sector privado formal perdieron el equivalente al promedio de 5,9 salarios, los del sector público 7,5 salarios y los trabajadores informales 10,6 salarios.

Los analistas del voto pasado discuten, pasados tres meses de las legislativas de noviembre 2021, a dónde fueron aparar los votos que perdieron las dos coaliciones, más 5 de millones el peronismo, y un millón Cambiemos. La pérdida de sufragios en el conurbano, santuario del peronismo, pueden explicarse en esa caída del poder adquisitivo.

Ese factor puede sumarse a la desmovilización que expresan los porcentajes de abstención y voto en blanco, que en el peronismo es consecuencia de las divisiones internas, que trizan el liderazgo local en elecciones municipales y provinciales.

En la categoría de diputados nacionales, el efecto de la lista única impuesta por la conducción cristinista obliteró la competencia y, mirado con los números finales, perjudicó al oficialismo.

El llamado actual a la municipalización extrema de la competencia en las elecciones internas de marzo en el PJ de Buenos Aires es la primera reacción para remediar los efectos de la lista única, e impedir que le surja al oficialismo una liga que unifique a sus adversarios a nivel provincial.

El peronismo del AMBA teme que el peronismo federal, que gobierna la mayoría de las provincias, haga elecciones locales en fechas distintas a las de las elecciones nacionales. Si además le surge una ola de adversarios fuertes en el rearmado del PJ en los municipios de Buenos Aires, estará ante un nuevo enemigo.

Ignacio Zuleta

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