Domingo, 27 Febrero 2022 06:27

La mano invisible de la oposición - Por Ignacio Zuleta

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La suerte del entendimiento con el FMI capta gran parte de la atención local, en un mundo en guerra, y es la medida de la fuerza, o de la pequeñez, del Gobierno. 

La suerte del entendimiento con el FMI es la medida de la fuerza, o de la pequeñez, del Gobierno. Estallado el oficialismo del Congreso, se quiebra el programa del Ejecutivo de montar una agenda ligada al Fondo, y ha quedado a la deriva en las horas previas a la apertura de un año legislativo, que tendrá este asunto como dominante. No tiene asegurados los votos propios para su tratamiento y aprobación y confía más en la mano invisible de la oposición. Termina siendo víctima de su propia estrategia de convertir al acuerdo con el FMI en el desafío más grande de la Argentina y de su gestión. El objetivo claro es incriminar al gobierno de Cambiemos entre 2015-2019 de todos los problemas. Buscó que se convirtiera en tema de campaña, pero el público lo ignoró. La derrota del 14 de noviembre del peronismo en las elecciones legislativas probó que era una consigna inocua para arrastrar votos. Y en el Congreso muestra su incapacidad de sostener los votos para tratarlo. Ha pasado a depender de la oposición, a la que reclama ayuda para alguna martingala que le permita transitar el camino sin tropiezos. La oposición, que entiende que la debilidad del oficialismo es la contracara de su fuerza, le marca caminos más espinosos. Ahora avanza en el reclamo de que el proyecto incluya solo un pedido de aprobación del acuerdo, que valide un convenio de financiamiento, pero que no contenga el plan con detalles, como ha anunciado que hará Martín Guzmán. 

Insólito: el Gobierno filtra versiones

En las horas previas a que se conozca la letra del proyecto, el propio Gobierno validó una versión que hizo circular entre políticos, economistas y la prensa, que consagra una novedad extravagante como método de gestión: oficializar una “versión” de manera de hacer un recuento de adhesiones y rechazos. La incapacidad del Ejecutivo de defender su propio programa le hizo ensayar este método, como manera de socializar los costos de un eventual fracaso legislativo. El texto del escrito provocó reacciones del oficialismo y la oposición. Se titula “Argentina. Memorando de política económica y financiera. Borrador preliminar, 12 de febrero 2022”, y el archivo se identifica como “IMF Draft. Filtrado a Medios.pdf”. Desde el ministerio de Economía se reconoció de manera oficiosa su veracidad. Se lo atribuyó al sector del oficialismo que está contra el acuerdo, o sea el que lidera la familia Kirchner en el Congreso. En la oposición lo dieron por verosímil algunos economistas como Luciano Laspina. Les sirvió para formular una furibunda crítica a su aprobación, le negaron posibilidades de solucionar la crisis económica y condenaron las consecuencias que tendría en la gestión del próximo gobierno. Alzaron la consigna de rechazar a mano alzada la aprobación del proyecto. “Que junten los votos como hicieron con Bienes Personales, pero nosotros no podemos ser dadores de gobernabilidad a un gobierno que no defiende su propio proyecto y que pretende jugar a oficialismo y oposición”, dijo Laspina.

Jugada estratégica de Carrió

El Gobierno queda librado a la mano invisible de la oposición, que puede equilibrar las posiciones como la mano invisible del mercado, de Adam Smith, que regula las conductas. Esta vez es la mano de Elisa Carrió. Rompió el silencio después de meses validando un proyecto de la Coalición Cívica, que pide se autorice al Gobierno a dictar un DNU que derogue la obligación legal de tratar el acuerdo en el Congreso, y otro DNU para aprobar el financiamiento. “No podemos negar el financiamiento –me dice. Es una cuestión de responsabilidad. ¿Qué yo pago costos políticos con este proyecto? Siempre pago costos políticos, pero es necesario ser serios y no ser oportunistas”. Carrió entiende que, por el corrimiento del voto en Diputados hacia la abstención, dado el rechazo anunciado del sub-bloque cristinista, esos votos pueden superar a los positivos. Con este panorama, la ley se cae (por el número de abstenciones) o lo que se vote puede terminar judicializado, con lo cual el acuerdo se caería. Devolver la atribución al Ejecutivo es simplificar el trámite. El proyecto fue presentado por sorpresa por Juan Manuel López, jefe de la bancada de Carrió, sin discusión previa con los bloques que integran JxC. Esa formación sigue siendo conducida por los jefes de bloque de la UCR, el PRO y la Coalición, que sesionan de manera informal, casi secreta, como cuando el interbloque estaba a cargo de Mario Negri. Como ese bastón está en crisis por la pelea tribal de los radicales, siguen reconociéndole su función y sesionan sin avisarle a nadie.

Escapando del abrazo del oso

En la reunión del miércoles por la mañana, López explicó a sus pares –Cristian Ritondo y los diputados que secundan a los caciques (Silvia Lospennato, Miguel Bazze, Álvaro González)- que presentarían el proyecto para escapar del abrazo del oso. Esta figura expresa el temor de la oposición de que el acuerdo no salga, y el cristinismo haga campaña acusándolos a albertistas y opositores del fracaso. A esa hora, López y Maxi Ferraro –presidente del partido– habían comunicado el texto a Gerardo Morales y a Patricia Bullrich. Carrió, desde algún lugar, se comunicó también con periodistas para adelantar y explicar las razones del proyecto, que refina su posición anterior de asegurar la aprobación del acuerdo a mano alzada. Ahora modera esa posición, con un gesto de colaboración con la situación, pero liberando a la oposición del abrazo del oso.

Corcoveos en el Pro

Se mosqueó Bullrich ante la noticia. Era lo que yo proponía, derogar la ley que pedía que el Congreso aprobara el acuerdo, y la mesa nacional de Cambiemos lo rechazó. No es lo mismo, le responden los lilistas. La ley la mandó el Gobierno: que ahora la derogue por DNU y se lo bancamos. Y que por otro DNU recupere las atribuciones. Hubo corcoveos la tarde de ese miércoles en la reunión del bloque PRO. Laspina reivindicó que el proyecto se acerca a lo que él había sostenido desde diciembre, cuando se trató el presupuesto fracasado para 2022 en la visita de Guzmán a Diputados. El Congreso –sostuvo en aquel momento- se limita a autorizar o rechazar operaciones de crédito. No está para aprobar planes de gobierno, sólo aprueba leyes. Del lado de la CC le hicieron un sombrerazo: hemos trabajado también sobre lo que dijeron Laspina y Ricardo López Murphy.

Carrió tensa frente a Macri y Patricia

En Jujuy –adonde viajaron Ferraro, Larreta, Diego Santilli a mostrarse con Gerardo Morales, el presidente de la Coalición aprovechó para ampliar los argumentos ante Morales y Larreta. "No jugamos a la marchanta", dijo Ferraro. Les relató la historia de la iniciativa como manera de evitar las consecuencias de que se generalizase el abstencionismo en el oficialismo y la oposición. En el Senado, la abstención no cuenta para el quórum. Quien se abstiene resta el número y figura como ausente. La mesa jujeña admitió que es posible que JxC avance en posiciones diferentes. Ferraro explicó que el proyecto de Carrió tiene como propósito aportar una alternativa a esa situación, porque el proyecto puede funcionar como el dictamen de minoría. Aunque guardan silencio sobre sus socios, la posición de Carrió es para amortiguar la de Macri y Patricia Bullrich, que están más cerca de rechazar el acuerdo sin más. Como ocurre en el oficialismo cristinismo, el tema FMI les sirve a los "halcones" del PRO para hacer músculo en los forcejeos internos. Morales y Larreta insistieron en la agenda de la Mesa Nacional de facilitar la sanción del acuerdo en los términos ya conocidos, es decir sin autorizar la creación o aumento de impuestos.

La información que tiene la oposición es que sin aprobación legislativa el acuerdo no subirá al board del FMI y eso precipitará un default directa. El daño de ese default es incalculable hoy en un mundo en guerra, situación que puede licuar la importancia de la Argentina en la agenda del organismo. Larreta, en esa charla jujeña, forzó los argumentos para no romper la unidad. La mesa nacional de JxC se reunirá con los jefes de bloque este martes, después de la asamblea de inauguración del año legislativo. Insistirán en la necesidad de que no hay default, pero tampoco nuevos impuestos. Estará presente Macri, que lleva una semana en Buenos Aires en silencio, salvo su conciliábulo en su casa con dirigentes que lo visitan, como Miguel Pichetto, que registró una aparición el lunes por ahí.

La pelota del lado de Guzmán

El proyecto pasó a examen de los asesores de Guzmán en Economía. Depende de ellos la suerte del acuerdo en el Congreso. Si insisten en mandar el anexo con el plan, le van a votar a favor el financiamiento y en contra el plan, con el argumento de que es un programa de gobierno y el Ejecutivo tiene atribuciones para hacer lo que quiere. Si quiere que salga, basta con no enviar el anexo que le rechazarán. Si insiste, es que el gobierno: 1) no puede ordenar su voto, un cataclismo político, el peor desde 2019; 2) no quiere el acuerdo y todo ha sido una simulación para perjudicar a la oposición, que ya les ganó las elecciones y tiene las mejores encuestas para 2023. Por arriba de la ley que pidió Guzmán en 2020 para forzar el paso por el Congreso del acuerdo, está la Constitución, que en sus arts. 4 y 75 incisos 4 y 7 lo faculta a autorizar la toma de empréstitos sin especificar si es con ley anterior autorizante o posterior aprobatoria, con lo cual la Constitución manda por sobre la ley. Para oficialismo y oposición, esta intervención de la mano invisible es oportuna: si fracasa el dictamen del peronismo para aprobarlo en Diputados, el proyecto Carrió puede ser presentado como dictamen de minoría y tiene la oportunidad de ser aprobado. Compromete a la oposición en que haya acuerdo, pero no queda pegada a su destino final. La idea de Carrió busca evitar que el abrazo del oso sobrevenga mediante acuerdos como “la gran Jaroslavsky”, el método de la transición de 1989 cuando el radicalismo sacaba diputados del recinto para que el naciente Menem pudiera aprobar sus leyes, siendo minoría en la cámara.

Vientos de guerra en el mundo, a favor

Los vientos de guerra pueden soplar a favor del Gobierno. La amenaza de una gran guerra en el mundo empequeñece la dimensión de las tramas criollas. El gesto razonable de condenar la ocupación de Ucrania puede redundar en una mirada a favor de la posición argentina en el FMI, donde roncan fuerte EE.UU. y las potencias europeas que se consideran agredidas. Vale la reflexión de Kissinger en su libro liminar "Un mundo restaurado", su tesis doctoral de 1954 sobre el Congreso de Viena, que cifró la paz europea durante un siglo, hasta la Primera Guerra Mundial. La paz sólo se puede sostener, afirma, si existe "legitimidad" de los protagonistas en torno a un sistema. Un orden legítimo no elimina los conflictos, pero los ordena. La legitimidad es lo que puede sostener la paz. ¿Hay hoy un orden legítimo aceptado por los protagonistas del estallido ucraniano? El mundo post Obama es una sucesión de deslegitimaciones: Trump deslegitima a Biden, como los demócratas creyeron que Trump había sido presidente por una trama rusa. Bajo Trump Estados Unidos y Rusia pierden los lazos de entendimiento que, sobre la base del reconocimiento mutuo de legitimidad, aseguraron la paz durante la Guerra Fría. Terminó la Guerra Fría y las potencias han perdido los fusibles de la paz.

Los vientos de guerra pueden soplar a favor del Gobierno

​En 1974 el Secretario de Defensa James Schlesinger ordenó a los militares ignorar órdenes directas de Richard Nixon, que pataleaba en el impeachment, sin antes consultar con el general George Brown, jefe del Estado Mayor Conjunto. Evitaba el botón rojo de un presidente desesperado. En 1987, el almirante William J. Crowe, jefe del Estado Mayor de Ronald Reagan mantenía un canal de comunicación directo, sin conocimiento de su presidente, con el mariscal Sergei Akhromeyev, su par de la URSS. Lo cuenta con detalle Bob Woodward en su último libro, Peligro -escrito con Robert Costa- como antecedente del llamado que le hizo en octubre de 2020 el general Mark Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto de Trump, y ahora de Biden, a sus pares de Rusia Valery Gerasimov, y al general chino Li Zuocheng. Era para asegurarles que Estados Unidos no iba iniciar conflictos en esos países, algo que había pasado por la cabeza de Trump para malvinizar los últimos días de su presidencia. "Defenderé el país si es necesario -le dijo. Pero la guerra, el instrumento militar, debe ser el último recurso, no el primer recurso”.

Churchill o Chamberlain: una oportunidad para reordenar prioridades

A un Gobierno que juguetea con el cascabel de la política internacional, estos conflictos le sirven para reordenar la agenda de prioridades. La amenaza de un conflicto global entre el Occidente europeo - Europa, EE.UU.- y la Rusia de Putin despierta viejos demonios. La tesis de Kissinger era sobre el Congreso de Viena, una manera de sepultar a la Europa conmovida por la saga de Napoleón, el experimento del cual la novela Frankenstein de Mary Shelley, es una alegoría -el subtítulo de esta ficción era “El Moderno Prometeo”, se publicó en 1818. Viena sesionó entre 1814 y 1815, año de Waterloo. Todo tiene que ver con todo. “Un mundo restaurado” es también una alegoría para entender las relaciones entre Occidente y el régimen comunista. La traducción del libro al castellano agregó un subtitulo que lo explicita: “La política del conservadurismo en una época revolucionaria” (Fondo de Cultura Económica, 1973). Más allá de las manipulaciones informativas en toda guerra, en el mundo de por acá aparece de nuevo en el dilema de Europa ante Hitler: ¿Es Putin un autoritario expansivo con quien se puede negociar para convivir con él, como pensaba Neville Chamberlain, que pactó con Hitler en 1938? ¿O es un dictador al que hay que enfrentarlo y sacarlo del juego, como pensaba Winston Churchill? Es una opción sobre la cual la historia –un saber siempre provisorio- tiene ya dictamen. Llamar "Chamberlain" a alguien en política es tratarlo de blando, ingenuo y perdedor. La historia le va dando la razón a Churchill.

Ignacio Zuleta

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