Lunes, 28 Febrero 2022 08:03

La condena a Rusia y los intereses de la Argentina - Por Ignacio Miri

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El Gobierno insiste en seguir dejando puertas abiertas en la relación con Moscú a pesar de la invasión a Ucrania. 

El kirchnerismo suele descalificar las posiciones universalistas, sobre todo cuando se trata de opinar sobre las decisiones de sus adversarios, y repite que la política se organiza y se define como una contraposición de intereses. Es una de sus definiciones posibles, pero, como suele ocurrir con las definiciones rápidas, se queda corta muchas veces. Un buen ejemplo de sus falencias acaba de quedar expuesto con la invasión a Rusia y, sobre todo, con los zigzagueos del Gobierno frente a Vladimir Putin. 

No se cumplió un mes todavía del viaje del Presidente de la Nación a Moscú y de la ofrenda de elogios que le dejó a su anfitrión. A principios de febrero, Putin ya había formulado todo su discurso amenazante sobre Ucrania y ya había desplegado decenas de miles de soldados, tanques y lanzamisiles en la zona del Mar Negro. En aquel momento, Estados Unidos y otros países ya habían advertido que el plan de Putin era atacar a Ucrania. A pesar de eso, el Presidente insistió en hacer su viaje, motivado, según dijeron a su lado, por la promesa rusa de invertir en la Argentina y de fortalecer las reservas del Banco Central. Fernández fue a Moscú, decían en su equipo, para defender el interés de la Argentina.

Por supuesto, Fernández volvió de Moscú con menos de lo que llevó: no trajo ningún anuncio concreto y las promesas que lo habían atraído fueron desmentidas por la realidad. ¿Cómo pudo pensar alguien en el Gobierno que un hombre que estaba preparándose para invadir un país vecino tenía tiempo de promover las inversiones al otro lado del mundo?

La invasión rusa a Ucrania agravó ese cuadro y obligó al Gobierno a condenar la violencia y a pedir el cese del fuego. Aún así, a pesar de que cualquiera pudo ver a los tanques rusos rodando por las rutas ucranianas y a la artillería de Putin atacando ciudades ucranianas, el comunicado oficial eligió no mencionar la invasión.

Este domingo, la vicepresidenta se vio en la necesidad de dar alguna clase de geopolítica y, cuando no, de hablar de su propio gobierno. Tampoco condenó la invasión y, en lugar de hablar de Rusia, habló en términos generales del poder de veto que tienen las potencias militares en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Con una posición tan melindrosa, es difícil entender qué quiso hacer Cristina Kirchner con su hilo de tuits. Para ponerlo en sus propios términos: ¿Cuáles son sus intereses? ¿Quiere la vicepresidenta denunciar la invasión rusa o quiere recordar su posición frente al referéndum en Crimea? ¿Quiere condenar el ataque ruso o quiere denunciar el poder de todas las potencias en el Consejo de Seguridad?

Con la invasión, al Gobierno le había aparecido muy claramente la oportunidad para revertir su largo coqueteo con Putin y declarar que en la violación de la integridad territorial -no la que surge de apoyar la secesión de Crimea sino la que configura entrar con tanques a otro país- es un límite que la Argentina nunca va a aceptar. La Argentina podría haber dicho que, si bien comparte intereses con Rusia, el respeto al derecho internacional y a los derechos humanos y la condena al expansionismo bélico está por encima de todo y por eso una invasión no se puede tolerar. Podría haber adoptado una posición universalista, incluso considerando que de ese modo defiende el interés nacional, porque a la Argentina no le conviene seguir vinculada a un hombre que eligió enfrentar al mundo y convertirse en un paria. Pero no lo hizo. Será en otra oportunidad.

Ignacio Miri

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