Lunes, 11 Abril 2022 08:32

La doble jugada de Juan Schiaretti, Daniel Scioli 2023 y la vuelta de Felipe Solá al Instituto Patria - Por Ignacio Zuleta

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El cordobés se junta con sus colegas gobernadores. El embajador en Brasil, anotado para la presidencial.

Schiaretti pone condiciones: no me trafiquen con Cristina 

La realidad política se agota en lo fenoménico. Las cosas son lo que parecen y no existe ese mundo oculto y secreto que muchos presumen que explica lo que se ve en la superficie. A un año del cierre de compromisos para las primarias nacionales del 2023 -después del verano, dígase- los jefes del peronismo vuelven a sus technicals.

Juan Schiaretti, el gobernador más poderoso del peronismo agotó en una semana toda la locuacidad de la que es capaz para confirmarse como el jefe del anti cristinismo. Lo hizo en dos encuentros en menos de 72 horas. El más importante fue la charla que tuvo el martes con Jorge Capitanich en su oficina de la gobernación de Córdoba. El chaqueño ya ha lanzado una precandidatura nacional a presidente y ha inspirado el encuentro en el CFI de más de una decena de mandatarios, para arrinconar al Gobierno en reclamo de:

  • 1) La pacificación interna.
  • 2) Un programa serio que termine con la inflación.

Sin algo para superar esa pandemia, con división y economía alocada, los gobernadores se ven fuera del poder nacional el año que viene. En esa charla Schiaretti ratificó su interés en liderar una diferenciación frente al peronismo del AMBA:

- Capitanich: ¿Estás para jugar con una liga de gobernadores?

- Schiaretti: Por supuesto, siempre y cuando no me trafiquen con los que están gobernando ahora.

- Capitanich: ¿Cuál es tu esquema?

- Schiaretti: Sostener la posición del peronismo de Córdoba, que como sabés siempre ha sido difícil, como la del Chaco, que conocés mejor.

- Capitanich: ¿Cómo pensás lograrlo?

- Schiaretti: Me mantengo lejos del Frente de Todos, tanto como de Juntos por el Cambio.

Nada nuevo bajo el sol

Con el mismo mandato, Schiaretti fue el miércoles al quincho de San Isidro en la casa de Juan Manuel Urtubey, que ha revuelto las aguas del oficialismo y la oposición. Se mostró junto a Gerardo Morales, jefe del radicalismo, que junto a él son los únicos que se jugaron la propia en el encuentro.

En realidad, esa peña en San Isidro no es nueva: suelen reunirse allí los integrantes del bloque que une a Urtubey, Graciela Camaño y Florencio Randazzo. Nunca habían ido personajes de la talla de Schiaretti o Morales, aunque no sorprendió.

El jujeño les había avisado dos semanas antes a sus referentes en los bloques del Congreso, que lo estaban invitando y que iba a aceptar. Por eso se sintió libre de no dar explicaciones a sus socios radicales. Por ejemplo, el viernes participó en Salta en una reunión del Norte Grande y no le dijo una sola palabra de ese asado a sus correligionarios, como al correntino Gustavo Valdés, que venía de verse con Elisa Carrió.

La liga de gobernadores se agranda

En la reunión del Norte Grande comenzó a montarse otro explosivo, el encuentro de este grupo de gobernadores con los del Área Centro, entre quienes manda Schiaretti. También hubo una ausencia no querida, la de Alberto Fernández, que les había pedido postergar el encuentro para acomodarlo a su agenda. No cedieron, y apareció en su lugar Juan Manzur, para acompañar a quien se cree apoyará como su sucesor, el vice de Tucumán Osvaldo Jaldo.

Es el germen de un nuevo conflicto en esa provincia, porque hasta ahora el favorito del jefe de Gabinete era el senador Pablo Yedlin. Para marcar preferencias, Manzur dedicó parte del encuentro a presentar el acuerdo que logró la Argentina con Brasil para que haya gas en invierno, echando mano de cuotas que tenía comprometido Bolivia con aquel país. Se lo mencionó a Daniel Scioli como gerente del acuerdo, que cerraba en aquellas horas Martín Guzmán en una reunión de tres horas con Paulo Guedes, ministro de Bolsonaro.

Manzur subrayó los nombres: Scioli ya gira en bolilleros de candidatos. Y la situación en Brasil acerca las chances de Bolsonaro a la intención de voto de Lula, que hasta ahora parecía el seguro ganador en las presidenciales de octubre próximo. No sea que se desbarate el sueño tercerista de un golpe de péndulo y que cambie la geografía electoral de la región -hasta ahora condenada a Lula, López Obrador y el club de amigos-.

Acertijo: busquen a Sergio

En esa parrilla del grupo San Isidro, Schiaretti halagó con una expresividad inusual la agenda anti-gobierno de los contertulios. Un detalle. Le preguntaron sobre la leyenda de que quiere ser intendente de Córdoba para sostener la elección provincial de su partido. “-Ni en pedo”, respondió. Como se trataba de una cita con cuerpo de asado, pero con alma de conspiración, muchos se preguntan sobre qué rol podría tener junto a ellos Sergio Massa.

El estadista de Tigre fue socio de Morales en las elecciones a la gobernación de 2015 través del vice Carlos Haquim -renovaron votos en 2019-. Graciela Camaño, allí presente, participó en nombre de Massa en aquella campaña de 2015 por su relación personal con Haquim. Sergio también fue parte de la mesa de Córdoba, que unió hasta 2019 a Schiaretti, Urtubey, Miguel Pichetto y Roberto Lavagna.

Como es un dirigente auto combustible -detona espontáneamente cada tanto, como la nitroglicerina líquida-, su migración hacia el Instituto Patria le quitó a aquella mesa su pata bonaerense, y la terminó de derrumbar. Es difícil que alguno del grupo de San Isidro quiera tenerlo cerca otra vez. Prefieren entretenerse viendo cómo pide chalecos y botes salvavidas para salvarse del Titanic.

Se entiende el turbio, como dicen en el Norte: Sergio tiene más amigos en ese grupo opositor que en su gobierno. Pero algo parecido se puede afirmar de Horacio Rodríguez Larreta. Se prueba que la política tiene más de necesidad que de voluntad y que el factor personal es algo insignificante frente a lo sistémico.

Son jefes, pero juegan la personal

Después del asado, Schiaretti explicó a los propios, cuando le preguntaron qué había significado su presencia en San Isidro, que su único propósito es cuidar el cordobesismo blindando el muro que lo separa del Frente de Todos. De paso -habrá reído- les armo un lío en Córdoba a mis adversarios de Juntos por el Cambio, que tienen que estar explicando que hacía Morales allí. Los radicales no tienen dudas del jujeño, que se hizo acompañar por Ángel Rozas como testigo notarial del encuentro -o sea para que escuchase, certificase y contase con lealtad-.

Más desconcertados quedaron los socios del PRO, a quienes les cabe la misma duda sobre por qué hace Mauricio Macri lo que hace. No está lejos del método de Morales: es líder de su partido, pero se permite jugadas personales. Es lo que hizo el jujeño en San Isidro, y es lo que hizo Macri al sacarse una selfie con Donald Trump. Morales en ese asado es un "Morales puro", como Macri con Trump es un "Macri puro" (son palabras de Morales).

Polvaredas: los que vienen y los que se van

Morales está en una polvareda propia de una fuerza optimista, que se cree ganadora y que muestra forcejeos entre la variedad de caciques y candidatos que tiene. Cristina de Kirchner tiene su propia polvareda, que se parece más a la que produce quien se va. O quien se prepara para bien morir. Tuvo que desfigurar el proyecto oficial de reforma del Consejo de la Magistratura para clavar una aprobación con el número límite: 37 votos. Ni uno más.

No convenció a nadie de la oposición, que puede blindar número en el Senado en las próximas horas, si se constituye un Bloque Federal que discipline el voto de un cuarteto que suma poder en esa Cámara empatada. Los imaginan a Juan Carlos Romero, Lucila Crexell (que se apunta para disputar la gobernación de Neuquén por JxC), Ignacio Torres (debutante por Chubut) y Beatriz Ávila.

Esta senadora por Tucumán es la esposa de Germán Alfaro, intendente de la capital de Tucumán, que el jueves presentó el libro de diálogos de Miguel Pichetto. El acto fue un virtual lanzamiento de su candidatura a gobernador como parte del armado federal del Peronismo Republicano de Pichetto.

Cristina se aferra al peronismo: mimos a Solá y Ginés

Ahora Cristina arriesga en Diputados lo que le queda de gravitación como minoría en el peronismo. En estado de emergencia, se aferra a las columnas de Hércules que la llevaron a donde está: el peronismo bonaerense, que en 2005 se dividió para hacerla senadora después de convertir a su marido en presidente en 2003. Ese peronismo, espera, puede hacerla senadora en 2023, pero no es el que exhibe Axel Kicillof, sino el que se referencia en líderes históricos como Eduardo Duhalde y Antonio Cafiero.

El significado, en ese distrito, de nombres como los de Felipe Solá o Ginés González García puede equilibrar las inconsistencias electorales del actual gobernador, para sostener una candidatura a senadora victoriosa en 2023, después de perder 3 millones de votos en 2021. Para eso se permitió dos movimientos claritos, por lo menos para los "compañeros". Uno es la invitación que le hizo "P" a Felipe Solá para dar una conferencia en el Patria.

"P" es como llaman los amigos a Oscar Parrilli, quizá por el apellido, nunca se sabrá; a Penélope Cruz la llaman también "P", y es por el nombre, así como Florencia Peña usa el "avatar" @Flor_de_P, seguro que por el apellido. La charla de Felipe importa como signo, aunque él nunca dejó de estar cerca del Patria.

Fue víctima de Alberto, que nunca lo ha llamado desde que lo sacó de la Cancillería sin motivo manifiesto, más que de las inquinas de palacio. Pero importa más por los antecedentes: dos reuniones, de dos horas cada una, con Máximo y con Cristina.

Con Máximo se había visto poco, después del voto negativo al acuerdo con el FMI, y fue para que el vicepresidencial vástago le agradeciese a Felipe su tarea en el trámite de una trama oscura de falsos recaudadores, en el distrito más grande de Buenos Aires, que usarían su nombre en vano. No daré detalles porque es un caso sub judice -con detenidos, etc.-.

Algún oficiante del periodismo patrullero podrá dar detalles si investiga en serio. No es la especialidad de este cronista de mera política, el arte de conseguir, mantener y perder (o no) el poder.

Sobreentendidos

Con Cristina hubo debate sobre crisis energética y crisis económica en los términos que se le conocen a ella. ¿Hubo intentos de captura de Felipe para el proyecto? No hacía falta porque ¿para qué volver si nunca se fue? Estaba sobreentendido, como estaba sobreentendido que la salida de Solá de la Cancillería fue cosa de Olivos y no de ella. Y menos para exaltarlo al nuevo Canciller, que no figura en la lista de amigos de la familia.

El año que viene hay elecciones de senador en Buenos Aires y los candidatos no sobran, salvo Cristina. En 2019 Felipe se quedó fuera de las listas de candidatos, porque uno de la mesa chica dijo: "Este nos cagó en 2009 con De Narváez". Sonrisas cuando recuerdan eso, porque tanto Massa como Alberto habían hecho leyenda con sus acusaciones de corrupción y delitos peores para hacer músculo, hasta que les extendieron, por oportunidad, indulgencia plenaria.

En Cristina todo es marketing. Hace leyenda de sus silencios, pero cuando la necesidad manda, habla, habla y habla. Como en la propaganda de la primera película hablada de la Garbo – “Garbo talks” ("Anna Christie", 1930) – diríase ahora “Cristina habla”.

Una de Topos Devotos

El otro ídolo a quien se acercó Cristina fue Ginés González García. Para despegar de su salida del gabinete, le envió al topo más devoto de su entorno, que viene a equivaler al devoto más topo de todos, para ponerse a disposición del exministro, para lo que guste mandar. Y también para le llegue el sobreentendido de que su renuncia también fue cosa de Olivos. No como en 2007, cuando lo desplazaron del gabinete de Duhalde y de Néstor, por impulso de Alberto, jefe de gabinete - la presidenta era ella. Ya prescribió, como bien sabe Graciela Ocaña, que lo reemplazó. Cae otro producto del marketing, el de la Cristina implacable e inhumana. Con este gesto diríase de ella “Los ricos también aman” (Telenovela). Felipe y Ginés se encontraron hace pocos días en los funerales de Graciela Giannettasio en Florencio Varela. Reflexionaron sobre la vida, el éxito de los regímenes que han afinado la silueta de Ginés. Y sobre fatalidades. Graciela murió en 5 de abril, el mismo día, hace 30 años, que otro vicegobernador de Buenos Aires, como ella. Era Luis Macaya, con quien debutaron en la gestión Felipe y Ginés cuando eran chicos. Ahora son las columnas de Hércules que Cristina cree que la pueden salvar.

Ignacio Zuleta

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