Viernes, 25 Marzo 2022 07:25

En el oficialismo todas las cuentas son restas - Por Ignacio Miri

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La Cámpora pidió una mesa de diálogo para consensuar decisiones, pero en la Casa Rosada dicen que nadie los llamó. 

El sector del kirchnerismo que decidió romper con Alberto Fernández consiguió mostrarle al Presidente su capacidad de movilización callejera. Es una fortaleza que no refleja poder electoral -las marchas no se transforman en votos- pero sí le sirve a Cristina Kirchner para decirle a quien quiera oír que, a pesar de que perdió terreno en el Congreso, todavía conserva la posibilidad de hacer visible el descontento con las decisiones que toma su gobierno. 

Máximo Kirchner y Andrés Larroque, dos de los dirigentes de La Cámpora que marcharon hacia la Plaza de Mayo, se encargaron de dejar claro con qué objetivo político organizaron el acto. Kirchner advirtió que el Gobierno debe considerar un programa económico que deje “a la gente adentro” y Larroque recordó que Fernández había trabajado con un candidato que sacó el 4 por ciento de los votos. Son palabras pronunciadas luego de horas de reflexiones con ánimo opositor.

Cerca del Presidente insisten en que la ruptura con Cristina no será formalizada y que no habrá pedidos de renuncias a los cristinistas que ocupan cargos relevantes en el Poder Ejecutivo. “No vamos a sacar a nadie, si se sienten incómodos, que se vayan ellos”, explicó un ministro a Clarín esta semana.

La idea que tiene Fernández es seguir diferenciándose de la vicepresidenta con decisiones y gestos y, a la vez, seguir hablando de unidad y alabar en público a su compañera de fórmula. Habrá que esperar entonces más pedidos de “aplausos para Cristina” combinados con fotos del Presidente con personajes prohibidos para el diccionario del kirchnerismo. Hace tiempo que Cristina se queja de esa dualidad del Presidente: la tensión entre los dos dirigentes más importantes del Frente de Todos hace que en el oficialismo todas las cuentas sean restas.

El sector de La Cámpora que preferiría no abandonar los despachos públicos viene reclamando desde hace algunos días la creación de una “mesa política” del Frente de Todos. Según ese plan, la Casa Rosada debería abrir sus planes a la discusión con sus socios.

No es lo que tiene en la cabeza Fernández. El Presidente, según explica uno de sus ministros más cercanos, quiere estrenar la lapicera de firmar decisiones. “Va a usar la gestión para mostrar las diferencias. Hay que incomodarlos. Quiere definir él y que luego se suban a esas decisiones quienes se quieran subir”, adelanta ese funcionario, en una frase que mezcla predicción y deseo.

El albertismo admite también que la crisis política volvió ineludible la necesidad de reconstruir el circuito del poder y la toma de decisiones. “No podemos gobernar más para Cristina”, explicó un funcionario.

No es la primera vez que el entorno de Fernández manifiesta su vocación independentista, pero ahora cuentan con la ayuda del kirchnerismo duro, que ya dio el paso hacia la ruptura oponiéndose a que el Presidente consiga el préstamo del FMI.

¿La Cámpora pidió una mesa de negociación al Gobierno? “Hasta ahora vi solo lo que publicaron los medios. A nosotros no nos llamó nadie”, le dijo a Clarín uno de los funcionarios más cercanos al Presidente, y que a la vez mantiene desde siempre canales de diálogo abiertos con el campamento cristinista.

La breve historia del Frente de Todos indica que este bloqueo en las posiciones puede mantenerse durante meses, incluso hasta cuando toque empezar a discutir las candidaturas para el año que viene.

Ignacio Miri

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