Viernes, 18 Marzo 2022 08:57

Un triunfo frente a Cristina Kirchner difícil de celebrar - Por Ignacio Miri

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La votación en el Congreso de la ley del FMI es una excelente noticia para el Presidente, pero no le servirá para sacar ventaja en su pelea con la vice.

Va a ser difícil para Alberto Fernández exhibir como un triunfo político sobre Cristina Kirchner la autorización del Congreso para tomar el crédito del Fondo Monetario Internacional. Hay varias razones que se lo impiden. 

En principio, luego de varios meses de encadenar discursos contra el Fondo por el crédito que se le otorgó a Mauricio Macri, será imposible que la ciudadanía le preste atención si celebra la concesión de un préstamo casi análogo, pero esta vez a su nombre.

Además, la debilidad que arrastra el Presidente desde hace más de un año, que se agravó con la derrota electoral de finales de 2021, le impide arriesgarse agrandando las diferencias con La Cámpora y otros sectores del Frente de Todos que no lo reconocen como su jefe político.

Por último, el hecho de que la ley sea aprobada con los votos de Juntos por el Cambio, y sobre todo que -en contraste con la división del oficialismo- esa coalición haya logrado unificar una posición de manera casi monolítica a pesar de las diferencias que aparecían en el origen del debate, pone a Fernández en un lugar relegado frente a sus competidores para 2023.

En las planillas de las votaciones quedará registrado que la vicepresidenta sólo pudo conseguir que parte de los diputados y senadores que se identifican como kirchneristas voten en contra de las necesidades del Presidente. En el Gobierno celebran que ese resultado evidencia un quiebre dentro del kirchnerismo y no una escisión del kirchnerismo en su conjunto del Frente de Todos, pero Fernández es un presidente que juega más cómodo cuando las definiciones le llegan dadas.

Hasta ahora, a pesar de que el puñado de ministros y secretarios que más conversa con él le reclaman una emancipación notoria de la vicepresidenta, Fernández insiste con su estrategia de tratar de mantener a los funcionarios kirchneristas en sus cargos y pedirles muestras de fidelidad antes que obligarlos a renunciar.

Algo de eso ocurrió este jueves con Darío Martínez, el secretario de Energía que había difundido una carta en la que criticaba duramente al ministro de Economía, Martín Guzmán. Según aseguran en el Gobierno, cuando Fernández vio la carta publicada en los medios le mandó un mensaje al secretario. Le pidió dos cosas: que rectificara lo que había escrito en la carta y que definiera si pretendía seguir en el Gobierno o irse a su casa. Martínez, un kirchnerista que se diferenció en algún momento de los dos duros del área energética, Federico Bernal y Federico Basualdo, prefirió quedarse en su silla.

El entorno más cercano al Presidente lleva varios meses tratando de agudizar la fractura dentro del kirchnerismo incorporando a funcionarios de ese espacio al círculo de confianza que alguna vez integraron Máximo Kirchner y Eduardo de Pedro. Entre los nuevos ingresos a la mesa chica de Fernández están Jorge Ferraresi y Agustín Rossi, dos kirchneristas probados que creen que hay que ayudar al hombre que está sentado en el sillón de Rivadavia.

Por lo que se sabe hasta ahora, esos terremotos afectaron sólo a la superestructura del Frente de Todos. Habrá que esperar hasta el año próximo para verificar si son sólo partidos en el ajedrez de los reyes o si reflejan un cambio en la base de votantes del oficialismo.

Ignacio Miri

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