Domingo, 13 Marzo 2022 07:04

El acuerdo del FMI en el Congreso, un Waterloo en cámara lenta - Por Ignacio Zuleta

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Idas y vueltas de la votación, las roscas, las alianzas imprevistas y el pedido de “gestualidad” que hizo el Fondo.

Fue un Waterloo en cámara lenta para el peronismo: implica una derrota en la batalla cultural ante la oposición, que le impuso el proyecto con todas sus condiciones técnicas y políticas. Para el oficialismo es más grave que la derrota electoral del 14-N, de la cual es consecuencia. También vaticina un gobierno más débil y dividido y una oposición fortalecida y más unida. Un buen juego para armar el 2023. 

Los números finales justifican conclusiones de autopsia:

  • 1) La oposición puso más votos que el oficialismo en la aprobación del acuerdo con el FMI. El peronismo aportó 75 positivos y el cristinismo sumó una cuarentena de rechazos entre el negativo y las abstenciones. Justifica la ironía de que con la oposición no alcanza y sin la oposición no se puede. O los chuscos de Juan Manuel López de que algún cristinista debería denunciar a Alberto por encubrimiento de Macri. “No quiero dar ideas”, hizo reír el jefe de la bancada de Carrió en la noche triste de los diputados;
  • 2) permite algo que ni un político ni un partido debe admitir jamás cuando está en el tobogán negativo, que le saquen una radiografía y le cuenten las costillas. La imagen es desoladora para cualquier pronóstico. Hacer política es construir mayorías. El peronismo gobernante hace lo contrario, construye minorías;
  • 3) el resultado aísla al cristinismo en el área del AMBA. La mitad de los votos que acompañaron al furtivo Máximo son de la provincia de Buenos Aires. Destino duhaldista, de nuevo el peronismo del distrito alambrado: nadie entra, pero nadie puede salir. Frente a ese encierro, el mismo que cifró otros destinos nacionales del peronismo de esa comarca – Cafiero, Duhalde, Solá, Scioli, Cristina – se fortalece el peronismo federal, que sale en la imagen con más votos que el peronismo del AMBA. Hablando en plata- o sea en votos – es lo único que importa. Un escenario para discutir en el viaje a Chile de Alberto con Sergio Uñac, uno de los coroneles del peronismo federal.

El FMI solo pedía gestualidad al Congreso

En la trifecta presidencial actuaron en este orden de rencor hacia Macri: Cristina y Alberto, a la cabeza del ranking del negacionismo. Ni la banda presidencial ni el saludo. Massa se queda atrás; tiene una elasticidad afectiva envidiable para hacer política. En Italia lo llamarían, como a algún crítico literario de antaño, intestini di bronzo, puede digerir todo sin inmutarse. Ha sido, además, socio político de Morales en Jujuy, que es a su vez el socio político de Macri. Se puso en la delantera para el acuerdo, cuando verificó que el FMI no ponía como condición para firmar que existiese un apoyo expreso del Congreso al plan de los Memoranda que estaban en el proyecto original.

Usó el último testimonio del organismo: la reunión con economistas argentinos que mantuvo Ilan Goldfajn, jefe del Departamento del Hemisferio Occidental del Fondo. Entre otros había baquianos cercanos al oficialismo, como Martín Rapetti y Emmanuel Álvarez Agis. Además, estaban Marina Dal Poggetto y Carlos Melconian, que conectó, pero sin cámara. Uno de los asistentes le preguntó al brasileño si era una condición que el Congreso apoyase literalmente el plan Guzmán. No, fue la respuesta. Nos interesa la gestualidad, nada más. En pocos minutos ese mensaje llegaba al chat de Massa, que lo retransmitió a Olivos. Siamo fuori, pudo escucharse.

Cada protagonista factura lo suyo

Hay que anotar en el nuevo mapa político a Gerardo Morales y a Sergio Massa. Avanzaron varias casillas en sus respectivas tribus. También confirmar la seniority de Mario Negri y de Elisa Carrió. Y también la elasticidad de Macri y Larreta para preservar la columna vertebral de la coalición opositora, la unidad por encima de todo. El símbolo de esta rendición de Breda es más melancólico que el cuadro de Velázquez: la sede final del acuerdo por el proyecto FMI fue el despacho de Negri. En la tarde del jueves, Sergio Massa parlamentó con Alberto Fernández desde ese territorio enemigo en el 2° piso de la cámara, el despacho que fue de César Jaroslavsky. Other rooms, other voices. Es una trama para un relato a lo Rashomon – cada protagonista reclama su narrativa porque le significa algo distinto a cada uno de ellos. Como en el filme de Kurosawa, cualquiera de las versiones es posible, sin tener que ser por ello necesariamente falsa.

Una pausa en el lawfare anti-Macri

Morales impuso la fórmula de la unidad, que debía desde que asumió el Comité Nacional, a costa de una división del bloque legislativo. En esos concilios, estuvieron en lo de Negri hasta sus contradictores internos, Rodrigo de Loredo y Alejandro Cacace, del radicalismo de Lousteau. El jujeño dejó a un lado los reproches que recibió del PRO de que quería firmar el acuerdo con el FMI según la letra original de Guzmán. Se reunió a solas con Macri, a quien vio con una mirada limitada del acuerdo. Rechazaba el respaldo al acuerdo por su desconfianza hacia el gobierno. Simuló dureza hasta que en las últimas 48 horas entendió que la aprobación no sólo disipaba el default. También disolvía los reproches judiciales hacia su propio gobierno. Se siente víctima del lawfare del peronismo y no cede una baldosa en su defensa.

Massa, el último eslabón con fuerza

Massa demostró que es el eslabón más fuerte de la cadena de mando. Sacó lo que buscaba: el voto mayoritario de oposición y oficialismo para una letra en la que forzó a Alberto y al cristinismo a ceder en casi todo. Solo conservó para el gobierno la iniciativa de haber agigantado el tema FMI, cuando no resuelve nada. Si el Fondo incluso le regalase la deuda a la Argentina no resolvería ningún problema. Pero le sirve al gobierno para sus limaduras internas. No para que Cristina salvase los cristales de su despacho del Senado, que quizás soñó serían respetados por los antisistema a quienes ha querido halagar con su retirada de la cúpula. Massa, por ahora, gana control en esa cúpula, pero prepara hostilidades futuras. El peronismo no perdona. Alberto se limitó por ahora a ordenarles a sus letrados, Vilma Ibarra y Juan Manuel Olmos, que accediesen a todas las concesiones de Sergio a la oposición.

De nuevo, una movida estratégica de Carrió

Con tanto humo es difícil ver dónde se quebró el oficialismo. Fue víctima del alarde de unidad de Cambiemos. Jugaron a que se partiese, con el tomatazo al parabrisas de Alberto contra Macri en el discurso del 1° de marzo que provocó la levantada de las bancas del PRO. Terminaron divididos ellos. Desde ese gesto hasta esta capitulación hay dos semanas de política en las que la oposición logró todos sus objetivos y el oficialismo apenas sacó una ley en la que pocos creen. No porque el acuerdo sea malo o incumplible, sino porque se diseñó para un mundo que ya no existe. La guerra cambió las prioridades, los valores y los intereses, como lo había hecho la peste en 2020.

La cuenta simple que aporta la consultora Equilibra, de Diego Bossio, lo sintetiza bien: la suba de precios de commodities agrícolas por efecto de la guerra en Ucrania puede aumentar en US$ 2.000 millones adicionales por exportaciones. Pero el aumento del gas- motivo final de esa guerra - equivale a ese monto. Las importaciones de GNL podrían llegar a superar los US$ 6.000 millones frente a los US$ 1.100 millones del año pasado.

Con más razón la oposición debía despegarse de la economía y hacer lo que le sale mejor, que es la política. La iniciativa expresó el talento estratégico de Elisa Carrió, que olfateó que esto iba para el arreglo y que podía proponer la matriz para que avanzase. Es un triunfo político descomunal si se considera la relación tensa que tiene con sus socios de Cambiemos, la distancia que tiene de la vida legislativa y la mala onda del gobierno hacia cualquier propuesta que venga de ella. También es una prueba de liderazgo sobre los propios. Sus diputados exhibieron una unidad en la Coalición que envidiarían los jefes del PRO, la UCR y hasta el Peronismo Republicano, que tiene más internas que nadie.

Laspina, enviado especial

Una mesa que habilitó Morales en el Hotel Emperador, de la Avenida del Libertador, pulió la versión final para asegurar la unidad dentro del partido. Estaban los senadores del bloque UCR -salvo Alfredo Cornejo, de misión por EE.UU.- y el letrado mayor del partido, Ernesto Sanz. Ese texto volvió a la mesa de Negri en la mañana del miércoles, adonde sesionaron los jefes de bloque de Cambiemos junto a algunos diputados del ala económica, como Luciano Laspina, el cordobés Víctor Romero (exministro de Mestre, el Viejo, en Corrientes) y Lisandro Nieri (exministro de Cornejo en Mendoza). También negociadores políticos, como Silvia Lospennato y Álvaro González. A la distancia opinaba Gustavo Menna, exdiputado y asesor del bloque en materia jurídica: “si se trata de una refinanciación, el Poder Ejecutivo cuenta con una autorización genérica en el art. 65 de la Ley de Administración Financiera”. De esa amansadora salió Laspina como enviado especial a la oficina de Massa para el fine tuning del proyecto y el ultimátum que redondeó Negri: ¿Quieren una ley con 200 votos, o con 90? Ya saben lo que tienen que hacer. Fue en representación de esa mesaza, que se resistió a ir al despacho de Sergio sin antes tener la aprobación final de Olivos. Massa justificó el llamado en que registraba ruidos en la línea con Olivos y con Miguel Pesce en asuntos de letra chica.

La última rosca

A Laspina lo esperaban, para una última rosca sobre la letra más chica de la última versión, Massa, el jefe del bloque Germán Martínez, Paula Penacca - lunga manu de Maxi, que se fue, pero aún los guía, aunque menos, y a menos. En el texto se citaba el art 75°, Inciso 7, de la Constitución, que faculta al Congreso a "Arreglar el pago de la deuda interior y exterior de la Nación". Laspina pidió que se incluyese otro, el inciso 4° que faculta al Congreso a "Contraer empréstitos sobre el crédito de la Nación". Olivos lo rechazó con el argumento de que se trataba de una refinanciación de la deuda de Macri. Respuesta: 1) toda refinanciación genera una nueva deuda; 2) además ustedes están tomando US$ 5.000 millones más. Piden el acuerdo "para la cancelación del Acuerdo Stand By celebrado oportunamente en 2018 y para apoyo presupuestario, etc.". Para esto último son los US$ 5.000 M. Entonces, pongan el Inciso 4°. Laspina explicó que refinanciar es una "novación" (Artículo 1208 del Código Civil, me aporta el constitucionalista Julio Raffo, exdiputado de varias renovaciones).

Pesce defendió la autonomía del Central

Apareció en pleno diálogo - por zoom - Miguel Pesce, uno de los normales de gobierno, quien reclamó contra otra cláusula del proyecto que describía los objetivos del refinanciamiento: 1) pagar la deuda pendiente del stand by de 2018, y 2) financiar el déficit fiscal primario y fortalecer las reservas del BCRA. Pesce se quejó de que lo forzarían a comprar reservas, algo que podía violar la autonomía del Central y debilitar su autoridad en tiempos difíciles. Quedó solo "apoyo presupuestario". Pesce conoce las relaciones de Massa con Martín Redrado, que estuvo antes en el Central, y fue a Tribunales a declarar contra él, Kicillof, Cristina y los anteriores directores en la causa del "dólar futuro". Laspina cerró tablas: no va el Inc. 4° y voló la frase sobre "el fortalecimiento de las reservas internacionales" como el destino de los fondos, todo en defensa de Pesce que firma, junto a Guzmán, la Carta de Intención con el FMI.

Estudiantinas de antaño

En las entrelíneas de este concilio hay que anotar las buenas relaciones de Massa con Morales, que empujaron el carro en beneficio de la oposición que tiene cada cual en sus coaliciones. El jueves, el jujeño saludaba en Diputados: “Vengo a saludar a mi amigo Negri y a mi amigo Massa”. También sirvieron algunas amistades de antaño. Laspina tiene el mejor trato con Germán Martínez, heredero de Maxi en el bloque. Son de Rosario y compartieron la militancia en la JP cuando eran estudiantes. Sirvió la evocación de aquellas estudiantinas para que Massa saliese con el acuerdo en la mano hacia la oficina de Negri, en donde se lacró el compromiso sin cambiar nada más. Igual la reunión duró una hora y media para acordar las vocerías. Ritondo pidió silencio de una hora para informar al bloque PRO. Ocurrió en un zoom en donde Macri avaló la firma del acuerdo con un giro de opinión que arrastró a todo el bloque, incluyendo al bullrichismo que "halconeaba” en lugar de "balconear" como proponía Morales. Massa aprovechó para filtrar el texto del acuerdo por el canal que más le responde, la señal Diputados TV. Una de las animadoras de esa rutina, que se emite desde el anexo de la cámara, tuiteó la noticia de la fumata y la "arrobó" a todos los bloques con el texto final. Hablaba el "boletín oficial" de Massa. Eran las 7:41 p.m.

Desaires entre Morales y el PRO

De ahí se precipitaron las vocerías paralelas, como las de Carrió, Macri y Morales celebrando las nupcias. También algunas jugarretas y deslealtades que se hunden en la noche oscura de la chismografía. Carrió reclamó, con justicia, la maternidad. Macri sinceró su cambio de opinión, sobre la que actuaron mucho Larreta, cancerbero de la unidad de la oposición y Laspina. Verlo negociar los últimos hilvanes aseguró al expresidente que estaba resguardado en cuerpo y alma. Alma son las ideas, cuerpo es lo que se arriesga haciendo política. Por ejemplo, el calabozo. Morales replicó esas albricias, pero con alguna maldad: destacó la tarea de la UCR, la Coalición y el Peronismo Republicano. ¿Y el PRO?, le preguntaron. "¿Qué quieren que haga si ellos salieron a criticarme con que yo quería firmar el proyecto del gobierno sin revisarlo?" Nadie recogió el guante. El jueves por la mañana se reunió en la Casa de Jujuy con los caciques del PRO. Larreta y Patricia Bullrich para cerrar la candidatura de Jimena de la Torre al Consejo de la Magistratura, nadie se lo reprochó.

Ignacio Zuleta

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